¿Cada cuánto debe ir una mascota al veterinario? La importancia de los chequeos según expertos
Una mascota que no muestra síntomas también necesita revisión. Especialistas explican cómo la medicina preventiva detecta enfermedades que avanzan en silencio.
Existe una creencia generalizada entre los tutores de que si un perro o un gato come, juega y mantiene su energía habitual, su salud está intacta. Sin embargo, la medicina veterinaria preventiva señala que la ausencia de síntomas evidentes no garantiza el bienestar interno de los animales de compañía.
De acuerdo con Iveth Higuera, jefe médico de Multipet Clínica Veterinaria, tanto los canes como los felinos deben asistir a controles preventivos al menos tres veces al año, independientemente de que su aspecto sea saludable.
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“La medicina veterinaria no debe comenzar cuando la mascota se enferma. Nuestro objetivo es anticiparnos a los problemas mediante controles preventivos periódicos", explicó la especialista, quien añadió que esperar a la manifestación de dolencias visibles suele retrasar diagnósticos de enfermedades que llevan meses o años desarrollándose de forma silenciosa.
¿Qué evalúa un profesional en una consulta de rutina?
Un chequeo preventivo va mucho más allá de una revisión superficial. Durante la consulta, el médico veterinario ejecuta un examen físico integral que contempla:
Según los antecedentes, la raza y la edad del paciente, la clínica puede sugerir exámenes complementarios como hemogramas, perfiles hepáticos y renales, ecografías o radiografías. Estas herramientas permiten evaluar órganos vitales a tiempo; por ejemplo, la función renal en los felinos (propensos a la enfermedad renal crónica) o la predisposición cardíaca y oncológica en ciertas razas de perros.
El factor edad: Requerimientos cambiantes
El ciclo de vida de los animales domésticos determina la frecuencia y el enfoque de las visitas a la clínica:
Patologías invisibles en el hogar
Los chequeos médicos periódicos permiten descubrir afecciones que los cuidadores suelen pasar por alto en la rutina diaria. Entre los hallazgos clínicos más habituales se encuentran la enfermedad periodontal, problemas dermatológicos vinculados a trastornos endocrinos u hormonales, y las otitis de inicio temprano, donde los tutores confunden la acumulación patológica de cera con suciedad normal.
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Asimismo, la palpación y pesaje profesional resultan determinantes para la identificación oportuna de masas extrañas, variaciones drásticas de peso o problemas articulares incipientes que el animal, por su instinto de supervivencia, tiende a camuflar en casa.