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8M en Ecuador: la historia de las únicas cuatro operadoras de maquinaria minera del país

En un sector en el que la participación femenina no llega al 20%. Ellas abren camino a la equidad en la minería.

Bajo tierra, donde el ruido de los brazos hidráulicos y el eco de las perforaciones marcan el ritmo de la jornada, Yhessly Vasquez, de 27 años, aprendió a dominar uno de los equipos más imponentes de la mina. Ella nació en la parroquia Los Encuentros, en Zamora Chinchipe, y hoy opera un camión AD45, usado para transportar rocas y material y, desde hace ocho meses, el equipo de perforación Simba en Lundin Gold.

Ella es una de las cuatro únicas mujeres que manejan estas máquinas en el país y de las pocas en Latinoamérica. Su historia, sin embargo, empezó lejos de cualquier plan minero.

“Nunca estuvo en mi mente estar en una mina, las oportunidades se fueron presentando poco a poco”, cuenta. Tras salir del colegio se tomó un año sabático y así apareció un programa de la empresa que cambiaría su rumbo laboral. Es su primer trabajo relacionado con la minería y, dice, también tuvo el impulso de su madre para intentarlo.

“Con el tiempo ya vas poco a poco conociendo este mundo y vas ganándole ese cariño, esa confianza y ahora puedo decir que me gusta el mundo minero”.

En la cámara de producción en la que trabaja, el Simba ejecuta taladros largos que permiten luego la voladura del mineral. Desde las áreas técnicas le envían un plano con puntos exactos a perforar, y ella se encarga de que cada trazo se cumpla con precisión. El proceso puede tomar entre una y dos semanas por plano, dependiendo de la complejidad.

“Concentración máxima, buena comunicación con mi ayudante para evitar incidentes, concentración y paciencia con el equipo”, resume sobre lo que implica estar al mando.

El camino hasta esa cabina no fue inmediato. Yhessly explica que la capacitación inicia con 200 horas como ayudante, continúa con 250 horas de entrenamiento y culmina con otras 250 horas operando sola, ya responsable del equipo y sin instructor. Pasar del equipo de acarreo al de perforación fue, asegura, un reto tanto técnico como mental. “Al inicio sí da miedo ver el equipo y decir, ‘¿Voy a poder?, ¿voy a lograrlo?, ¿seré capaz?’”.

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Los retos pendientes

Ese miedo, asegura, no estuvo ligado al hecho de ser mujer. “Esa frase común de que la mujer no está en la minería, que siempre van a ser los hombres; acá en Ecuador lo estamos cambiando totalmente”, afirma. Para ella, el avance es evidente en áreas como perforación, geomecánica o geología.

Las cifras respaldan esa percepción de cambio, aunque todavía moderado. De acuerdo a la Segunda Encuesta de Equidad de Género en la Minería Ecuatoriana, publicada en marzo de 2025, la participación femenina pasó del 17% en 2021 al 19,6% en 2025. Es decir, un aumento de 2,6%.

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Además, el estudio, elaborado por Women in Mining Ecuador, el 85% de las mujeres en nómina de las compañías encuestadas participaron en programas de capacitación en el último año, aunque solo el 14% de las empresas afirman contar con políticas estructuradas para el desarrollo profesional femenino.

Más mujeres en la mina

En otra zona de la mina, Mayra Mingo repite una rutina parecida. Ha sido operadora de camión por cinco años y hoy opera un equipo de perforación. Es la última de 11 hijos y también es oriunda de Zamora Chinchipe, del cantón Yantzaza. “He demostrado la capacidad, la responsabilidad, la seguridad que se maneja dentro de la empresa”, relata sobre su ascenso.

El equipo que maneja es uno de sostenimiento que perfora y coloca pernos y mallas para garantizar la estabilidad de la roca. Cada jornada inicia con charla de seguridad, revisión del plan de turno, chequeo del equipo y verificación del área antes de conectar agua y energía. “No le tengas miedo al equipo. Tenle respeto”, recuerda que le dijo un instructor, una frase que hoy guía su trabajo.

Las historias de Yhessly y Mayra no son casos aislados. El 60% de las mujeres contratadas en los últimos doce meses por estas compañías proviene de comunidades locales, como Zamora Chinchipe. En este Día de la Mujer, sus voces no solo perforan roca, también abren espacio en una industria que, poco a poco, aprende a reconocer que la capacidad no tiene género.

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