Sin políticas públicas consolidadas, las redes sociales continúan operando, en la práctica, como un territorio de impunidad. Mientras el delito esté disfrazado de humor, el tráfico continúa teniendo espectadores.
A la amenaza por la crisis climática, la deforestación y la caza ilegal, la fauna silvestre en la Amazonía ecuatoriana enfrenta otra amenaza: las especies son codiciadas por los grupos de crimen organizado.
Con apenas 37 individuos silvestres registrados en el país en 2024, el guacamayo verde mayor es considerado como una especie en peligro crítico de extinción.
Un severo recorte en el plumaje de su ala —una práctica común en casos de tráfico— ha dejado a una aratinga enfrentando un arduo proceso de recuperación, con la esperanza de, tal vez, recuperar su libertad. Pero no es la única.
El pangolín es víctima de caza furtiva a gran escala por sus escamas, codiciadas en la medicina tradicional, y su carne, considerada como un manjar en algunas regiones.
Las invasiones biológicas suponen una amenaza mundial para la biodiversidad, los servicios ecosistémicos y las economías, y han contribuido al 60% de las extinciones mundiales registradas.