Vade retro, CO2 | Vistazo

Vade retro, CO2

Ambiente

Vade retro, CO2

María Belén Arroyo / [email protected] Miércoles, 10 de Febrero de 2016 - 06:31

El mundo acordó caminar progresivamente en la ruta de la eliminación de combustibles fósiles, responsables de las emisiones de CO2. ¿Va Ecuador en la dirección correcta? Aquí unas pistas.

Supongamos que, súbitamente, la humanidad desapareciera hoy de la faz de la Tierra. Harían falta 100 mil años para que los niveles de CO2 en el planeta alcancen los niveles previos al aparecimiento de la especie humana. (“El mundo sin nosotros”, Alan Weisman).

Satanizado por los científicos y los ecologistas, el CO2 (dióxido de carbono) es uno de los principales causantes del calentamiento global. El temido cambio climático, según la OMS, provoca 150 mil muertes en el planeta al año, por enfermedades relacionadas con malnutrición, paludismo, cuadros estomacales y estrés calórico. Hoy, 325 millones de personas ya sufren sus secuelas. (“Cambio Climático, lo que está en juego”, Manuel Rodríguez, Henry Mance y otros autores, Colombia, 2015).

El CO2 es uno de los principales gases de efecto invernadero. Absorbe la radiación que el Sol refleja en la Tierra y la envía en distintas direcciones, aumentando la temperatura. Los océanos captan un tercio de las emisiones de CO2, que acidifica los mares.

El uso de los combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas) es uno de los principales causantes de las emisiones de CO2. El consenso mundial, y este es uno de los compromisos de la Cumbre, apunta a la necesidad del abandono progresivo de estas fuentes de energía, y la adopción de energías limpias como la solar, eólica, geotérmica.

La propuesta la planteó ya la periodista Naomi Klein, quien destinó cinco años para documentar el libro “Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima” (Paidós, abril de 2015). En 572 páginas argumenta que “La del cambio climático es una batalla entre el capitalismo y el planeta (…) La batalla se está librando ya, y el capitalismo la está ganando con holgura”. (pág. 38).

Su conclusión es que se requiere un cambio radical, un pacto mundial para reemplazar las fuentes de energía. Cita al autor Chris Hayes, “El movimiento por la justicia climática reivindica que se obligue a renunciar a una fuen te de ingresos y de patrimonio de billones de dólares a un conjunto de sectores políticos y económicos interesados en mantenerla”.

No hay, dice Hayes, precedente histórico similar, salvo la abolición de la esclavitud. Suena a coincidencia: en 1860 la mano de obra esclavizada representaba, en valores actuales, un activo de 10 billones de dólares, cifra parecida a las reservas de carbono que deberían quedar bajo tierra para mantener el calentamiento bajo dos grados (pág. 560).

¿Cambiar el esquema extractivo de combustibles fósiles, los tradicionales como petróleo, carbón y gas, y los de moda como el método de fracking para sacar gas por fracturación hidráulica?

Klein no encuentra otra solución. Y conste que su investigación en varios países incluyó el estudio de Ecuador, cuyo gobierno de corte progresista alaba (pág. 227), pero no deja de cuestionar el que, a pesar de sus avances sociales, no fue capaz de aportar un modelo económico distinto al actual, basado “En la extracción de recursos finitos” con costos ambientales y humanos (pág. 228) aunque vendió al mundo el discurso del Buen Vivir.


Histórico. El planeta lleva prácticamente un cuarto de siglo debatiendo cómo
enfrentar el cambio climático. El encuentro de París significó un avance.

Después de casi un cuarto de siglo de debates mundiales, la última Cumbre de París –de diciembre de 2015– pudiera ser la última oportunidad para tomar correctivos. Carlos Larrea, profesor de la U. Andina Simón Bolívar, asistió a las negociaciones en Francia y tiene una visión esperanzadora sobre los resultados. “Se necesita que el calentamiento no pase de dos grados centígrados; eso por primera vez consta en el acuerdo. Si todos los países cumplen su compromiso bajaríamos a tres grados, pero para reducir aún más se necesita una revisión periódica de cada país”.

