Los jóvenes sí leen | Vistazo

Los jóvenes sí leen

Ileana Matamoros | [email protected] Martes, 24 de Diciembre de 2019 - 10:54
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Dice el mito que en Ecuador se lee poco. Una de las fuentes más citadas para sostenerlo es la Encuesta Hábitos Lectores que aplicó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) en 2012, la misma que utilizó el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina (CERLAC), y que determinó, por ejemplo, que los ecuatorianos apenas leemos medio libro por año.
 
Desalentador, si se considera que en Chile el indicador es de 5,4 y en Argentina de 4,6. Sin embargo, según datos del Sistema de Rentas Internas (SRI), las ventas al por menor de libros en establecimientos especializados crecen: En 2008 llegó 14,6 millones y en 2018 llegó 27,3, casi el doble.
 
Otro de los grandes mitos alrededor de la lectura es que los jóvenes de hoy en día pasan pegados a las pantallas y los libros no son lo suyo, pero según información que compartieron con Vistazo las cadenas de librerías Mr. Books y Librimundi (con 12 locales en cuatro ciudades, uno de los grupos más importantes del mercado) la literatura infantil y juvenil son las dos categorías más demandadas en sus tiendas, superando a la literatura universal, a los libros de temática empresarial y a los de autoayuda.
 
 
El título de autor nacional más vendido en Mr. Books y Librimundi de 2019 es “Primero es ella” de Gastón Calderón, una historia juvenil sobre el primer amor.
 
Y en los primeros lugares de los más vendidos en ambas tiendas resaltan “Sí, si es contigo” de Calle y Poché, donde dos youtubers colombianas que escriben sobre las vicisitudes y la magia del primer amor, y “Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes” de la italiana  Elena Favilli, la vida de mujeres destacadas en ciencias, deportes, moda, sociedad y arte, como Frida Kalo, Coco Chanel y Marie Curie, en lecturas entretenidas.
 
“Esto refleja una tendencia mundial, e indica que estamos frente a futuros lectores que garantizan el incremento del porcentaje de lectura en el país”, considera Maria Elena Pérez, comunicadora y relacionista pública de estas empresas.
 
“El auge de este tipo de literatura es una buena noticia que esperamos confirmar”, dice Jonathan Cárdenas, director de Información del Sistema Nacional de Cultura, quien explica que para la encuesta de 2012 se consideró a personas desde los 16 años, su cobertura fue únicamente en cinco ciudades (Quito, Guayaquil, Cuenca, Machala y Ambato) en áreas urbanas, y la muestra fue de 3.960 viviendas, lo que seguramente distorsionó los resultados al ser comparados con indicadores de otros países que tienen muestras más amplias.
 
“Nuestro objetivo principal es generar información que permita definir políticas públicas basadas en la realidad y es muy importante contar con una encuesta que lo garantice, que incluya a todas las provincias en áreas urbanas y rurales respecto al hábito, la práctica y el consumo”, sostiene Cárdenas, y señala que esta investigación está próxima a desarrollarse bajo la dirección del Ministerio de Cultura y Patrimonio. Será la primera de esta magnitud en el Ecuador.
 
 
La Encuesta de Hábitos Lectores, Prácticas y Consumos Culturales (EHLPCC) considerará a las personas desde los cinco años, la muestra será de 16.000 hogares y su formulario cuenta con alrededor de 90 preguntas que abordan hábitos lectores, participación en actividades y espacios culturales, consumo de medios de comunicación, música, contenidos audiovisuales, bienes culturales, además temas relacionados con manifestaciones y tradiciones culturales.
 
Su levantamiento se realizará entre marzo y abril de 2020 y se tendrán los primeros resultados entre julio y agosto. “Hoy sabemos, por datos cruzados con el SRI cuánto vendieron las librerías en millones de dólares, pero se escapan los datos correspondientes a otros tipos de venta o de establecimientos distintos a los convencionales.
 
Con el estudio tendremos datos de libros físicos y digitales; e incluso de audiolibros, que son una tendencia mundial. Podremos hablar claramente de los géneros preferidos, su acceso, tiempos, etc. Y esto permitirá que el Ministerio diseñe mejores políticas públicas”.
 
“No creo que sea una sorpresa para nadie que los jóvenes leen mucho”, opina la escritora María Fernanda Ampuero, gerenta del Plan Nacional del Libro y la Lectura. “Es una posición muy adultocéntrica pensar que somos en todo mejores, que se han perdido los valores, los muchachos andan pegados al celular... Es cosa de abuelo gruñón.
 
Si así fuera no existirían las sagas con estos libros tan inmensos como “Harry Potter”, “Los juegos del hambre”, “Crepúsculo”... Hay una demanda de jóvenes esperando estos libros, que se han popularizado en el cine, pero son un fenómeno literario. La cultura digital es, curiosamente, de muchas letras y palabras, los chicos están constantemente escribiendo y descifrando signos”.
 
“Es importante para el Estado y este ministerio saber qué les gusta a los chicos y a partir de eso diseñar una política, unas líneas de acción que impidan que si la juventud e infancia son los que más leen, perdamos a esos grandes lectores en la adultez. Y eso se hace con números, realidades, estadísticas”, dice Ampuero. 
 
“El Ministerio de Educación tendría que repensarse un poco los planes de estudios”, agrega. “Si la juventud y la niñez son los que más leen, y se lee por obligación en los colegios, ¿no sería una excelente oportunidad ofrecerles una literatura ecuatoriana más atractiva, sexy, por decirlo de alguna manera? Una que en lugar de repeler al estudiante, haga que se enamore de la lectura y del arte que se produce en su país. La lectura, si no es grata, no es. Habría que inventarle otro nombre. La literatura es una experiencia que debe ser voluntaria e inolvidable. Hay ciertos libros que están en los pensums académicos de los colegios que no son para esa edad, con los que los alumnos no sienten ningún vínculo”. 
 
“Soy admiradora de la juventud. Son los que compran los libros, y esperan como fans que llegue la siguiente entrega. Están leyendo, y probablemente están leyendo más que los adultos que se quejan de que los jóvenes no leen”, concluye.