Sostenibilidad

El tráfico de fauna silvestre detrás de los monos que se vuelven virales en redes

Sin políticas públicas consolidadas, las redes sociales continúan operando, en la práctica, como un territorio de impunidad. Mientras el delito esté disfrazado de humor, el tráfico continúa teniendo espectadores.

Antes de ser retratado por una cámara y compartido en redes como un meme o sticker, un mono ve morir a su madre. La luz del sol que se filtraba entre las ramas y el cuerpo inerte en el suelo quedan atrás, y él termina metido en una bolsa.

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Ya dentro de una vivienda, es captado vistiendo disfraces, a veces bajo cobijas y en otras ocasiones con un dulce en su mano, que intenta comer tal cual lo haría con la fruta que otrora solía encontrar en su hábitat. Se vuelve el protagonista de vídeos que evocan los espectáculos circenses de la Europa del siglo XIX, en los que chimpancés maquillados como payasos, aterrados, montaban pequeños monociclos.

Luego, las imágenes se publican en redes sociales y decenas, o incluso miles de personas, replican con frases jocosas y emojis de caras sonrientes. La cámara se apaga y lo que ocurre con aquel pequeño animal, que permanece retenido lejos del bosque y sus pares, es incierto.

Solo en el 2025, en Ecuador, el Ministerio de Ambiente y Energía retuvo retuvo más de 7.000 especímenes de fauna silvestre —en general— por tráfico. Aunque esta práctica, igual que la tenencia, está sancionada por el Estado con penas de uno a tres años de prisión, cada día se viraliza contenido que disfraza este crimen como algo normal.

La primatóloga del Parque Histórico de Guayaquil, Grecia Robles, apunta que la difusión, en muchos casos, obedece a que los ciudadanos confunden lo que en verdad implica el bienestar animal, pero advierte que, de todas formas, el fenómeno normaliza una práctica ilegal.

“Piensan que traer al animal a su casa, vestirlo, ponerle pañal y darle alimentos para humanos es tratarlo bien. Esta es una línea que hay que dibujar bien porque no necesariamente lo que es bienestar para un ser humano es bienestar para un animal. El bienestar de un primate es estar principalmente con otros primates”, comenta la experta, que encabeza el equipo veterinario de dicho centro de conservación.

Robles advierte que el mascotismo expuesto en este tipo de publicaciones suele marcar de forma definitiva el destino de los monos, alejándolos de su especie y cerrándoles las puertas a una posible reintegración, especialmente cuando son separados de su entorno natural desde temprana edad.

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Además, solamente la malnutrición crónica que desarrollan en la mayoría de casos desemboca en numerosos padecimientos de salud y una muerte prematura.

“Hay deformidades en los huesos, un crecimiento inadecuado, animales que desarrollan problemas hormonales graves (...) Son mucho más propensos a enfermedades porque no tienen un sistema inmune completamente desarrollado”, relata.
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“El maltrato animal va mucho más allá de un golpe”

Para la psicóloga especializada en bienestar animal, Xiomar Salas, el problema radica en llevar el antropomorfismo al extremo: atribuir actitudes o conductas humanas a los animales. Esto impulsa a muchas personas a someter a los monos a condiciones inadecuadas.

Si bien esta atribución de cualidades ha dado paso a miles de estudios beneficiosos sobre la sintiencia, advierte que se cruza un límite cuando se saca al animal de su hábitat, se lo viste y hasta se le obliga a usar objetos como cubiertos. “El maltrato animal va mucho más allá de un golpe”, resalta la experta.

“Lastimosamente, eso no lo toman en cuenta las plataformas, entonces siguen viralizando este tipo de contenidos, los jóvenes lo siguen consumiendo y lo siguen replicando”, señala Salas, agregando, en sintonía con Robles, que la exposición diaria a través de reels, stickers y posts normaliza la violencia.

Precisamente, explica la psicóloga, la búsqueda de notoriedad en redes sociales en una sociedad cada vez más dependiente de estas para comunicarse lleva a que dichas imágenes sean compartidas bajo contextos humorísticos, en el que los monos representan al humano en situaciones cotidianas, como desayunando, duchándose, interactuando con el celular, o incluso fumando.

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Salas señala que el contenido orientado al entretenimiento es el que se propaga con mayor rapidez, ya que millones de usuarios en Ecuador acceden a estas plataformas principalmente con ese propósito: consumir material ligero que los distraiga.

Vacíos en el control digital

La abogada especializada en derechos de la naturaleza, Verónica Aillón, explica que la tenencia de animales silvestres está expresamente prohibida en la legislación ecuatoriana. Así lo establecen tanto el Código Orgánico del Ambiente como el Código Orgánico Integral Penal (COIP), que sanciona con penas de uno a tres años de prisión a quienes capturen, mantengan, transporten o comercialicen fauna silvestre.

“No se trata solo de primates. Ningún animal silvestre puede ser apropiado por un particular. Todos tienen derecho a vivir libres en su hábitat”, subraya la jurista, aclarando que arrancar a un animal de su entorno natural constituye, en sí mismo, una vulneración grave, no solo por el sufrimiento individual que supone, sino porque interrumpe su función dentro del ecosistema.

“Desde una perspectiva jurídica y ambiental, el daño no es solo emocional o físico, es también ecológico”, apunta.

Sobre el uso de estos animales en redes sociales, Aillón reconoce que aún existen vacíos legales específicos en torno a la difusión digital, ya que no hay un artículo que regule de forma directa la utilización de animales silvestres en contenidos virales.

Sin embargo, advierte que el delito principal sigue siendo la tenencia ilegal, y que la exhibición pública puede encajar, en ciertos casos, dentro de figuras como la apología del delito, al mostrar y normalizar conductas prohibidas.

¿Cómo puede darse un cambio?

Para atacar la problemática, Aillón considera clave la aprobación en Ecuador de la Ley Orgánica de Animal (LOA), actualmente estancada en la Asamblea. De entrar en vigencia, permitiría que la mayoría de delitos contra los animales dejen de ser de acción privada y pasen a ser investigados directamente por la Fiscalía, lo cual “cambiaría radicalmente el panorama”, considera.

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En adición, Salas considera que una posible solución radica en estrategias de educación enfocadas principalmente en los niños y adolescentes, coincidiendo con Robles en que el núcleo del problema parte de que las personas no perciben el maltrato que se desarrolla a través de este tipo de prácticas.

“Si yo no soy consciente de que algo está mal, necesito algo que me genere consciencia para poder saber eso, o que lo que estoy consumiendo está mal, y la única manera de generar esa perspectiva es mediante la educación”, dice Salas.

Con la Ley Orgánica Animal (LOA) aún pendiente en el Legislativo y sin políticas públicas consolidadas de educación en bienestar animal, las redes sociales continúan operando, en la práctica, como un territorio de impunidad. Y mientras el delito siga disfrazado de humor, el tráfico continuará teniendo espectadores.

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