Desde una planta instalada en Ambato y con una inversión inicial cercana a los USD 40.000, la empresa ecuatoriana JMZ Biotech ha logrado posicionarse en el competitivo mercado de suplementos nutricionales con una propuesta basada en innovación científica, desarrollo tecnológico propio y un enfoque que busca diferenciarse de las fórmulas tradicionales.
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Su fundador, Martín Jiménez, doctor en biotecnología, asegura que el crecimiento ha sido sostenido y, en varios momentos, incluso exponencial. La compañía pasó de facturar USD 70.000 en 2024 a USD 120.000 en 2025, y proyecta superar los USD 200.000 este año.
El origen de JMZ Biotech está estrechamente vinculado al recorrido académico de su fundador. Jiménez estudió Ingeniería en Biotecnología y posteriormente cursó un máster en Madrid, donde comenzó a explorar la relación entre la biotecnología agroalimentaria y la salud humana. Más adelante, profundizó en esa línea a través de un doctorado.
Pero la inspiración para emprender surgió desde su etapa universitaria, al observar cómo su tutor de tesis lograba industrializar proyectos de investigación. “Siempre tuve la idea de que la tecnología y los estudios que iba haciendo podían aplicarse”, señala.
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Durante su doctorado, estableció un convenio entre la Universidad Politécnica de Cataluña y la Universidad San Francisco de Quito, lo que le permitió desarrollar su investigación en Ecuador. Fue en ese periodo cuando empezó a construir la base de su empresa, en paralelo a la culminación de sus estudios.
El punto de quiebre para JMZ Biotech fue la identificación de una brecha en el mercado de suplementos nutricionales. Según Jiménez, muchas de las fórmulas disponibles son “muy genéricas” y utilizan tecnologías que no han evolucionado en décadas.
“Cuando me metí en este mundo me di cuenta de que las fórmulas que normalmente se comercializan son muy básicas, con tecnologías de hace 30 o 40 años”, explica.
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Frente a ese diagnóstico, la empresa decidió apostar por el desarrollo de formulaciones propias con componentes innovadores, algunos de los cuales, según el emprendedor, ni siquiera han sido ampliamente adoptados a nivel industrial, pese a existir evidencia científica. Su primer producto, Bioprovit Plusoy, combina proteína de soya con compuestos adicionales diseñados para generar beneficios a nivel muscular, metabólico y deportivo. Actualmente, es el producto con mayor rotación de la marca.
Posteriormente, la compañía lanzó la proteína en versión para niños, además del Rejuven Bio, una fórmula orientada al rejuvenecimiento y la regeneración muscular, y HMBio para aumentar la masa muscular.
Dentro de su planificación para este año, JMZ Biotech contempla el lanzamiento de nuevas fórmulas orientadas a hospitales y clínicas, así como su incursión en el segmento de nutrición animal.
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En paralelo, el negocio participa en un programa de aceleración empresarial, tras haber sido seleccionado entre más de 4.000 postulaciones a Misión Emprende 593, un concurso de emprendimiento al estilo ‘Shark Tank’, organizado por la Alianza para el Emprendimiento e Innovación (AEI). Este proceso incluye mentorías, desarrollo de alianzas y futuras rondas de inversión.
Para Jiménez, este reconocimiento ha sido una validación del potencial del proyecto. “Ahí me di cuenta de que estaba bien encaminado”, concluye.
A diferencia de muchas marcas que compiten en el segmento deportivo, JMZ Biotech ha encontrado su principal nicho en el ámbito clínico. “Nuestros productos son utilizados por nutricionistas, médicos internistas, traumatólogos y especialistas porque buscan algo que realmente apoye en la nutrición del paciente”, dice Jiménez. Entre los casos de uso destacan pacientes en procesos postoperatorios, personas con enfermedades metabólicas o quienes requieren dietas específicas.
La decisión de instalar la planta en Ambato respondió tanto a criterios personales como a criterios estratégicos. Inicialmente, la operación funcionó en un espacio familiar para reducir costos, lo que permitió sostenerse durante la pandemia. Con el tiempo, la empresa amplió su capacidad y obtuvo certificaciones de Buenas Prácticas de Manufactura (BPM), lo que le abrió puertas en el mercado institucional e incluso como proveedor del Estado. Actualmente, la capacidad productiva permite fabricar hasta 1.000 cajas diarias si la demanda lo requiere.
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El modelo de expansión de JMZ Biotech se ha basado en alianzas estratégicas, tanto en el ámbito comercial como en la distribución. La empresa opera bajo un esquema de visitas médicas y campañas en distintas ciudades del país. Además, ha adoptado un modelo flexible de contratación, con equipos que trabajan por proyectos o campañas. Actualmente, alrededor de 15 personas colaboran con la empresa en distintas localidades como Ambato, Guayaquil, Manta, Santo Domingo, Machala y Cuenca.
Uno de los diferenciales más ambiciosos de la empresa es su apuesta por el desarrollo de tecnología patentable. Actualmente, JMZ Biotech se encuentra en proceso de solicitud de varias patentes asociadas a sus formulaciones. El objetivo no es solo competir en el mercado de suplementos, sino también generar ingresos a través del licenciamiento de estas tecnologías a otras compañías, incluso a nivel internacional.