A salir de la cabaña

Redacción lunes, 26 abril 2021 - 01:32
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    POR ALEGRÍA CRESPO CORDOVEZ
     
    Definitivamente “el hombre es un animal de costumbres”, nos adaptamos a las distintas circunstancias que nos pone la vida por nuestro instinto  de sobrevivencia. Hace un año, el mundo se vio pausado  por el COVID que nos obligó a mantenernos en confinamiento. Frente a estos sucesos complejos, han surgido  varias reacciones y cada persona tendrá distintas historias que contar. Nos hemos acostumbrado a estar en casa, nos sentimos en el útero materno, protegidos y cuidados en nuestro ambiente. Salir a la calle, a muchos de  nosotros, nos puede causar ansiedad, angustia, nervios,  preocupación y la necesidad urgente de regresar a nuestro hogar. Este síndrome es conocido como el Síndrome  de la Cabaña y surge ya en los 1900 tras los largos inviernos al confinarse en una cabaña. Para tener claridad en el  concepto, el “Síndrome de la Cabaña” se refiere al temor  y vivencias desagradables que se disparan al exponerse a  las situaciones fuera de casa y optando la reclusión como  forma de vida para sentir seguridad.
     
    Al estar determinado tiempo encerrado y manteniéndonos seguros, nos cuesta salir y pretender mantener un comportamiento absolutamente relajado. “El  Síndrome de la Cabaña” no puede estar asociado a una  enfermedad mental. Nos referimos a este síndrome  cuando una persona experimenta un conjunto de síntomas y reacciones emocionales, cognitivas y motoras. Este síndrome no es nuevo, sino que ha estado siempre vinculado a situaciones en las que una persona experimenta  tal sintomatología tras estar mucho tiempo encerrados  en determinado lugar. Por ejemplo, este síndrome ya ha  dado nombre a reacciones de personas privadas de libertad ante su posible salida, también se refiere a personas  que han estado aisladas por una enfermedad.
     
    Hoy, muchos de nosotros queremos quedarnos en  nuestra cueva, en nuestra cabaña, en nuestro útero materno, el mundo nos da miedo, hemos visto demasiado  cosas duras y estamos cansados. Es momento de que estemos conscientes de lo que está sucediéndonos a la mayoría y que vayamos saliendo poco a poco de la cabaña, de  nuestro encierro físico, mental o emocional. El mundo está allá afuera y nos espera para que lo volvamos a llenar de  color. Poco a poco, sin apuro, salgamos de nuestra cabaña, sobre todo, de la cabaña que habita nuestra mente.

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