Crisis femeninas: ¿Por qué las mujeres son más resilientes ante los momentos difíciles?

En diferentes etapas de la vida, las mujeres pueden atravesar momentos de confusión, dolor, ansiedad o miedo. Una especialista en salud mental nos habla de la resiliencia femenina y nos da herramientas para encontrar oportunidades de crecimiento.

La crisis femenina se define como un punto de quiebre. Según explica la psicóloga Lorena Barona, puede deberse a diversos factores, desde una ruptura amorosa o de amistad, hasta inestabilidad financiera, estrés o una enfermedad. Sin embargo, hay un elemento clave que marca la diferencia en la forma en que una mujer atraviesa estos procesos: la resiliencia, esa capacidad de adaptación que, según investigaciones, suele ser mayor que en los hombres.

Un estudio de la Universidad de Buffalo, en Estados Unidos, descubrió que las mujeres tienen una mejor respuesta frente al estrés crónico, en parte gracias al efecto protector del estrógeno. No obstante, la ventaja no es únicamente biológica. Factores ambientales y sociales también influyen: las mujeres suelen tener mayor espacio para expresar emociones y buscar apoyo. De hecho, la investigación señala que las mujeres viven más que los hombres incluso durante hambrunas y epidemias graves.

Para la mujer actual, la crisis no es un estado de parálisis, sino un mecanismo de evolución, señala la especialista. A diferencia de otros procesos, suele estar marcada por una dualidad: mientras se atraviesa el dolor emocional, aparece casi de forma instintiva la capacidad de seguir siendo el apoyo fundamental del hogar, incluso mientras se procesa el propio duelo.

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El don del multitasking femenino

La terapeuta comenta que la crisis femenina tiene características particulares. Mientras una mujer llora una ruptura o recibe una noticia difícil, a la par puede verificar si el niño tomó el jarabe, resolver un pendiente laboral o definir qué habrá para la cena. Esta capacidad de alternar responsabilidades permite que la crisis se viva como un proceso dinámico.

La crisis es algo que se rompe, y precisamente por eso hay que analizarlo. Es en ese quiebre donde la persona logra evolucionar”, afirma la psicóloga Lorena Barona.
$!Las mujeres abordan las crisis sin dejar sus otras actividades de lado, por eso se habla de que tienen un don para el multitasking.

La experta en salud mental añade que a las mujeres suele resultarles más fácil desconectarse de un episodio y pasar a otro, así como buscar ayuda profesional cuando lo necesitan.

Un estudio sobre el impacto social en el bienestar emocional, elaborado por Therapyside, plataforma de terapia psicológica online, reveló que en 2022 hubo un incremento del 70 % de personas que iniciaron terapia online respecto al año anterior. Las mujeres representaron la mayor demanda: un 68,9 %, frente al 31,1 % de los hombres.

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Síntomas frente a una crisis

El estrés y la ansiedad son las respuestas más comunes ante una crisis. Estos estados pueden derivar en manifestaciones físicas y emocionales como insomnio, dolores de cabeza o comer por ansiedad.

$!Ante la ansiedad y el estrés que las mujeres pueden sentir durante una crisis uno de los síntomas físicos que puede experimentar es el dolor de cabeza.

Aunque la ansiedad y el estrés pueden ser útiles en situaciones de peligro, ya que activan mecanismos de supervivencia, el problema surge cuando la persona se estanca en ese estado. Es ahí cuando afloran emociones no resueltas como la culpa, el rechazo, la sensación de injusticia e incluso crisis de identidad.

Aunque las crisis femenina puede deberse a múltiples factores, la especialista explica que suelen adquirir matices distintos según la etapa vital que se atraviesa.

