Canchimalero, en Esmeraldas: un paraíso que el mar amenaza con borrar

El mar ya se ha llevado viviendas y decenas de metros de terreno. Cerca de 100 familias resisten en un territorio que muestra lo que podría repetirse en otras zonas costeras de Ecuador.

Hasta la línea roja era el territorio de Canchimalero. El mar ha ido ganando terreno con el paso de los años.
Nicole Landín Jurado

Son las seis de la tarde. Cerca de 20 niños nadan, juegan y corren en un pequeño recinto en uno de los últimos rincones del norte de Esmeraldas. El lugar no es como cualquier otro: el atardecer, combinado con la vista hacia el océano Pacífico y el manglar, parece sacado de una película de aventuras.

Este pequeño recinto afroecuatoriano se llama Canchimalero y está en la Reserva Ecológica Manglares Cayapas-Mataje. Allí, la vida comunitaria gira alrededor del mar: la gastronomía, la convivencia y los recursos económicos siempre salieron del océano. Pero esa vida, desde hace 10 años, está en riesgo de desaparecer.

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El territorio de Canchimalero ha cedido ante el aumento del nivel del mar, los fuertes aguajes y oleajes. Donde antes habían casas, árboles y espacios donde jugaban los niños, hoy hay arena y agua, en una suerte de presión del mar por acorralar a este pueblo lleno de gente cálida y alegre.

A esto se suma la reducción de recursos pesqueros por el incremento de la temperatura del mar, que aleja a los pescados, y otros factores que, provocaron que pescadores de la zona prefieran dedicarse a otras actividades.

Estos efectos del cambio climático, que ya viven los habitantes de Canchimalero, no es algo que recién se advierte. Climate Central, una organización sin fines de lucro que analiza datos de cambio climático, aumento del nivel del mar y eventos meteorológicos extremos desde 2008, incluyó a Ecuador en su mapa de aumento del nivel del mar hace más de 10 años.

Daniel Rizza, especialista senior de esa ONG, asegura que para 2050 la línea base del mar aumentará entre 17 a 18 centímetros a lo largo de la Costa de Ecuador. En el caso de Canchimalero, el mapa muestra que ese territorio será altamente vulnerable a sufrir de inundaciones en ese año.

Fotografía de los manglares que rodean a la comuna de Canchimalero, ubicado al norte de Esmeraldas.

Lo que el mar se llevó

Canchimalero es conocido, sobre todo, por la emblemática fiesta de San Martín de Porres, el santo negro. Con turbantes, atuendos coloridos, música y bailes; la procesión acuática en la que participan cerca de 36 embarcaciones llegan para la misa y los rituales tradicionales como el cántico de arrullos que se remonta desde 1967.

Para llegar allí hay que ir hasta la parroquia La Tola, donde está el último punto de la carretera. Allí hay un pequeño muelle donde se agarran las lanchas para llegar a la isla de Limones. En el camino se atraviesan los manglares de Majagual, que tienen los árboles de mangle más altos del mundo y que pueden alcanzar una altura de hasta 68 metros.

Canchimalero está en un pequeño costado de la isla. Una de las primeras casas que se observa al llegar es la de Segundo Benítez, de 58 años; lleva casi la mitad de su vida en esa comuna.

Don Segundo, como le dicen en el pueblo, ya perdió una casa y la que tiene actualmente parece que va por el mismo camino.

Todos los días se levanta a las tres de la mañana para sacar todos los sedimentos que el agua arrastra hasta su hogar. “Los palos la tumban y el golpe de las olas la desbaratan. Tengo que arreglarla para que no se caiga porque no existe la comodidad (dinero) para ir más adentro y hacer otra casa”.

De nada sirvió endeudarse con 4.000 dólares para construir su actual vivienda que está por ser arrastrada por el mar. Para él, esa cifra representa hacer más de 200 salidas a pescar langostinos, que es su actividad de sustento. Hoy incluso esa fuente de ingresos es amenazada por la proliferación de la jaiba mora, un crustáceo que daña las redes de pesca y que justamente aparecen por el calentamiento del agua. “Aveces uno agarra solo cinco libras y no le alcanza ni para la gasolina”.

