Educación en Ecuador: 66% de los niños de 10 años no alcanza habilidades básicas de lectoescritura

Hay desafíos que se arrastran desde hace años: brechas socioeconómicas, exclusión educativa y dificultades de aprendizaje que comienzan desde la primera infancia.

Fotografía referencial de un niño leyendo en la sala de su casa.
Redacción Vistazo

Margarita cuenta que su hijo desde muy pequeño se mostraba interesado en ir a la escuela. Este año lectivo ingresó a educación inicial 2 y estaba muy contento con las clases, pero todo se detuvo porque su centro educativo está ubicado cerca de un sector industrial al norte de Guayaquil y las fugas de amoniaco y otros químicos ponían en peligro la salud de estudiantes y profesores, por lo que tiene sus puertas cerradas al momento.

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Ahora estudia de manera virtual y recibe su colación escolar (leche saborizada y galletas) en porciones para varias semanas, hasta que se decida que va a pasar con este centro. “Pero él extraña su escuelita”, dice su madre.

Es un caso muy puntual pero muestra cómo el deseo de aprender de los estudiantes y el de enseñar de los docentes se enfrenta con diversos desafíos en la educación en Ecuador y los resultados se evidencian en la evaluación realizada por los países de la OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y las pruebas Pisa (siglas en inglés del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos).

Ecuador cae en Ciencias, Matemáticas y Lectura

Hay que destacar que tanto en lectura como en matemáticas, se registra una caída global en estas pruebas que se realizaron en 2025 y cuyos resultados se hicieron públicos el 7 de septiembre en París. Las rindieron más de 760 mil jóvenes de 15 años de 91 países, esta evaluación no considera conocimientos memorizados sino habilidades aplicadas a la resolución de problemas.

Latinoamérica, en general, decreció en sus resultados. Ecuador también cayó y no solo en Lectura y Matemáticas, como es la tendencia mundial, sino también en ciencias.

Los estudiantes del Ecuador obtuvieron 393 puntos en Ciencias, 366 en Matemáticas y 385 en Lectura, lo que lo ubica por debajo del promedio latinoamericano, con diferencias de 6 puntos en Ciencias y 4 puntos en Matemáticas y Lectura, respectivamente. Y con respecto a la misma prueba realizada en 2027, el país muestra un decrecimiento de 7 puntos en Ciencias, 24 en Lectura y 11 en Matemáticas.

Estos resultados no sorprenden a la doctora Ana María Beltrán, decana de la facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Educación de la UTPL, porque señala que se venía observando en los últimos años una tendencia al decrecimiento de las habilidades de comprensión lectora y de comprensión lógica matemática en Ecuador y el mundo.

Agrega que no se debe satanizar ni a los niños ni a los docentes como culpables de los resultados, sino que hay que hacer una introspección a nivel país para analizar lo que arrojó la evaluación de la OCDE y abordarlo desde diversas dimensiones.

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Señala que las universidades que forman maestros deben transmitirles el mensaje de que cada clase que dé es una oportunidad de aprendizaje y la importancia de emplear los recursos de los que dispone de manera creativa, “un profesor recursivo forma niños recursivos”, dice y agrega que la educación no es una disciplina encerrada en su campo.

“Necesitamos nuevas miradas. Las nuevas alfabetizaciones implican que los estudiantes aprendan a convivir con un entorno tecnológico que no se va a ir, hay que darles las herramientas para que tengan un mirada crítica ante la información que reciben en los dispositivos y también conocer sus riesgos”, expresa.

La doctora Beltrán aborda un aspecto incuestionable, un niño que no se nutre bien, que no descansa adecuadamente es un niño que no va a rendir en sus estudios”, señala. Al respecto, un dato interesante que aporta el informe del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, Ineval es que los estudiantes socioeconómicamente desfavorecidos obtuvieron, en promedio, 86 puntos menos que sus pares favorecidos en Ciencias, 87 puntos menos en Lectura y 68 puntos menos en Matemáticas.

Antes de conocerse los resultados de estas pruebas, que ya los anticipaba la consultora de educación finlandesa Ana Vohlonen, durante su intervención en el Foro ODS Leaders Summit 2026 de revista Vistazo:

La socióloga resaltó que el 66 por ciento de los niños de 10 años de Ecuador no han adquirido las habilidades básicas de lectoescritura, el factor clave para todos aprendizajes de la vida, el que abre horizontes mentales y fomenta el pensamiento crítico. Agregó que los desafíos que presenta la educación en el país aparecen en todas las etapas, desde el inicio de la vida.

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Los primeros 1.000 días marcan el desarrollo

Más allá de metodologías pedagógicas, aparece el reto de los 1000 primeros días, aquellos que transcurren entre la concepción hasta cumplir dos años de vida.

En esta etapa, factores como controles prenatales y consumo de vitaminas y suplementos por parte de la madre durante el embarazo, sumados a que el niño reciba lactancia materna exclusiva desde el nacimiento hasta los seis meses, una alimentación complementaria adecuada a partir de ese momento y cumplir el esquema de vacunación y revisiones pediátricas hacen una diferencia no solo su salud física sino también en su desarrollo cognitivo.

