Del Zoológico de Quito a Wiwa: la evolución de un refugio para la fauna silvestre
"Los animales no dejan de llegar". Esa fue la realidad que llevó al antiguo Zoológico de Quito a replantear por completo su misión y convertirse en Wiwa Quito, el primer Parque Refugio del país.
El Zoológico de Quito dejó atrás ese nombre el pasado 11 de junio para convertirse en Wiwa Quito, un Parque Refugio que apuesta por un modelo centrado en el rescate, la rehabilitación y la conservación de fauna silvestre.
LEA TAMBIÉN: Camaroneros y conservacionistas unen fuerzas para recuperar los manglares del Ecuador
Para David Mora, Director de Bienestar Animal de la entidad, la transformación responde a una realidad cada vez más evidente: los animales que necesitan ayuda no dejan de aumentar.
"Wiwa", palabra kichwa que significa "animal", busca reflejar una visión inspirada en la cosmovisión andina, donde la convivencia con la naturaleza ocupa un lugar central.
Mora explica que la decisión comenzó a gestarse hace aproximadamente cuatro años, impulsada por casos que marcaron al equipo técnico del centro. Entre ellos menciona el rescate de la osa andina Sisa y el ingreso constante de cóndores, zorros, zarigüeyas, gavilanes y otras especies que llegaban heridas o huérfanas.
"No hubo un momento específico", señala. "Fueron los propios pacientes quienes nos hicieron entender que nuestras funciones como centro de rescate requerían una evolución".
Según Mora, el contexto ambiental también ha cambiado. Más que enfrentar amenazas nuevas, considera que los riesgos para la fauna han aumentado.
Ataques de perros, animales baleados, macheteados o envenenados, así como el tráfico ilegal de especies para convertirlas en mascotas, forman parte de los casos que hoy reciben con una frecuencia mayor que hace una década.
"Queremos ser un refugio sin fronteras"
La transformación hacia Wiwa Quito también implica modificar la relación entre las personas y los animales.
Mora explica que el objetivo ya no es únicamente exhibir especies rescatadas, sino permitir que desarrollen comportamientos lo más cercanos posible a los que tendrían en estado silvestre.
Uno de los principales ejemplos es el nuevo hábitat construido para las tres osas andinas Sisa, Chuquiragua y Puya, un recinto de más de 3.000 metros cuadrados con vegetación nativa, plataformas para escalar, refugios y cuerpos de agua.
Más de mil aliados e instituciones respaldaron la construcción de este espacio, concebido para que las osas puedan desenvolverse con mayor naturalidad y con una menor interacción directa con los visitantes.
LEA TAMBIÉN: Avistamiento de ballenas jorobadas 2026: ¿Cuándo y dónde se podrá disfrutar de esta temporada?
"Para nosotros es un hábitat, pero para ellas es su hogar", resume Mora. "Lo que buscamos es que las personas aprendan a respetar esa distancia y comprendan que la fauna silvestre no necesita ser mascotizada ni cazada para ser valorada".
El cambio también contempla la ampliación de espacios para grandes felinos y la construcción de un hospital veterinario especializado.
Según explica el director, la actual clínica fue diseñada hace más de veinte años, cuando el número y la complejidad de los casos eran considerablemente menores.
El nuevo hospital permitirá fortalecer especialidades como traumatología, oftalmología, neurología, radiología, anestesia y medicina interna, además de crear áreas específicas para neonatos y animales en cuarentena.
Para Mora, este crecimiento responde a una realidad que observa desde hace varios años.
El proyecto prioriza especies consideradas fundamentales para los ecosistemas, como el oso de anteojos, el cóndor andino, el tapir, el jaguar y el águila andina, aunque el centro continúa atendiendo tortugas, loros, guacamayos, iguanas, primates y otras especies víctimas del tráfico ilegal o de la pérdida de hábitat.
Más allá de la infraestructura, Mora sostiene que el desafío trasciende los límites del parque.
LEA TAMBIÉN: Alerta en la costa de Ecuador: ¿Por qué están apareciendo aves marinas muertas?
La institución busca fortalecer el trabajo con comunidades, impulsar procesos de educación ambiental y consolidarse como un nodo regional de conservación e investigación.
Su visión a futuro va incluso más allá de Guayllabamba.