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Él entiende que en cualquier momento se quedará nuevamente sin casa. De hecho, a un costado permanecen los rezagos de las tuberías del desagüe que tenían otras viviendas que ya fueron arrasadas por el mar.

Don Segundo ya perdió una vivienda por el avance del mar. La casa en la que vive ahora también está en riesgo.

Desde la Unidad de Gestión de Riesgos de Desastres de la Prefectura de Esmeraldas identifican a Canchimalero como un territorio de alta vulnerabilidad ante deslizamientos, movimientos de masa, hundimientos y socavamientos.

A unos cuantos metros de la casa de Segundo se encuentra un pequeño refugio improvisado que fue levantado en el edificio de una antigua escuela. Esa construcción, que combina tablas de madera, zinc oxidado y cemento, sirve como hogar provisional para cinco familias que perdieron sus casas.

Fotografía del albergue improvisado que está en Canchimalero. Allí se refugian cinco familias que perdieron sus casas por el avance del mar.

Uno de sus habitantes es Johny Monrroy, de 57 años. Él vivía con su papá, sus hermanos y su compadre. Cuando su padre falleció, ellos se quedaron con la casa que ya estaba en riesgo, hasta que una noche finalmente ocurrió lo previsto.

La naturaleza venía acosando y acosando hace algún tiempo, hasta que la marejada entró y se llevó las casas de noche. Todo amaneció en el suelo y tuvimos que salir para no quedarnos atrapados. Lo poquito que teníamos se perdió”, recuerda.

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Hoy, Johny no tiene los recursos para construir una nueva casa, así que permanece en un pequeño cuarto en lo alto del refugio, con las pocas cosas que rescató. Su trabajo de pescador artesanal apenas le da 40 dólares a la semana, cinco veces menos de lo que ganaba en otras épocas. Y aunque no sabe con certeza qué pasará con él, sí tiene algo claro:

Vistazo se contactó con el Gobierno Autónomo Descentralizado de Eloy Alfaro para conocer las acciones de adaptación y mitigación que están tomando en esta localidad, pero hasta el cierre de este reportaje no se obtuvo respuesta.

Fotografía de Johny Monroy, uno de los habitantes del albergue, en su pequeño cuartito.

Un problema que se agrava

Que una población de la costa norte del Ecuador esté cada vez más sumergida por el agua no es casualidad. Un informe de Naciones Unidas reveló que el aumento del nivel del mar alcanzó un máximo histórico: pasó de unos 2,1 milímetros anuales entre 1993 y 2022, a 4,7 milímetros entre 2015 y 2024.

Detrás de estas cifras hay cerca de 900 millones de personas en todo el mundo que viven en zonas costeras de baja elevación y que están expuestas.

En Canchimalero, por ejemplo, hay aproximadamente 100 familias que han vivido allí por generaciones y que ahora deben construir más lejos de la costa para que el agua no se lleve sus enseres. Pero, ¿cuál es la razón detrás de esto? El nivel medio global del mar es la altura promedio de los océanos en el mundo y ésta ha aumentado de forma constante en el último siglo.

Desde Climate Central explican que este aumento ocurre por dos razones: el agua del océano se expande a medida que se calienta (ocupa más espacio) y ese calentamiento, a su vez, derrite el hielo de los casquetes polares y los glaciares, que será un factor determinante en el futuro. A esto se le añade otro causante.

Pese a que existe una tendencia al alza, el nivel medio del mar no aumenta de forma lineal. Tiene variaciones temporales a partir de fenómenos naturales o de épocas estacionales. Por ejemplo, con el fenómeno de El Niño ya en desarrollo, el océano se calienta más de lo normal y el incremento de lluvias puede provocar un aumento de ese nivel.