Por lo determinante de este periodo desde diferentes ministerios se ofrecen incentivos y estrategias para que más madres embarazadas y niños puedan beneficiarse.

Fotografía durante una revisión médica a un bebé de pocos meses de nacido.

Pero además de la alimentación y cuidados de salud, Vohlonen lanzó un dato estremecedor: “en la primera infancia tienen tanto impacto cerebral la violencia como la desnutrición”. Ese estrés crónico que genera tanto la negligencia como la violencia tienen repercusiones en la vida del niño y del futuro adulto en el que se convertirá. Un tema que en la mayoría de los casos ocurre puertas adentro del hogar.

Una de las pedagogas entrevistadas para este tema, Margoth Iriarte Solano, doctora en Educación de la UTPL, cuenta una anécdota que vivió con una niña de una escuela rural que se negaba a aprender a leer, cada vez que intentaba sumergirla en el aprendizaje con el tradicional “mi mamá me mima”, la niña se alejaba.

La vocación de la docente la llevó a profundizar en qué había detrás de este rechazo. Cuando la niña le dijo, “mamá no, Domitila quiero aprender”, se descubrió que la tía llevaba este nombre y era quien estaba a cargo de la crianza de la niña que había sido alejada de su madre al comprobarse los maltratos físicos que realizaba contra su hija.

Actos como éste sólo se logran con maestros comprometidos con el aprendizaje y desarrollo integral de sus alumnos y refuerzan las recomendaciones de Vohlonen con respecto a invertir en la formación de los docentes, tanto en su formación inicial como en la continua, “más allá de los técnico y pedagógico, acompañarlos de modo que no se sientan solos y abandonados en sus escuelas sino valorados y cuidados”, señala.

Maestros motivados crean alumnos motivados, reafirma la doctora Iriarte, vicedecana de Ciencias Sociales, Humanidades y Educación de la UTPL y apunta a la importancia de un análisis al cómo se está enseñando a los niños y descubrir qué se debe replantear en las metodologías y recursos.

Con respecto a la importancia de desarrollar la comprensión lectora expresa que no solo se trata de cuánto se lee sino qué tanto se comprende. Menciona que, justamente, por la importancia que tiene la comprensión lectora es importante que los maestros y quienes los forman revisen el sentido y el significado del proceso de aprendizaje más allá de la entrega de información.

Fotografía durante una jornada de formación a docentes ecuatorianos.

La exclusión educativa aumenta en la adolescencia

Los maestros motivados se unen en las aulas con niños que desde la educación inicial, en su mayoría, sí quieren aprender, con el disfrute de saber más, de ir descubriendo el mundo. Este interés sufre una caída en los años posteriores.

Ana Vohlonen expone que, si bien en la educación básica hay una tendencia creciente de matrícula, en los adolescentes de entre 12 a 14 años empieza la caída en la asistencia a clases. “La exclusión educativa en lugar de bajar, sube. Se registraba en 220 mil hace cinco años y ahora la cifra está en 267 mil. La falta de recursos económicos es la principal causa pero la desmotivación afecta principalmente a los hombres”.

Al consultarle sobre este tema a la psicóloga clínica Maricruz Matamoros, responde que desde su experiencia con adolescentes y jóvenes estudiantes de universidad, encuentra que en la mayoría hay entusiasmo al iniciar sus carreras pero que decrece después por diferentes factores.

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“Llegan con la intención de terminar su carrera pero la deserción en las universidades, según estudios de la Fundación Friedrich Ebert Stiftung, el 24 por ciento de jóvenes accede a la universidad pero solo el 5 por ciento culmina su carrera en Ecuador”.

Agrega que las razones por las que llegan a la educación superior pueden ser las que los hagan tambalear en cuanto a su decisión de continuar, unos vienen por presión familiar para ser profesionales, otros estudian con becas que les fueron otorgadas para una carrera que no es la que ellos querían seguir, otros se retiran por problemas económicos.

Por otra parte, percibe que cuando llegan a la parte intermedia de los estudios, segundo o tercer año, empieza a sentir una ansiedad por lo que va a suceder cuando terminen sus estudios, si necesitarán un posgrado y cómo lo van a pagar o si pueden empezar a ganar dinero de inmediato, “ya quieren tener sus cosas o ayudar económicamente a su familia, empiezan a enviar hojas de vida y las empresas exigen títulos y experiencia, lo que les genera frustración, sobre todo en las carreras que no permiten ejercer sin terminar la carrera”.

Concluye mencionando que, además de la ansiedad por la inmediatez que caracteriza a los tiempos actuales, la realidad socioeconómica tiene que mucho que ver con la forma en que, desde los primeros escalones los estudiantes miran hacia arriba y ven el gran tramo que les falta recorrer para obtener su título y empezar a recibir ingresos. Es aquí donde muchos abandonan el desafío.