Cultura

Reseña | 'El sonido de la muerte': Cuando el silencio se convierte en amenaza

“El sonido de la muerte” se presenta como una obra arriesgada dentro del cine de terror contemporáneo. Alex Noyer apuesta por una experiencia que incomoda desde lo sensorial.

Dirigida por Alex Noyer, “El sonido de la muerte” propone una experiencia inquietante donde el oído se convierte en el eje del horror. Noyer construye una película que se distancia del terror convencional al situar el origen del miedo en la percepción sonora, desarrollando una narrativa que combina tensión psicológica con una exploración perturbadora de la mente humana.

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La historia sigue a Alexis, interpretada por Jasmin Savoy Brown, una joven que en su infancia pierde temporalmente la audición tras un evento traumático. Años después, cuando su capacidad auditiva regresa de manera inesperada, descubre que ciertos sonidos despiertan en ella reacciones extremas y peligrosas.

A partir de esta premisa, la trama se adentra en un terreno oscuro donde arte, violencia y placer sensorial se entrelazan de forma inquietante. El guion avanza de manera progresiva, revelando poco a poco la complejidad psicológica de la protagonista y evitando explicaciones simplistas.

La dirección de Alex Noyer destaca por su enfoque atmosférico. El realizador privilegia encuadres cerrados y movimientos de cámara contenidos que refuerzan la sensación de aislamiento. La iluminación tenue y los espacios reducidos potencian la intimidad perturbadora del relato.

Más que recurrir a sobresaltos constantes, el director apuesta por una tensión sostenida que se apoya en el detalle y en la sugestión. Se percibe una intención clara de explorar el terror desde una perspectiva sensorial más que visual.

En el plano actoral, Jasmin Savoy Brown sostiene la película con una interpretación intensa y matizada. Su trabajo logra transmitir vulnerabilidad y, al mismo tiempo, una transformación progresiva hacia estados emocionales cada vez más extremos. La actriz construye un personaje complejo, mostrando una evolución interna creíble.

Lili Simmons, en el papel de Marie, aporta equilibrio al relato con una presencia que contrasta con la inestabilidad de la protagonista. Por su parte, James Jagger ofrece una actuación que complementa el entorno oscuro en el que se desarrolla la historia, contribuyendo a la tensión dramática.

Uno de los aspectos más sobresalientes es el diseño sonoro. La película convierte el audio en protagonista absoluto: frecuencias graves, vibraciones casi imperceptibles y variaciones abruptas de intensidad generan una incomodidad constante. El espectador no solo observa la historia, sino que la experimenta a través del sonido.

En cuanto a los efectos visuales, la producción mantiene una línea sobria. No se abusa de recursos digitales; en cambio, se prioriza la ambientación y el trabajo práctico para sostener la credibilidad del relato. Cuando la violencia se hace presente, la cámara no siempre la muestra de forma explícita, permitiendo que la imaginación complete lo que no se ve.

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En conjunto, “El sonido de la muerte” se presenta como una obra arriesgada dentro del cine de terror contemporáneo. Alex Noyer apuesta por una experiencia que incomoda desde lo sensorial y que invita a cuestionar la relación entre percepción y violencia. Más que ofrecer sustos inmediatos, la película propone una inmersión en la fragilidad de la mente humana, recordándonos que el horror puede habitar en aquello que escuchamos y en lo que creemos escuchar.

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