El ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán durante casi 37 años, murió a los 86 años en en los ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos e Israel en Teherán.
En un giro de gran impacto para Medio Oriente, Donald Trump confirmó la muerte del ayatolá. “Jamenei, una de las personas más malvadas de la historia, está muerto”, escribió el expresidente estadounidense en su cuenta de Truth Social.
Te explicamos su legado, su lucha contra Occidente y el futuro incierto de la república islámica.
Caracterizado por su turbante negro y su frondosa barba blanca, Alí Jameneí supo mantener el equilibrio entre las distintas facciones para que ninguna acaparara demasiado poder desde que fue nombrado sucesor del ayatolá Ruholá Jomeiní el 4 junio de 1989.
Nació el 16 de julio de 1939 en la ciudad santa de Mashad (cerca de la frontera iraní con Afganistán) en el seno de una familia de religiosos chiíes que le enseñaron a llevar una vida sencilla y humilde.
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Estudió el Corán en la ciudad santa del chiísmo, Nayeb, en Irak, y de regreso a Irán acudió a la escuela religiosa de Qom, bajo la dirección de los grandes ayatolás seguidores de Jomeini, y a la Universidad de Teherán.
Desde comienzos de los sesenta, fue activista del movimiento islámico contrario al Shah Reza Palhevi y participó en el levantamiento armado contra su régimen en 1963.
En 1964, regresó a Mashad y desde entonces hasta el triunfo de la Revolución en 1979 fue encarcelado varias veces por la policía política del Sha. A partir de 1978 se dedicó a la actividad revolucionaria y participó en el derrocamiento del Sha en febrero de 1979 que llevó a los ayatolás al poder.
Tras la muerte del ayatolá Ruholá Jomeini el 4 de junio de 1989, Jamenei, considerado entonces su "hijo espiritual", fue elegido como su sucesor.
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Desde esa fecha, consolidó un sistema de poder absoluto, actuando no solo como guía espiritual, sino también como comandante supremo de las Fuerzas Armadas. Bajo su mando, el Poder Judicial y el Parlamento quedaron controlados por sus seguidores más afines.
El líder supremo de Irán personificó durante mucho tiempo la actitud desafiante de la república islámica hacia sus enemigos, empezando por Estados Unidos e Israel.
Durante su liderazgo, supervisó y defendió el avance del programa nuclear iraní, insistiendo en que el enriquecimiento de uranio era un "derecho soberano" y mostrándose siempre escéptico ante la diplomacia occidental.
Como punto clave de su política exterior, Jamenei expandió la influencia regional de Irán a Líbano, Siria, Irak y Yemen.
Además, en repetidas ocasiones advirtió que Irán "nunca se rendiría" a Washington. Incluso, durante las conversaciones sobre el programa nuclear de 2025, dijo que dudaba de que un acuerdo pudiera "conducir a ningún resultado" y argumentó que los problemas de Irán deberían resolverse internamente.
Cuando se reanudaron las conversaciones, advirtió que Irán era capaz de alcanzar los buques de guerra estadounidenses desplegados en el Golfo. "Los estadounidenses deberían saber que si empiezan una guerra, esta vez será una guerra regional".
A raíz de las protestas por la muerte en comisaría, en septiembre de 2022, de la joven kurda Masha Amini tras ser detenida por la policía de la moral por no llevar bien puesto el velo, el ayatolá criticó duramente las manifestaciones, de las que dijo que fueron planeadas. La represión policial provocó centenares de muertos según la ONG Human Right.
Tras el estallido de la guerra entre el grupo palestino Hamás e Israel en octubre de 2023, tachó de genocida a este último por los bombardeos contra Gaza.
La situación se agravó a raíz de la cruzada que emprendió el estado hebreo el 13 de junio de 2025 con bombardeos a las instalaciones nucleares iraníes y los asesinatos selectivos de los principales altos cargos del Ejército y la Revolución y varios científicos, con el fin de impedir la obtención por parte de Teherán de la bomba nuclear. En este contexto prometió un destino “amargo y doloroso” para Israel.
El 21 de junio, Estados Unidos emuló a Israel y bombardeó por primera vez las plantas nucleares de Isfahán, Natanz y Fordo en suelo iraní.
Ante el temor constante de ser asesinado o apartado del poder, fuentes indican que Jamenei había tomado precauciones. Hace apenas una semana, nombró a una serie de líderes políticos como potenciales administradores del país para garantizar una transición ordenada.
Entre los nombres que suenan para sucederle destaca el de Alí Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán.
La muerte de Jamenei abre un abismo de incertidumbre en la región. Lo que es seguro es que Oriente Próximo ha entrado en una nueva y peligrosa era.