La Cámara Nacional de Acuacultura (CNA) y Conservación Internacional Ecuador firmaron este miércoles 24 de junio de 2026 un Memorando de Entendimiento para proteger, recuperar y restaurar los manglares del país, en un acuerdo que refleja un giro significativo en la relación entre la industria camaronera y estos ecosistemas costeros que, durante décadas, sufrieron presiones vinculadas, en parte, a su expansión.
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La alianza se enmarca en el proyecto Manglares para el Clima, financiado por el Green Climate Fund, y será ejecutada a través de la iniciativa Sustainable Shrimp Partnership (SSP). El proyecto busca restaurar 250 hectáreas de manglar, reducir más de 112.870 toneladas de CO2 equivalente y promover prácticas libres de deforestación en 20.000 hectáreas de producción camaronera hacia el 2030.
Un pasado que pesa, un presente que cambia
Ecuador ha perdido el 22% de sus manglares históricos. De las aproximadamente 203.000 hectáreas que existían originalmente, hoy quedan entre 155.000 y 158.000, según una evaluación satelital realizada en 2020 con apoyo de WWF.
El punto de inflexión llegó en 1999, cuando el propio sector acordó con las autoridades una restricción voluntaria, que consistía en mantener las concesiones existentes, pero se prohibió otorgar nuevas en zonas de playa y bahía cercanas al manglar. A partir de entonces, la industria migró hacia terrenos de mayor elevación.
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En 2022, ese compromiso fue validado junto con WWF, y los datos confirmaron que la pérdida de manglar disminuyó sustancialmente desde entonces.
"Entre 1999 y 2020-2021 el saldo fue favorable, logrando revertir parcialmente un impacto que durante décadas se atribuyó al sector camaronero y a otras actividades económicas", explicó José Antonio Camposano, presidente ejecutivo de la CNA. El sector también entregó el año pasado al Ministerio del Ambiente un inventario actualizado de la cobertura de manglar, elaborado con tecnología satelital y validado por terceros independientes.
¿Por qué importa el manglar?
Más allá de su valor ambiental, los manglares son infraestructura natural. Reducen inundaciones, frenan la erosión y protegen las costas frente a fenómenos como El Niño. Para el sector camaronero, que opera en zonas inundables del Golfo de Guayaquil, Jambelí y Chupadores, su conservación es también una cuestión de supervivencia productiva.
Rosero, por su parte, subrayó el valor económico y social del ecosistema porque miles de personas, entre concheros, cangrejeros, pescadores y custodios de manglar, dependen directamente de su salud. Por eso, insistió en que la restauración debe ser un proceso participativo, que involucre a comunidades, empresas, academia y al Ministerio del Ambiente, que es el propietario legal de estos bosques.