Cultura

Reseña | ‘Nosotros, mi papá y el perro’: Comedia ecuatoriana de calidad

‘Nosotros, mi papá y el perro’ es una comedia que invita a reír, reflexionar y mirar la vida adulta con humor y honestidad, reconociendo que, al final, todos formamos parte de ese “nosotros”.

El cine ecuatoriano inicia el año con una propuesta que se atreve a mirar de frente una etapa incómoda, muchas veces silenciada, pero profundamente humana: la crisis de la mediana edad. Este 5 de febrero se estrena en todo el país ‘Nosotros, mi papá y el perro’, película nacional que combina humor, honestidad y sensibilidad para hablar de familia, vínculos y emociones reconocibles para cualquier espectador.

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Dirigida y escrita por Pablo Arturo Suárez, la cinta propone una mirada íntima y cercana sobre la vida cotidiana, apoyándose en diálogos naturales y situaciones que remiten a experiencias comunes. Lejos de idealizar a la familia, la película se adentra en sus contradicciones, silencios y afectos, convirtiendo el hogar en el escenario principal de una historia donde los conflictos emocionales funcionan como motor narrativo.

La trama se centra en Sebastián, interpretado por Alejandro Fajardo, un hombre que atraviesa el quiebre de su estabilidad personal y profesional. Tras perder su trabajo como profesor universitario, se ve obligado a replantearse su lugar en el mundo, enfrentando frustraciones acumuladas y decisiones que arrastran consecuencias inevitables. A partir de este punto, la película explora el desconcierto propio de quienes sienten que el tiempo avanza más rápido de lo esperado.

Uno de los ejes más interesantes del filme es su aproximación a la masculinidad desde un lugar vulnerable. La historia no presenta héroes ni villanos, sino personajes atravesados por errores, miedos y emociones contenidas. La crisis de los cuarenta se convierte así en un espejo que refleja relaciones de pareja desgastadas, vínculos familiares tensos y preguntas sin respuestas claras sobre el sentido de la vida adulta.

Conocido por su trayectoria en el drama, Alejandro Fajardo asume aquí el desafío de una comedia de humor negro, aportando matices que equilibran lo trágico y lo irónico. Su interpretación se sostiene en una naturalidad que permite al público identificarse con su personaje, incluso en sus contradicciones más incómodas. El director ha descrito el espíritu del filme como una vida que se desboca y obliga a detenerse, tomar control y replantear el rumbo.

Aunque profundamente arraigada en la realidad ecuatoriana, en sus espacios, acentos y dinámicas familiares, la película trasciende lo local al abordar temas universales como el paso del tiempo, el desgaste del amor y la dificultad de comunicarse. Esta resonancia se ha reflejado en su recorrido internacional, reconocida con importantes galardones, entre ellos Mejor Película en el International New York Film Festival – Diamond Globe Awards, así como Premio del Jurado y Mejor Actor en el Festival de Cine de Rengo (Chile), consolidando su recepción tanto crítica como del público.

El guion, desarrollado por Pablo Arturo Suárez junto a Ave Jaramillo y Daniela Granja, apuesta por un humor que nace de lo cotidiano y que invita a reírse de uno mismo. Los diálogos reproducen la forma real en que las familias se hablan, es decir, con afecto, ironía, reproches y silencios, lo que fortalece la identificación del espectador con la historia.

El elenco, integrado también por Monserrat Astudillo y Carolina Pérez Flor, construye personajes sólidos que representan distintas generaciones y formas de entender el amor, la maternidad, la pareja y el fracaso. La película no esquiva temas incómodos como la infidelidad, el divorcio, el desencuentro emocional y sus efectos en los hijos, planteando preguntas abiertas más que respuestas definitivas.

Un elemento singular del relato es la presencia de un perro, figura silenciosa pero constante, que acompaña los cambios emocionales de la familia y se convierte en testigo del paso del tiempo y de las transformaciones internas de sus protagonistas. Este recurso aporta calidez y una lectura simbólica sobre la lealtad y la compañía incondicional.

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En el plano visual, la fotografía de Xavier Zurita convierte los espacios en extensiones emocionales del protagonista, mientras la música acompaña con sutileza el recorrido interior de la historia. El filme también incorpora la diversidad cultural y lingüística como reflejo de una sociedad en constante cambio, utilizando la confusión y el cruce de lenguajes como metáfora de la incertidumbre vital.

En definitiva, ‘Nosotros, mi papá y el perro’ es una comedia que invita a reír y reflexionar. Una película que propone mirar la vida adulta con humor y honestidad, reconociendo que, al final, todos formamos parte de ese “nosotros” construido entre afectos, errores y aprendizajes compartidos.

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