Según Larrea, desde 2050 deberían desaparecer las emisiones fósiles del mundo. ¿Va Ecuador en la senda correcta? La inauguración de grandes centrales hidroeléctricas (Coca Codo Sinclair, el primer trimestre de 2016) pudiera ser signifi cativa, pero solamente si va de la mano con otros proyectos limpios. Paradójicamente, este año se extraerá el primer barril de crudo en los campos Tiputini y Tambococha, zona frágil de la Amazonía.

Otro causante de emisiones de CO2 es la deforestación; la región amazónica es vulnerable. Ecuador tiene gran responsabilidad. El discurso de que no es un emisor representativo se matiza al ver las últimas cifras disponibles sobre deforestación: 47 mil hectáreas por año.


Sed de petróleo. El Régimen intentó dejar bajo tierra el
crudo del complejo ITT. En 2013, la Asamblea autorizó
explotar los campos Tiputini y Tambococha.

HABLAN LOS ESPECIALISTAS

CARLOS LARREA, graduado en Filosofía, Ingeniería Civil y con especializaciones en Análisis Cuantitativo y Métodos Estadísticos Multivariados. Acudió a la Cumbre de París.

"En 1997 se alcanzó el Protocolo de Kioto, el primer acuerdo internacionalmente vinculante, para reducir gases de efecto invernadero, pero tuvo problemas. El Congreso de EE.UU. no lo aprobó y China, uno de los principales contaminantes, no estaba obligado.

París es un avance porque cada país está obligado a presentar un plan nacional de reducciones. Esto indica que hay una base firme para que se cumpla el acuerdo.

Ecuador aporta a emisiones de CO2 por sus tasas de deforestación (65 mil has/año). Nuestro plan nacional habla de eliminar la deforestación, sin decir cómo ni cuándo. Al mismo tiempo, las autoridades amplían la frontera petrolera. Esto es una contradicción con la tendencia mundial”.

NATALIA GREEN, vocera de la Coordinadora para la Defensa de la Naturaleza y del Ambiente (Cedenma). Participó en la Cumbre de París.

“La propuesta del Gobierno de crear la Corte de Justicia Ambiental no es nueva. La sociedad civil ya se anticipó. En la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra (Cochabamba, Bolivia–abril de 2010) se adoptó la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra. Con ese marco, en enero de 2014, se instaló en Quito el primer Tribunal Internacional de Derechos de la Naturaleza. El caso Yasuní ha sido presentado ante tres tribunales, como un crimen de etnocidio. La explotación minera en Mirador confirma la vocación extractivista del Régimen. Por falta de independencia judicial, la Corte Provincial de Pichincha negó el recurso de protección que buscaba impedirla”.

ALAN WEISMAN, es periodista desde hace 40 años. Sus trabajos han aparecido en The Atlantic Monthly, The New York Times Magazine, Discover. Escribió el libro “El mundo sin nosotros”, y estuvo en 2015 en Quito, para presentarlo.

El autor investigó –en viajes por 21 países y con decenas de entrevistas– cuál sería el efecto de la desaparición de la especie humana de la Tierra. Encontró que la principal consecuencia sería el cese de emisiones de CO2, principal causante del cambio climático. También acabaría la sobreexplotación de los recursos y la usurpación de terreno a las otras especies. Sin la presencia humana, poco a poco las grandes ciudades se transformarían en una inmensa selva.

El accidente nuclear ocurrido hace 29 años en la planta de Chernobyl, ubicada en la actual República de Ucrania (por esa época formaba parte de la Unión Soviética), considerado uno de los más grandes desastres de la historia, es uno de los ejemplos que sustenta el reverdecimiento planetario. Pese a la alta radiactividad de la zona, en el lugar floreció nueva vegetación.