Carlos Rojas Araujo

La trampa del olvido

Hasta el momento, la campaña del correísmo ha intentado incidir en el comportamiento del electorado de dos maneras. Primero, sosteniendo que su victoria en primera vuelta es prácticamente un hecho, sin importar lo que haga el resto de candidatos. Luego, evocando aquella leyenda incompleta de un gobierno popular que hizo muchísimas obras.

La Revolución Ciudadana sabe que sin este lavado histórico de cara le resultará difícil asegurarse el 40 por ciento de los votos válidos y una distancia superior a los 10 puntos frente a su inmediato contendor. No lograrlo, sería meterse en el escenario adverso de una segunda vuelta, donde Luisa González tendrá que desenvolverse como una candidata autosuficiente y ya no como la militante más confiable del expresidente. La tarea de conquistar a los electores ajenos al espectro correísta, encasillados en la humillante franquicia del borreguismo, es durísima. En 2021, Andrés Arauz no logró sumar gente nueva pese a que le llevaba 13 puntos de ventaja a Guillermo Lasso.

Hay estrategas, analistas y políticos que sostienen que el clivaje correísmo-anticorreísmo se ha debilitado en un 15 porciento, porque los sufragantes más jóvenes interpretan las urgencias del país por fuera de esa lógica. En consecuencia, hablar de los errores de Correa, seis años después de su presidencia, resulta inoficioso.

Como los electores votan según su emoción y sus circunstancias, lo único que cuenta en el proselitismo de estas semanas son los desaciertos de bulto del gobierno que está por concluir. Y sobre ese balance inmediatista es más fácil posicionar el retorno de la Revolución Ciudadana como el antídoto a nuestros problemas.

Todo ha sido tan apresurado que parece inútil encontrarle explicaciones estructurales, por ejemplo, al origen mafioso de la inseguridad. La gente quiere mano dura y no constatar el tenebroso nexo que varios jueces y abogados han demostrado tener, desde hace varios años, entre las bandas narcos y altas figuras del gobierno que quiere volver.

Si antes, el desorden fiscal, el despilfarro y el agresivo endeudamiento marcaban lo más bizarro e irresponsable del populismo, ahora da igual que se vuelva a hablar de meterle la mano a las reservas del Banco Central o de descalabrar la dolarización. Total, las voces que se atreven a recordar el lado nefasto de esa leyenda son aporreadas en las redes sociales y en los mítines políticos por quienes no logran ocultar la vena autoritaria que aparece en sus sienes ante cada ‘flashback’ que los descoloca y por los que aún deben al país explicaciones y disculpas. La trampa del olvido es peligrosa porque en estos días conviene guardar en un cajón los elementos que demuestran cómo el Estado silenció a sangre y fuego al general Gabela o cómo la plata del ISSPOL se hizo humo, mientras la impunidad es su prioridad.

Quienes sugieren ya no traer a colación al correísmo, se olvidan de exigir a González y al resto de candidatos de la Revolución Ciudadana un compromiso de cambio y respeto por la democracia, la libertad y las arcas públicas. Es decir, lo que nunca deben volver a hacer si recuperan la Presidencia en primera o en segunda vuelta bajo la consigna de castrar la memoria colectiva.

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