Dentro de menos de un año, el Zoológico de Quito recibió a tres crías de oso andino rescatadas en distintas zonas del país, halladas en condiciones de abandono y maltrato, llegaron con edades que oscilaban entre uno y cuatro meses y con cuadros de salud delicados.
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Los rescates se produjeron entre agosto de 2024 y septiembre de 2025 en las provincias de Cotopaxi, Imbabura y Pichincha. Tras las valoraciones realizadas por especialistas y por la autoridad ambiental, se concluyó que ninguna de las tres podría regresar a su hábitat, ya que la separación temprana de sus madres les impidió adquirir las destrezas necesarias para sobrevivir en estado silvestre.
Actualmente, los esfuerzos en torno a la supervivencia de las oseznas andinas, cuya especie se considera como amenazada, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, están centrados en su proceso de integración social, considerado clave para su desarrollo físico y conductual.
En un espacio temporal diseñado para estimular comportamientos propios de la especie, dos de las crías —Sisa y Chuquiragua— ya interactúan directamente, mientras que Puya, la más pequeña, mantiene contacto visual y olfativo como parte de una adaptación.
Sisa fue la primera en arribar al centro de rescate. Su caso generó especial preocupación: había sido encontrada atada dentro de una vivienda en Angamarca, en Cotopaxi, con evidencias de maltrato y con apenas unas semanas de vida.
Antes de su traslado definitivo fue estabilizada en una clínica de Latacunga. Meses después llegó Chuquiragua, rescatada en Ambuquí cuando tenía alrededor de seis semanas de nacida y que requirió cuidados intensivos en su etapa inicial.
El tercer caso fue el de Puya, localizada en Ascázubi mientras deambulaba sin su madre, acosada por perros y retenida en una casa. Su estado de salud obligó a realizar ajustes específicos en su manejo.
El objetivo a mediano plazo es que las tres compartan un hábitat definitivo de más de 3.000 metros cuadrados que se construye en Guayllabamba.
La infraestructura, que presenta un avance cercano al 90%, ha sido financiada con el aporte de ciudadanos y empresas a través de la campaña “Un Hábitat para Sisa” y se prevé que esté lista en abril.
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Según explicó el director de Bienestar Animal del zoológico, David Mora, la consolidación de un grupo estable permite que las crías desarrollen relaciones predecibles y seguras, lo que sienta las bases para su salud integral y permite que los tratamientos veterinarios se lleven a cabo con eficiencia.
Además de su labor de cuidado, el Zoológico de Quito participa en investigaciones y en acciones de manejo de individuos en conflicto, como procesos de translocación, marcaje y monitoreo satelital, que buscan aportar a la conservación de la especie en el país.