Alejandra y Ariela, las hijas adoptivas de Karla Morales | Vistazo

Alejandra y Ariela, las hijas adoptivas de Karla Morales

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Alejandra y Ariela, las hijas adoptivas de Karla Morales

Por Sébastien Mélières / VISTAZO Viernes, 10 de Mayo de 2019 - 21:14
Todo el país conoce a Karla Morales desde el 16 de abril de 2016, fecha del terremoto que sepultó a centenares de manabitas y esmeraldeños. Pocas horas después de la tragedia un tweet de la activista en Derechos Humanos desató una campaña de solidaridad jamás vista en el país. Transformó su casa en centro de acopio y logró que tanto empresas privadas como ciudadanos civiles se movilizaran en auxilio de quienes habían quedado desamparados por el cataclismo.
 
Su sentido altruista llevó incluso, a la hija del periodista deportivo Carlos Víctor Morales, a crear una fundación. Ella cuenta esta etapa de su vida, la llegada de tres niños que tienen a la familia entera de cabeza.
 
¿Karla, de dónde te viene tu vocación de ayudar a los demás?
La solidaridad hace parte de mis valores y de mis principios porque me los inculcaron mis padres. Nosotros en las vacaciones siempre íbamos a la playa, pero a comunidades más distantes y diferentes a las tradicionales, como San Vicente, Manglaralto…No había televisores, paseábamos, conversabamos y compartiamos con todos. Y lo más importante, nunca íbamos con las manos vacías. Cuando hubo el terremoto, poner mi casa como centro de acopio fue muy natural porque desde niña nuestra casa siempre fue un lugar para compartir con los más necesitados. 
 
Tienes un bebé y dos niñas adoptadas, cuéntanos su historia…
Mi mamá tenía un restaurante cuando yo estaba en la universidad. Un día una chica llamada Merly le vino a pedir trabajo y se lo dio, al poco tiempo se enteró que estaba embarazada. Al mismo tiempo le dijo a mi mamá que su hija Ariela tenía un problema de salud, en San Lorenzo, en la frontera de Ecuador con Colombia.
 
Le diagnosticaron retinoblastoma –un tumor canceroso que se desarrolla en la retina– y tuvieron que extirparle el ojo izquierdo. Desde ese entonces adoptamos a la familia como tal. La familia entró a nuestra familia. Arielita llegó de un año y Ale en la barriga de la mamá. Ellas saben que tienen dos madres que las apoyan y quieren incondicionalmente. Desde ese momento le dijimos a su mamá que si antes éramos seis, ahora éramos nueve y que no se preocupe; y entre todos asumimos desde la crianza hasta lo económico. Sentí que les podía ofrecer a ellas esa calidad de vida que mis padres me habían ofrecido a mí.
 
No es común tener hijas adoptadas, ¿Cómo es la mirada de la gente?
Nunca nadie se me ha acercado para cuestionar la relación. Han sido más bien miradas de sorpresas y de cariño. Pasan cosas chistosas, cada vez que viajamos les hablan en inglés porque asumen que son gringas y ellas muy cancheras contestan. Ellas son súper histriónicas, Alejandra ya hizo algunos comerciales. Las dos tienen su fanaticada propia.
 
¿Después de las niñas llegó la maternidad, lo sentiste como una necesidad?
Los tres niños fueron decisión de amor y las mejores decisiones siempre se hacen a partir del amor. Alonso ha salido de mi barriga, pero las niñas son tan hijas como él. Los tres son Castro Morales. A las matinés van los tres o no va nadie.
 
¿Cómo conociste a tu esposo?
Es muy gracioso, porque nos conocimos en un bar y ninguno de los dos fuma ni toma. Enseguida nuestros valores nos unieron. Somos muy complementarios, él es bombero rescatista. Hay una frase de él que lo resume todo, «Cualquier cosa que adquieras, que no necesitas, es un gasto», entonces cada vez que quiero comprar algo me pregunta si lo necesito y me quita todas las ganas (se ríe).
 
Últimamente ha dirigido sus acciones en la protección de las niñas. ¿Es coincidencia o tiene que ver con la llegada de Ariela y Alejandra?
Es una casualidad que se fortaleció con la llegada de mis dos hijas. Siempre estuve vinculada a los derechos humanos y en el marco de ese aprendizaje me di cuenta que los retos eran más grandes para las niñas. Más aún para dos hijas afroecuatorianas, con una de ella con discapacidad notoria, en un mundo que tiende más a discriminar que a integrar.
 
¿Están haciendo ustedes lo que soñaban de niños?
Nada como soñar en libertad sin aferrarte a un capricho. A mí siempre me ha gustado escribir y lo fui haciendo a nivel nacional pero una de mis metas siempre fue escribir para el diario El País de España y se dio.
 
¿Qué significa esta entrevista en este momento de sus vidas?
Lo veo como una linda oportunidad para que los que sienten que tienen una familia diferente sepan que no son los únicos. Las familias de color –como dice Alejandra– sí existen. La familia no es un vínculo sanguíneo sino de corazón.