Cada 22 de abril se conmemora el Día Internacional de la Madre Tierra, una fecha que recuerda el nacimiento del movimiento ambientalista moderno, en 1970. Desde entonces, han pasado más de cinco décadas de movilización global en favor del cuidado del planeta y la acción climática.
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La fecha fue establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en una resolución adoptada en 2009. Desde entonces, la fecha se ha convertido en un espacio global para reflexionar sobre la relación entre la humanidad y el planeta.
El origen de esta jornada se remonta a 1970, cuando el movimiento ambientalista moderno comenzó a tomar fuerza en Estados Unidos, en un contexto en el que la protección del medio ambiente aún no era una prioridad en la agenda política mundial.
Dos años después, en 1972, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, celebrada en Estocolmo, marcó un punto de inflexión. Allí se fortaleció la conciencia global sobre la relación entre desarrollo humano y equilibrio ambiental. Como resultado, se instauró el 5 de junio como Día Mundial del Medio Ambiente y se creó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), encargado de liderar la agenda ambiental dentro del sistema de la ONU.
A lo largo de las décadas siguientes, el debate ambiental se amplió con distintas conferencias internacionales. En 1992, la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro reunió a más de 178 países, que adoptaron acuerdos clave como la Agenda 21 (promueve el desarrollo sostenible global), y la Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo.
Posteriormente, el enfoque global se reforzó con hitos como la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático en 1994, la Cumbre de Johannesburgo en 2002, el Acuerdo de París en 2015 y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que establece 17 objetivos para enfrentar la crisis climática, social y ambiental.
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Más recientemente, en 2022, los países aprobaron un marco global de biodiversidad con metas para frenar y revertir la pérdida de la naturaleza hacia 2050. Estos compromisos se revisan en las Conferencias de las Partes (COP), encuentros anuales donde los Estados evalúan el avance del Acuerdo de París. La próxima cita (COP31), está prevista para noviembre de 2026, en Turquía.
El tema de este año vuelve a ser: “Nuestro poder, nuestro planeta”, pero con un giro en el enfoque. Ya no se centra únicamente en la infraestructura energética o en la red eléctrica, sino en la capacidad de acción de las personas y las comunidades.
La idea principal es resaltar que el cambio ambiental no depende solo de grandes decisiones políticas o tecnológicas. También se construye desde lo local. Es decir, desde comunidades que innovan, se organizan y encuentran soluciones concretas a problemas ambientales en su entorno inmediato.
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¿Por qué es urgente crear soluciones? El Informe de Riesgos Globales 2026 del Foro Económico Mundial, por ejemplo, señala que los riesgos ambientales siguen dominando el panorama global. Según el documento, estos representan la mitad de los 10 principales riesgos proyectados para la próxima década.