‘Hokum’: Buena dosis de terror psicológico
Hokum, ahora en cines, ha logrado consolidarse como una obra destacable dentro del cine de terror contemporáneo.
La película Hokum, dirigida y escrita por Damian McCarthy, constituye una propuesta de terror sobrenatural que combina elementos del folclore irlandés con una exploración psicológica del duelo, la culpa y la memoria.
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Tras el reconocimiento obtenido con sus anteriores trabajos, especialmente Oddity, McCarthy vuelve a demostrar una notable capacidad para construir atmósferas inquietantes a partir de espacios cerrados, silencios prolongados y personajes emocionalmente fracturados.
La historia sigue a Adam Scott en el papel de Ohm Bauman, un escritor de novelas de terror que viaja a un antiguo hotel rural en Irlanda con la intención de esparcir las cenizas de sus padres. Lo que inicialmente parece un viaje de despedida pronto se transforma en una experiencia perturbadora marcada por leyendas locales, apariciones y sucesos inexplicables que obligan al protagonista a enfrentarse a los traumas que ha intentado ocultar durante años.
Uno de los aspectos más destacados de la película es precisamente la construcción de su personaje principal. Adam Scott, ampliamente conocido por trabajos en comedia y drama televisivo, ofrece aquí una interpretación compleja y distante. Su personaje resulta incómodo para el espectador debido a su carácter arrogante, pesimista y emocionalmente hermético. Sin embargo, a medida que la narración avanza, el actor consigue revelar las grietas internas de un hombre consumido por la culpa y el dolor. La actuación evita los excesos melodramáticos y apuesta por una contención que termina resultando mucho más efectiva.
El elenco secundario aporta credibilidad al universo narrativo. Las actuaciones de David Wilmot, Peter Coonan y Florence Ordesh contribuyen a generar una sensación constante de incertidumbre. Ninguno de los personajes parece completamente confiable, lo que fortalece la tensión dramática y mantiene la atención del público. Cada uno cumple una función específica dentro del misterio central sin caer en estereotipos evidentes.
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Desde el punto de vista narrativo, Hokum se distancia de las fórmulas tradicionales del terror comercial contemporáneo. En lugar de depender exclusivamente de sobresaltos o escenas violentas, la película apuesta por una progresión lenta en la que la atmósfera adquiere mayor importancia que la acción. La leyenda de la bruja que habita el hotel funciona como una metáfora de los fantasmas personales que persiguen al protagonista. El verdadero conflicto no reside únicamente en la presencia sobrenatural, sino en la incapacidad de Ohm para reconciliarse con acontecimientos traumáticos de su pasado. Esta dimensión psicológica otorga profundidad a una historia que podría haber quedado reducida a un simple relato de casas embrujadas.
En términos visuales, la dirección de fotografía aprovecha de manera sobresaliente los paisajes rurales irlandeses y los interiores deteriorados del hotel. La iluminación tenue, los encuadres amplios y los corredores vacíos generan una sensación constante de amenaza. McCarthy demuestra nuevamente su habilidad para convertir espacios cotidianos en escenarios inquietantes. El hotel no es solamente un lugar físico; se transforma en una extensión de la mente atormentada del protagonista. Esta relación entre espacio y psicología constituye uno de los mayores logros estéticos de la película.
Los efectos especiales se utilizan con moderación y eficacia. A diferencia de muchas producciones recientes que dependen del exceso de imágenes generadas por computadora, Hokum privilegia la sugerencia y el suspenso. Las apariciones sobrenaturales son dosificadas cuidadosamente, permitiendo que la imaginación del espectador complete aquello que permanece oculto. Esta decisión contribuye a que la experiencia resulte más inquietante y menos artificial. La presencia de la figura de la bruja adquiere fuerza precisamente porque no es mostrada de manera permanente.
No obstante, la película presenta algunas debilidades. En ciertos momentos la trama incorpora demasiados elementos narrativos que compiten entre sí: el misterio policial, el drama psicológico, la leyenda folclórica y la investigación sobrenatural. Esta acumulación provoca que algunas subtramas no alcancen el desarrollo que merecen. Asimismo, el ritmo pausado que caracteriza a la obra puede resultar exigente para quienes esperan un terror más dinámico o convencional.
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A pesar de estas irregularidades, Hokum logra consolidarse como una obra destacable dentro del cine de terror contemporáneo. Su principal fortaleza radica en la combinación de horror atmosférico y exploración emocional. Damian McCarthy demuestra que el género puede funcionar como una herramienta para reflexionar sobre la culpa, la pérdida y la necesidad de encontrar redención. La película no busca únicamente provocar miedo; también invita a considerar cómo los recuerdos traumáticos pueden convertirse en presencias tan perturbadoras como cualquier entidad sobrenatural.