  • En los 20: Esta etapa suele estar marcada por el peso de abandonar el nido y enfrentar una madurez temprana. A diferencia de los varones, cuya madurez se sitúa cerca de los 25 años, muchas mujeres alcanzan una madurez funcional alrededor de los 22. Esto puede generar la primera gran crisis, asociada al choque de expectativas entre metas personales y el entorno, la independencia económica y emocional y la comparación social y la autoexigencia profesional.
  • En los 30: Es la etapa del ‘checklist’ y del reloj biológico. Se cruzan la realización profesional y la presión biológica. Muchas mujeres ya son independientes y exitosas, pero aparece la presión de ‘ tenerlo todo’: pareja, casa, estabilidad y éxito, cumpliendo una lista mental muchas veces autoimpuesta. En esta década, generaciones como la Millennial (1981-1996) y la Z (1997 y 2012) viven el dilema de la maternidad, que suele postergarse por motivos profesionales, económicos o de estilo de vida. El reloj biológico empieza a generar ansiedad incluso en mujeres con la vida resuelta. En quienes deciden no ser madres, la crisis surge por el cuestionamiento social y el sentimiento de injusticia. Además, muchas mujeres asumen el rol de principal sostén emocional de la pareja, lo que añade una carga adicional.
  • A los 40: Esta etapa suele estar ligada a la reinvención y la consciencia de brechas. A pesar de la experiencia adquirida, las crisis aparecen por injusticias profesionales, rupturas emocionales o cambios físicos. Muchas mujeres atraviesan crisis al constatar brechas salariales u oportunidades limitadas asociadas al ‘riesgo’ de la maternidad. Tras un divorcio, no son pocos los casos en los que deben reconstruirse, retomar el trabajo y asumir la mayor responsabilidad en la crianza. Todo esto ocurre mientras se hacen visibles los signos del paso del tiempo y la crisis de identidad se intensifica por las comparaciones en redes sociales. El estrés puede manifestarse en insomnio, trastornos alimenticios, culpa o crisis de pánico. “Una cosa es cuidarse por autoestima y otra transformarse por comparación”, advierte la experta.
  • A los 50 y más: La transición hacia la menopausia, que puede comenzar alrededor de los 45 años, suele detonar una crisis. No solo se trata de un duelo hormonal, sino también de la juventud y de ciertos roles. Aparecen alteraciones del sueño, del deseo sexual y de la salud ósea o tiroidea. En algunos casos surgen problemas de salud importantes, por lo que la ayuda psicológica resulta fundamental. La especialista insiste en separar la feminidad de la capacidad reproductiva. Esta etapa también tiene aspectos positivos: una mayor calma, el redescubrimiento de la pareja y nuevos desafíos, como la jubilación o el cambio de roles cuando los hijos forman sus propias familias. En muchos casos, la mujer empieza a cuidar de sus propios padres, enfrentando de cerca la mortalidad. Para vivir este tiempo con mayor plenitud, la especialista recomienda iniciar el autocuidado mucho antes: alimentación equilibrada, ejercicio regular, suplementación, salud preventiva y planificación financiera, así como un trabajo emocional que permita llegar a la edad de la plenitud con menos carga.
  • Transformar la crisis en oportunidad

    Para que las crisis no ‘golpeen tan fuerte’, la psicóloga sugiere:

  • Practicar el autocuidado desde edades tempranas.
  • Buscar apoyo médico y psicológico oportuno.
  • Resolver duelos pendientes.
  • Establecer límites claros.
  • Eliminar la culpa falsa y reconocer lo dado en cada etapa.
  • Utilizar la escritura terapéutica como herramienta de liberación emocional.
  • Mantener sueños y proyectos en cualquier etapa de la vida.
  • La crisis del nido vacío

    Cuando los hijos dejan el hogar, la crisis suele centrarse en el reencuentro con la pareja y la redefinición del propósito personal. Es una respuesta emocional natural a un cambio importante en la dinámica familiar.

    Puede aparecer a los 50, 60 o más, especialmente cuando la relación de pareja no es sólida o no existen intereses propios más allá de la maternidad o paternidad. En estos casos, reconectar, vivir un día a la vez y soltar expectativas no cumplidas permite valorar lo sembrado, recordando que, aunque el cuerpo cambie, el valor personal permanece intacto.

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