¡Superemos el cortoplacismo!

martes, 9 junio 2020 - 12:35
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    POR ALBERTO ACOSTA-BURNEO

    Nuestra política económica sufre de una visión cortoplacista. Con tal de recibir aplausos, los políticos frecuentemente privilegian decisiones que destruyen bienestar y deterioran el nivel de vida de los ciudadanos. Expliquemos el problema a través de una historia escrita por un economista francés, Bastiat, hace 170 años.

    Un niño rompe la vitrina de un almacén, al inicio todos simpatizan con el comerciante afectado, pero gradualmente cambian de parecer. Comienzan a considerar que reemplazar el vidrio roto beneficiará al cristalero quien, con esa ganancia, comprará pan al panadero, quien a su vez comprará zapatos beneficiando al zapatero, etc. ¿No es acaso esto bueno? Concluiríamos que toda la industria se benefició y que el niño no cometió
    vandalismo, sino que hizo un favor a la sociedad; que la destrucción es una buena inversión y que las guerras y los desastres naturales son beneficiosos.

    Todas estas conclusiones son erradas. El origen del problema es que la evaluación económica no puede reducirse a lo inmediatamente “visible” (el vidrio roto). Debemos analizar qué habría pasado si este hecho no hubiera sucedido. Esto es lo que se conoce como costo de oportunidad. En este ejemplo, la clave para una evaluación correcta hubiese sido examinar cómo hubiera usado el dinero el comerciante si no hubiesen roto su ventana, por ejemplo, para comprar zapatos o ampliar su tienda.

    Toda medida económica debe analizarse mirando a quienes ven reducidas sus opciones (el comerciante con el vidrio roto) y a quienes “ganan” (el cristalero). Esto equivale a evaluar el efecto inmediato y “visible”, y el “efecto invisible” o que no se ha materializado (costo de oportunidad).

    Por ejemplo, usando esta metodología de evaluar lo “visible” y lo “invisible”, llegaremos a conclusiones muy distintas en relación con los aranceles y salvaguardias. El “efecto visible” de un arancel o salvaguardia es reducir las opciones de compra (y elevar precios) de los vidrios, beneficiando al cristalero.

    El “efecto invisible” es que el dueño del almacén tendrá que destinar más recursos para reemplazar su vidrio roto, reduciendo la cantidad de dinero disponible para comprar otros bienes y servicios. La ganancia del cristalero es la pérdida de otros bienes y servicios que el comerciante no podrá comprar. Elevar intencionalmente los precios de los bienes para justificar una producción ineficiente, reduce la capacidad de ahorro de los
    ciudadanos y el potencial de crecimiento de la economía. En definitiva, la contraparte del beneficio del cristalero es una pérdida de bienestar general.Ç

    Evaluemos correctamente la política económica. Recordemos que solo impulsando la eficiencia en la producción se incrementa el ahorro y capital disponible (máquinas, equipos y tecnología), elevando el bienestar general. La verdadera ayuda a los cristaleros no son las restricciones que elevan los precios internos, sino el impulso a su competitividad. ¡Un país no puede salir adelante con políticas cortoplacistas!

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