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De hecho, por lluvias vinculadas a este fenómeno, el cantón Eloy Alfaro, al cual pertenece Canchimalero, fue declarado en emergencia por el desbordamiento de los ríos Pambil, Cayapas y Onzole. Desde el departamento de Riesgos de la Prefectura tienen identificado tres amenazas: lluvias intensas, oleajes y deslizamientos en todo el perfil costero. Específicamente en los cantones San Lorenzo y Eloy Alfaro existirán daños en infraestructura porque varias de sus comunidades están cerca del mar.

Fotografía del avance del mar en el territorio de Canchimalero, al norte de Esmeraldas.

Volver a la raíz

Desde que el agua se tomó cada vez más la playa de Canchimalero, José Ángel Olmedo, también conocido como ‘Manaba’, calcula que se perdieron alrededor de 20 casas. Olmedo, quien es presidente de la comuna, calcula que alrededor de 120 metros de terreno del recinto, que antes servía para casas y el resto de actividades, está bajo el agua.

Desde la puerta de su cocina tiene una vista panorámica del mar. Pero lejos de ser un paisaje privilegiado, es todo lo contrario. Donde antes estaban sus pequeñas plantaciones de guanábana, coco, chillangua y orégano de monte en el patio de su casa, ahora hay agua.

En la parte de atrás, donde antes habían plantaciones de coco, chillangua y orégano, ahora solo hay agua.

Tres días después de la visita de Vistazo, las olas golpearon con fuerza a la casa de ‘Manaba’ y se formó un pequeño socavón. Era de noche y él junto a su esposa, dos hijas y nieta pequeña tuvieron que recoger sus cosas para evitar un daño mayor.

Todos los testimonios de pérdidas, resignación y pedidos de ayuda de sus habitantes obliga a preguntarles: Si les dieran la posibilidad de irse a otra zona, ¿se irían? Todos dicen que no, que lo único que piden es que las autoridades evalúen la propuesta de construir un muro de contención. Pero, ¿esto realmente serviría?

“Son obras que ascienden al millón de dólares y para el sector de Canchimalero es difícil conseguir el material pétreo. Habría que llevar gabarras. Podría ser una solución paliativa, pero si el agua que ingresa supera el muro y se mete al continente, no va a tener un retorno. Entonces vamos a tener agua estancada y eso será un criadero de mosquitos”, destacan desde la Prefectura de Esmeraldas.

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Esto es algo en lo que coincide Eduardo Rebolledo, docente investigador de la PUCE, sede Esmeraldas. El experto asegura que cuando se analizan estos problemas, a menudo, se piensa en la catástrofe: las olas golpeando las estructuras y las pérdidas.

Pero no se toma en cuenta lo que viene después: se podrían salinizar todos los cuerpos de agua dulce temporalmente y la población no tendría cómo abastecerse, habría un riesgo de contaminación por el rebalse de pozos sépticos. Además tendrían más poblaciones de mosquitos por los charcos de agua y esto aumentaría las enfermedades relacionadas a vectores. Al final, se generaría un nuevo problema de salud pública.

Fotografía de Escobar Santos. Él vive en Canchimalero hace 40 años. Tuvo que colocar sacos para darle cierta firmeza al terreno donde se asienta su casa.

Entonces, ¿cuál es la solución? La respuesta está en la resiliencia comunitaria, tomar medidas de adaptación y volver al origen.

Mientras eso ocurre, Canchimalero sigue en riesgo. Aunque está rodeado de manglar, es una playa de arena y no tiene un frente que la proteja. El peor escenario sería que se combine una gran tormenta, aguaje y la dirección del viento apuntando a la comuna.

Frente a este riesgo que puede aumentar con el tiempo, la preparación también tendrá que partir de la propia comunidad. La recomendación es concreta: reunirse, definir un plan de escape e identificar con anticipación las embarcaciones más seguras.

Pero proteger Canchimalero no significa sólo evitar que el agua llegue a sus casas. También implica preservar una forma de vida construida alrededor del mar: la pesca, los cultivos, las fiestas, los arrullos y los vínculos que mantienen unida a esta comunidad. Porque si el mar continúa ganando terreno, no solo desaparecerán viviendas. También podría perderse, poco apoco, una manera de vivir que se forjó durante generaciones.