Las mujeres solo acceden al 64 % de los derechos legales que tienen los hombres. Trabajo, dinero, seguridad, familia, propiedad, movilidad, negocios o jubilación siguen atravesados por brechas estructurales.
Este 8 de marzo, bajo el lema “Derechos. Justicia. Acción. Para todas las mujeres y niñas”, Naciones Unidas llama a conmemorar el Día Internacional de la Mujer y a exigir igualdad real.
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El camino, sin embargo, sigue lleno de obstáculos. Leyes discriminatorias, protecciones jurídicas insuficientes, prácticas excluyentes y normas sociales nocivas continúan limitando el acceso de las mujeres a sus derechos.
Cerrar estas brechas requiere voluntad política y recursos. Pero también existen respuestas que nacen desde los territorios. En distintas comunidades, lideresas locales impulsan iniciativas que transforman su entorno. Este 8 de marzo repasamos cuatro historias que muestran ese impacto.
En el sector Trinipuerto, en la Isla Trinitaria de Guayaquil, la lideresa afroecuatoriana Inés Santos convirtió su casa en un refugio comunitario frente a la violencia y la desigualdad. Hace diez años, tras ser víctima de un hecho violento que quedó en la impunidad, decidió trabajar para que otras niñas y jóvenes no vivan situaciones similares.
Durante la pandemia, su hogar se transformó en un centro de ayuda para vecinos que enfrentaban hambre y problemas familiares. De esa experiencia nació la Fundación Nia Kali, que hoy brinda apoyo pedagógico, talleres de educación sexual integral y actividades artísticas.
Allí, junto a varias voluntarias, atienden a 150 niños, niñas y adolescentes. Pero, de manera fija trabajan con sesenta.La organización también entrega alimentos a familias vulnerables y promueve el trabajo con padres de familia para fortalecer el entorno de los jóvenes. Con el apoyo de aliados, la fundación busca ofrecer oportunidades y mantener a los niños alejados de la violencia que afecta al Trinipuerto.
Conoce su historia completa en: Nia Kali: una historia de resiliencia en la Isla Trinitaria
Un poco más de 2.000 mujeres estudiaron carreras tecnológicas en el 2022, en Ecuador. Una cifra cuatro veces menor que la de los hombres. Esta brecha se explica, entre otros factores, por la falta de orientación hacia las carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas por sus siglas en inglés), especialmente en zonas rurales e indígenas.
La ingeniera química Leticia Lisseth Tituaña, originaria de la comunidad indígena San José de Cerotal, enfrentó barreras sociales, económicas y discriminación para acceder a la educación superior. Luego de graduarse de la universidad, decidió impulsar Warmi STEM, una iniciativa que promueve la participación de niñas y mujeres indígenas en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.
A través de mentorías, talleres y programas educativos en comunidades rurales, la organización busca inspirar a nuevas generaciones y reducir la brecha de género en estos campos. Hasta ahora, más de 300 niñas y jóvenes indígenas han participado en sus programas.
Conoce más sobre su labor: Warmi Stem, la iniciativa que impulsa el empoderamiento y educación de mujeres indígenas en Ecuador
En Galápagos, la conservación de la biodiversidad no solo depende de la ciencia, sino también del rol de sus habitantes. Desde 1992, iniciativas de educación ambiental buscaron involucrar a niños de las islas para que se conviertan en guardianes de su entorno.
Una de las niñas participantes de esos programas fue Diana Pazmiño, hoy docente-investigadora de la Universidad San Francisco de Quito. Motivada por compartir su pasión por la biodiversidad, desde el 2019 lidera “Chicas con Agallas” (Gills Club), una iniciativa que promueve el liderazgo de niñas en la conservación de los ecosistemas de Galápagos mediante actividades de ciencia, tecnología y exploración marina.
A través de talleres, investigación y prácticas como natación y snorkeling, el programa busca reconectar a las nuevas generaciones con la naturaleza y fortalecer su papel en la protección del archipiélago.
Lee más sobre Chicas con Agallas: Galápagos: sin educación ambiental, el futuro de las islas corre peligro
El barrio Cristo del Consuelo, en el suroeste de Guayaquil, suele asociarse con violencia e inseguridad, especialmente después del atentado con bomba ocurrido en agosto de 2022. Sin embargo, detrás de esa imagen también existe una historia de organización comunitaria y resiliencia.
Desde hace más de 30 años, la Asociación Afroecuatoriana Mujeres de Lucha sostiene una red de seis guarderías que alimentan a 315 niños de entre uno y tres años. Lo que empezó como un pequeño comedor improvisado en el portal de una casa, hoy genera empleo para 35 mujeres del barrio, muchas de ellas madres cabeza de hogar.
Además de ofrecer cuatro comidas diarias y cuidado infantil, la iniciativa ha impulsado la formación profesional de varias mujeres, que ahora trabajan como educadoras en los centros. En un país donde uno de cada cinco niños sufre desnutrición crónica infantil, esta red comunitaria se ha convertido en un pilar de apoyo para las familias del sector.
Conoce su historia completa: