No quedará piedra sobre piedra

lunes, 8 noviembre 2021 - 16:54
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    La pandemia del COVID-19 nos recordó cómo el Internet ha cambiado la vida moderna. Esto no es nuevo, la historia de la humanidad ha estado marcada por disrupciones tecnológicas. En el neolítico el desarrollo de la agricultura acabó con la vida nómada. En el siglo 18, la gran Revolución Industrial se produjo cuando los emprendedores empezaron a probar nuevos métodos de producción. En la actualidad, vivimos una nueva disrupción tecnológica no menos importante que las anteriores, basada en el poder del software, el Internet y la disponibilidad de teléfonos móviles. Es la revolución de la economía compartida, que cambiará irremediable y profundamente nuestras vidas.

    Los casos de éxito más conocidos de la economía compartida son Airbnb y Uber, que no están en el negocio de hotelería ni de taxis. Su proposición de valor es reducir el costo de acceder a esos servicios (reducción del costo de transacción) a través de una plataforma tecnológica. Venden información sobre disponibilidad de espacio y ubicación, ofrecen un sistema de pagos y permiten la generación de confianza para que compradores confiables encuentren vendedores confiables.

    Esta nueva revolución, a través del software, disminuye el costo de acceder a bienes y servicios: ahorras tiempo y dinero. Cuando estos costos se reducen, el precio al consumidor también lo hace. El software tendrá el mismo efecto en reducir los costos de transacción que el que tuvieron los robots en la reducción de costos de producción.

    Ahora es más fácil que quien tiene un bien con capacidad instalada excedentaria (por ejemplo cuartos que no usa) los pueda arrendar para que otros los utilicen a cambio de una compensación económica.

    La revolución de la economía compartida impulsará actividades que antes eran inimaginables. Podremos monetizar el exceso de capacidad instalada alquilando herramientas, vajillas, ropa, casas, vehículos, bicicletas, etc. También se facilitará el ofrecer servicios especializados: consultores, contadores, electricistas, pintores, etc. El resultado de la economía compartida será que poseeremos menos bienes, pero gozaremos de más bienes y servicios porque podremos rentarlos. El cambio es inevitable. ¡Preparémonos para el mundo del futuro!

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