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Balas, celdas y revocatorias: el precio de ser alcalde en Ecuador

Sicariatos, expedientes judiciales y revocatorias de mandato amenazan a los alcaldes del Ecuador. Cómo el narcotráfico, la minería ilegal y la crisis política redibujan el poder local.

Una camioneta robada en Manta. Una moto blanca en Arenillas. Una lluvia de balas en Durán. Desde la campaña electoral de 2022, ocho alcaldes o candidatos a la alcaldía han sido asesinados en Ecuador, dos están presos en una cárcel de máxima seguridad y 55 viven bajo resguardo policial.

En Manta, Agustín Intriago recorría una obra cuando la muerte llegó en una camioneta robada. Era domingo, 23 de julio de 2023, y el alcalde estaba en su salsa: la calle, la obra, la gente. El sicario no esperó y mató también a una joven deportista, quien fue víctima de una guerra ajena.

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En Portovelo, Jorge Maldonado fue asesinado el 19 de abril de 2024. No estaba en un mitin ni en una tarima. Estaba en la calle, donde un alcalde debería sentirse en casa. Portovelo es parte de una zona tomada por la minería ilegal y por la disputa de organizaciones criminales.

En Durán, Luis Chonillo ni siquiera alcanzó a sentarse en su sillón. El 15 de mayo de 2023, cuando se dirigía a la primera sesión del Concejo, escuchó una lluvia de balas. Él sobrevivió, pero tres murieron, incluidos dos policías. Desde entonces es un alcalde obligado a gobernar desde lejos una ciudad ícono de la violencia nacional.

Gobernar un cantón ecuatoriano ya no es administrar agua, basura y mercados: es sobrevivir al sicariato, blindarse contra expedientes judiciales y resistir el desgaste de revocatorias y destituciones.

$!El alcalde de Manta, Agustín Intriago, fue asesinado. Era uno de los alcaldes más visibles del país: joven, reelegido y con alta exposición pública.

Violencia contra alcaldes en Ecuador: crímenes que marcaron la política local

Ni el International Crisis Group logra explicar del todo la lógica detrás de los ataques a autoridades locales. Las razones rara vez son claras, aunque suelen asociarse a castigos por presuntos apoyos a bandas rivales o por negarse a cooperar con un grupo criminal. Los disparos no solo matan: también advierten quién manda.

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Agustín Intriago era uno de los alcaldes más visibles del país: joven, reelegido y con alta exposición pública. Su presencia constante en territorio fortalecía su liderazgo, pero también lo hizo vulnerable. Su asesinato paralizó a Manta. El país confirmó que la violencia no tenía límites.

En Portovelo, la muerte de Jorge Maldonado ocurrió apenas dos días después del crimen de José Sánchez, alcalde de Ponce Enríquez. La coincidencia también vinculó a la minería ilegal con la violencia política. En el sur del país, el oro, el contrabando, el narcotráfico y el tráfico de armas forman alianzas amenazantes.

A esa lista se sumó Eber Ponce, alcalde de Arenillas. El 11 de enero de 2025 fue interceptado por una moto blanca mientras conducía hacia un sepelio. Cinco disparos acabaron con su vida. Luego se conoció que la motocicleta pertenecía a un expolicía peruano preso en Tumbes, Perú.

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La historia más insólita ocurrió en Puerto López. Omar Menéndez, candidato a la Alcaldía por el correísmo, fue asesinado horas antes de las elecciones de 2023. Su rostro ya estaba en la papeleta. Al día siguiente, el candidato muerto ganó con el 46 por ciento de los votos.

También en enero de 2023 fue asesinado Julio Farachio, candidato en Salinas. Lo atacaron a quemarropa mientras estaba con simpatizantes. En la papeleta lo reemplazó Dennis Córdova, quien capitalizó el sentimiento de injusticia y dolor.

En Portoviejo, Javier Pincay sobrevivió a un atentado y logró ganar la Alcaldía. En cambio, uno de sus contendores, José Miguel Mendoza —quien además había impulsado una denuncia contra Pincay— no corrió la misma suerte y fue asesinado a tiros en julio de 2024.

$!Fotos: archivo.

Aquiles Álvarez y José Arroyo: alcaldes procesados y tras las rejas

Otra historia es la de dos alcaldes que cambiaron sus cómodos sillones por celdas de máxima seguridad. Aquiles Álvarez llegó a la Alcaldía de Guayaquil con una biografía empresarial y deportiva que lo proyectaba como administrador joven y frontal. En el Municipio mantuvo ese estilo confrontativo y ruidoso permanente.

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Pero los juzgados lo estaban esperando. Primero apareció el caso Triple A, por presunta comercialización ilegal de combustibles. Luego llegó el caso Goleada, por el que fue detenido e investigado por presunta delincuencia organizada, lavado de activos y defraudación tributaria. Su defensa habla de persecución política.

En Pujilí, el derrumbe fue abrupto. José Arroyo Cabrera, modisto de reinas de belleza, ganó la Alcaldía en 2023 con una imagen de emprendedor eficiente. Su gestión colapsó en su primera gran obra pública: trabajos de ornato. Ahora está acusado de peculado por presuntas adjudicaciones irregulares.

Su caso añadió un elemento curioso. Arroyo cambió legalmente su género y por eso está recluido en La Roca, un espacio penitenciario femenino. Organizaciones de derechos han advertido una posible instrumentalización de la normativa de género para obtener beneficios carcelarios.

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Hasta ahora, ninguno de los dos alcaldes ha perdido el cargo porque no existe sentencia ejecutoriada. En Pujilí asumió la subrogación Raúl Arroyo Zambrano, uno de los denunciantes del alcalde. En Guayaquil fue nombrada Tatiana Coronel, una joven abogada milagreña quien también es alta dirigente del movimiento Reto.

$!El alcalde de Quito Pabel Muñoz enfrentó un intento de revocatoria de mandato. El alcalde de Loja, Franco Quezada, fue removido por sus concejales.

Revocatorias y remociones: otro riesgo para los alcaldes

El tercer frente no dispara pero desgasta: la revocatoria de mandato y la remoción. En teoría, son mecanismos democráticos de control ciudadano. En la práctica, pueden convertirse en termómetros de decepción, herramientas de fiscalización o armas políticas.

El CNE ha recibido varios pedidos de revocatoria. En Atacames negó formularios contra el alcalde Ángel Mendoza porque la motivación no era suficientemente clara. En Quito, en cambio, autorizó en abril de 2025 la recolección de firmas contra Pabel Muñoz, aunque después el propio impulsor dio marcha atrás.

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El caso más simbólico es Loja. Franco Quezada llegó al Municipio con una historia de película: de niño vendía humitas, luego destacó en el ecuavóley y como profesor de Educación Física. Era más cercano al barrio que al escritorio, pero su carisma no alcanzó para administrar una crisis.

En Loja enfrentó problemas de agua potable, obras paralizadas y un concejo adverso. Nueve de 11 concejales pidieron públicamente la renuncia de Quezada y, en junio de 2025, aprobaron su remoción. Diana Guayanay asumió luego la Alcaldía lojana.

Así gobiernan muchos alcaldes: entre bandas, amenazas y atentados; entre Fiscalía, Contraloría, concejales, ciudadanos decepcionados e intereses políticos. También deben recoger basura, tapar baches, iluminar calles, pagar sueldos y responder por la inseguridad, aunque no controlen ni Policía ni cárceles desde sus despachos.

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