¿Cómo saber si estoy viviendo en 'alerta permanente'?
La tensión constante, el cansancio que no desaparece y la sensación de no poder desconectar podrían ser más que estrés. Conoce cuáles son las señales de los estados de hiperactivación que afectan la salud física y mental.
Todos experimentamos estrés en algún momento. Es una respuesta natural que permite reaccionar ante desafíos, resolver problemas y adaptarnos a situaciones exigentes. Según Raquel Balmaseda Serrano, directora del Máster en Neuropsicología Clínica de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), en España, el estado de alerta es un mecanismo de supervivencia esencial para el ser humano.
El problema surge cuando 'el mecanismo de supervivencia de nuestro cuerpo se ha quedado atascado en la posición de encendido', explica. En ese momento, el cerebro deja de responder a una amenaza puntual y comienza a funcionar como si el peligro estuviera presente de manera constante.
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Cuando el cerebro prioriza sobrevivir
A nivel neurológico, este fenómeno involucra a la amígdala, una estructura cerebral encargada de detectar amenazas y activar las respuestas de defensa. Cuando permanece hiperactiva, el organismo continúa liberando hormonas del estrés, especialmente cortisol y adrenalina.
La especialista en salud mental comenta que esta hiperactivación sostenida termina afectando otras áreas del cerebro. 'Se prioriza la supervivencia frente a pensar con claridad'. La consecuencia es que la corteza prefrontal, responsable de la planificación, la regulación emocional y la toma de decisiones, comienza a funcionar de manera menos eficiente.
Esto puede traducirse en dificultad para concentrarse, problemas para organizar tareas, olvidos frecuentes e incluso una menor capacidad para gestionar emociones y conflictos cotidianos.
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Estrés normal o alerta permanente
'La diferencia está en la duración de ese estado y en la capacidad de recuperación', afirma. El estrés normal aparece frente a un desafío específico, como una presentación importante, un examen o una situación que requiere atención especial. Una vez superado el reto, el organismo recupera gradualmente su equilibrio.
Si después de que la situación ha pasado la persona continúa sintiéndose acelerada, inquieta o incapaz de relajarse, es posible que el sistema nervioso haya quedado atrapado en un estado de hiperactivación, es decir, con la sensación permanente de que algo malo está por ocurrir, incluso cuando objetivamente todo parece estar bajo control.
Las señales que envía el cuerpo
Entre los síntomas físicos más frecuentes se encuentran:
¿Por qué el sueño deja de ser reparador?
Aunque una persona permanezca ocho horas en la cama, puede despertarse con la sensación de no haber descansado. Esto ocurre porque el cerebro tiene dificultades para activar el sistema nervioso parasimpático, responsable de los procesos de recuperación y relajación.
Según la experta, cuando el organismo interpreta que continúa existiendo una amenaza, el sueño pierde profundidad y calidad, se reducen especialmente las fases más reparadoras, entre ellas, el sueño profundo.
Los perfiles más vulnerables
Las personas perfeccionistas, con altos niveles de autoexigencia o dificultades para establecer límites suelen presentar mayor riesgo. También quienes ocupan cargos de gran responsabilidad, los cuidadores de familiares dependientes y quienes viven situaciones prolongadas de incertidumbre económica o emocional. Las experiencias traumáticas representan otro factor importante.
La doctora en psicología explica que, tras un trauma significativo, el sistema de alerta puede volverse más sensible, manteniendo una vigilancia excesiva incluso cuando el peligro ya desapareció.
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Hábitos modernos que mantienen encendida la alarma
La especialista advierte que entre ellos destacan:
'Hoy vivimos con la sensación de que debemos estar disponibles todo el tiempo', comenta. A esto se suma la exposición continua a noticias, redes sociales y estímulos digitales que mantienen al cerebro en un estado de vigilancia constante.
Además, las crecientes relaciones virtuales han sustituido en parte los encuentros presenciales, privando al organismo de beneficios asociados al contacto humano directo, como la liberación de oxitocina, una hormona vinculada con la sensación de seguridad y bienestar.
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Recuperar el equilibrio
La buena noticia es que el sistema nervioso puede aprender a salir de este estado de supervivencia. La evidencia científica respalda estrategias como:
La experta recomienda comenzar por reconocer el problema y revisar hábitos básicos. También recuerda la importancia de buscar ayuda profesional cuando los síntomas persisten o interfieren con la vida cotidiana. 'Buscar ayuda no significa que la situación sea grave, significa intervenir antes de que el problema se cronifique', afirma.
Y concluye con esta reflexión: 'Nuestro cerebro está preparado para afrontar momentos de estrés, no para vivir permanentemente en ellos'. Recuperar el equilibrio entre activación y descanso no es un lujo, sino una de las bases fundamentales para proteger la salud física y mental.