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El cielo entra en pánico: la guerra sobre Irán sacude los viajes y deja pasajeros varados en medio mundo

El cierre del espacio aéreo en Medio Oriente desvió vuelos, dejó miles de pasajeros varados y encareció las rutas entre América, Europa, Asia y el Golfo.

A las siete de la noche del viernes 27 de febrero, 430 pasajeros, 24 auxiliares de cabina y cuatro pilotos despegaron de Houston rumbo a Dubái. Viajaban en un Airbus A380 de Emirates, el avión comercial más grande del mundo, pero con la misma atmósfera de cualquier vuelo largo: resignación, películas a medias y ese sueño incómodo que nunca termina de cuajar.

Nada hacía prever que, once horas después, ese gigante metálico daría media vuelta sobre el mar Egeo, como si también hubiera sentido miedo. El nuevo destino ya no era Dubái, sino Praga, en la República Checa. La pregunta, en ese momento, era tan simple como brutal: ¿qué había pasado?

Mientras el avión avanzaba hacia Medio Oriente, la región volvía a incendiarse. Los ataques de Israel y Estados Unidos sobre Irán desataron una reacción en cadena que alteró, en pocas horas, una de las rutas aéreas más transitadas y estratégicas del planeta.

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El espacio aéreo sobre Irán, Israel, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Baréin, Irak, Jordania y Siria quedó restringido. En conjunto, se trata de unos 4,5 millones de kilómetros cuadrados: una franja vedada para los aviones, equivalente a todo el continente europeo.

Hasta ahora, esos cierres han provocado la cancelación de más de 1.100 vuelos en todo el mundo y han golpeado a aerolíneas como Emirates, Qatar Airways, Lufthansa, Wizz Air, Turkish Airlines y British Airways, entre otras.

Crisis aérea en Medio Oriente: cuando el cielo se apaga

Lo que para los gobiernos fue una operación militar, para la aviación civil fue un apagón a gran escala. Aerolíneas y autoridades tuvieron que redibujar muchas rutas. De pronto, los corredores aéreos más transitados del planeta se volvieron zonas prohibidas.

La interrupción no fue un sobresalto menor. Dubái, el aeropuerto con mayor tráfico internacional del planeta, quedó golpeado por una oleada de cancelaciones. Dicen que cuando Dubái se detiene, no se paraliza solo una ciudad: se atasca una bisagra del mundo.

El efecto dominó fue casi instantáneo. Emirates y Flydubai suspendieron operaciones hacia y desde Dubái; Qatar Airways interrumpió vuelos en Doha; Lufthansa Group congeló servicios hacia Oriente Medio; y otras aerolíneas comenzaron a desviar, cancelar o hacer regresar aviones que ya estaban en ruta.

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En la jerga de la aviación, el caos tiene nombre propio: el “turn-back”. Es el avión que ya despegó, ya quemó combustible y ya había prometido un destino, pero debe dar media vuelta o buscar refugio en otro aeropuerto. A eso se suman pasajeros indignados o desorientados, conexiones rotas y terminales saturadas.

Dubái: la ruta internacional que se rompió

La odisea del vuelo EK212 no fue única. Varios vuelos de Emirates procedentes de Estados Unidos tampoco lograron llegar a Dubái y acabaron dispersos entre Roma, Múnich, Hamburgo, Viena, Budapest y Praga. En cuestión de horas, el mapa de destinos empezó a obedecer a la urgencia.

Ahí comienza otro drama, menos visible que los bombardeos, pero mucho más íntimo. El pasajero que despierta con una voz de cabina anunciando que aterrizará en otro país no solo pierde un itinerario: Se cae la reserva siguiente, se desvanece una conexión, se complica una visa y, con cada minuto, crecen las dudas y también los gastos.

En aeropuertos como Dubái y Doha, pululan familias dormidas sobre sus maletas, ejecutivos convertidos en náufragos y turistas tratando de entender qué hacer con un boleto que ya no sirve. La globalización, tan precisa cuando funciona, puede volverse cruel cuando una región estratégica entra en combustión.

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Además, también hubo reportes de interferencias electrónicas: señales alteradas, navegación degradada y un margen mayor de error en un espacio aéreo ya tensionado por la militarización. Por eso, para muchas aerolíneas, la decisión es cancelar antes que tentar una tragedia.

Crisis aérea y alza de costos: la factura que llega al pasajero

Desde Ecuador, todo esto puede parecer remoto. Sin embargo, las cifras muestran un aumento sostenido de viajeros hacia esa región, un interés que cobró impulso después del Mundial de fútbol de Qatar. Entre 2024 y 2025, unos 4.000 ecuatorianos registraron viajes a Emiratos Árabes Unidos, un destino que incluye a Dubái.

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Y ahí está la ironía: una crisis que estalla a miles de kilómetros puede terminar sintiéndose en un mostrador de check-in, o en el bolsillo de un pasajero quiteño, guayaquileño o cuencano que solo quería pasear por sus destinos soñados.

A eso se suma otro golpe menos visible. Cuando las aerolíneas alegan “circunstancias extraordinarias”, las compensaciones económicas suelen reducirse y el margen de reclamo del pasajero se estrecha.

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Si algo deja esta crisis es una certeza incómoda: el cielo, que durante décadas vendió la ilusión de acortar el mundo, sigue dependiendo de que en tierra no se derrumbe la política.

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