Naomi Watts recibe el cariño de San Sebastián: una trayectoria construida desde el riesgo
Durante la rueda de prensa, Watts se ha mostrado tranquila, accesible y profundamente agradecida.
Naomi Watts ha comparecido ante los medios en uno de los encuentros más conmovedores de la 74.ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. La intérprete y productora británico-australiana será distinguida con el Premio Donostia, reconocimiento con el que el certamen pone en valor una carrera de más de treinta años definida por la constancia, la amplitud de registros y la voluntad de explorar territorios exigentes.
Durante la rueda de prensa, Watts se ha mostrado tranquila, accesible y profundamente agradecida. La actriz ha evocado los años de incertidumbre que precedieron a su consolidación profesional y las dificultades que tuvo que superar hasta abrirse camino en el cine. El gran punto de inflexión llegó con Mulholland Drive, la película de David Lynch que la situó en el panorama internacional y descubrió a una intérprete especialmente dotada para moverse entre la vulnerabilidad, el enigma y las zonas más inquietantes de la condición humana.
Aquel trabajo dio paso a una filmografía desarrollada junto a autores de estilos muy distintos. Alejandro González Iñárritu, Peter Jackson, David Cronenberg, Michael Haneke, Clint Eastwood y Juan Antonio Bayona figuran entre los directores que han contado con ella a lo largo de su trayectoria.
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Sus interpretaciones en 21 gramos y Lo imposible le valieron sendas candidaturas al Óscar. En San Sebastián, Watts también ha abordado uno de los grandes problemas de la industria: la reducción de oportunidades para las actrices a medida que cumplen años. A su juicio, el panorama empieza a avanzar y las mujeres mayores de cincuenta comienzan a ocupar relatos con más matices, identidad propia y distancia respecto a los moldes tradicionales.
La artista participa activamente en esa evolución no solo delante de la cámara, sino también mediante su faceta como productora y su compromiso con la salud de las mujeres. Para Watts, ampliar la variedad de experiencias femeninas representadas en la pantalla constituye una manera de impulsar un cambio que durante demasiado tiempo parecía improbable.
La intérprete ha expresado, además, su inquietud ante la expansión de la intolerancia y los discursos de odio. Frente a esa realidad, ha defendido la capacidad del cine para aproximarse a las contradicciones del ser humano, plantear interrogantes y favorecer conversaciones necesarias. Su intervención ha dejado la imagen de una creadora atenta al presente y convencida de que una historia bien contada todavía puede modificar nuestra forma de comprender a los demás.
Watts acude también al festival para presentar The Housewife, primera película dirigida por Ben Shirinian. La acción se sitúa en 1964 y gira alrededor de un periodista que investiga si una antigua criminal nazi vive oculta en Nueva York. El proyecto brinda a la actriz otra oportunidad de enfrentarse a un papel perturbador, lleno de conflictos éticos y alejado de cualquier lectura complaciente.
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Con la concesión del Premio Donostia, San Sebastián no distingue solamente una extensa relación de películas. También reconoce la resistencia de una actriz que supo convertir las negativas de sus comienzos en una razón para continuar y que ha mantenido intacta su curiosidad artística. El homenaje celebra a una intérprete audaz y sensible cuya carrera confirma que perdurar no basta: lo verdaderamente excepcional es conservar la capacidad de cambiar.