Desafío petrolero

lunes, 14 junio 2021 - 15:14
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    Preocupa el nombramiento de Juan Carlos Bermeo como ministro de Energía del nuevo gobierno. Primero, porque fue parte del equipo de Lenín Moreno como gerente de Petroamazonas y viceministro de esa cartera, tan golpeada por los escándalos de corrupción.

    Segundo, por la suerte de improvisación que ha mostrado el Régimen en el que se supone es el portafolio estratégico del país, pues ahí se gestiona buena parte de la riqueza nacional.

    Es como si el presidente Guillermo Lasso no tuviera claridad en cómo aplicar el gran concepto que posicionó durante la campaña: duplicar la producción petrolera para robustecer las arcas del Estado, mientras la política tributaria se enfoca en la reactivación productiva.

    Fue interesante que, en un inicio, Lasso haya optado por el presidente ejecutivo de un grupo empresarial (Nobis) alejado de los intereses petroleros, aunque conocedor del área minera. Pero Roberto Salas no llegó a posesionarse, dejando en evidencia que el nuevo gobierno no tenía un plan B.

    El nombramiento de Bermeo sonó más al típico anuncio de un Presidente que ya ha quemado varios fusibles y no al gran gestor de su política energética.

    En el círculo petrolero se ha comentado que Lasso habló con varias personas, por fuera de Salas, para la designación en el Ministerio. Por lo que varias de las negativas que recibió explican la dificultad para aplicar el ambicioso plan de producir un millón de barriles en dos o tres años.

    El desafío está en que Ecuador reciba en inversión seis mil millones de dólares para lograr una meta de 700 mil barriles o 12 mil millones de dólares, para el objetivo final. Es verdad que el nuevo gobierno despierta confianza en el sector externo pero, ¿qué pasa con Petroecuador?

    Esta entidad, según la Comisión Nacional Anticorrupción, es uno de los cinco pozos del desfalco nacional. A su alrededor se han destapado atracos como la Refinería de Esmeraldas, las ventas anticipadas, Odebrecht, Arroz Verde, Singue y el desvanecimiento de glosas por el cual hay hasta un exministro de Energía que se acaba de suicidar.

    Bajo esta realidad, ¿cuál es el plan de Lasso para darle reputación a Petroecuador? ¿El ministro Bermeo, que ha visto de cerca su deterioro, podrá sanear sus estructuras y enfrentarse a mafias poderosas?

    El problema también está en el entorno político. No sabemos la manera en la que el gobierno impulsará las reformas legales, políticas de Estado, contratos con las petroleras y otorgamiento de licencias ambientales cuando la Asamblea tiene un importante bloque como Pachakutik, cerrado al extractivismo. Su presidenta, Guadalupe Llori, se curtió políticamente en la provincia petrolera por excelencia. Además, hay que tomar medidas rápidas para mitigar los daños en los oleoductos por la erosión que produce el río Coca, aspecto que retrasará y encarecerá la producción petrolera.

    Hizo bien Lasso en respetar la victoria de Perenco en su disputa con Ecuador, que nos costará 438 millones de dólares. Pero tiene que garantizar que, en adelante, haya una política petrolera, técnica, pragmática y honesta e identifique a quienes causaron tantos laudos arbitrales costosos.

    Lasso debe prestarle más atención a esta delicada área de su gestión si no quiere debilitarse pronto.

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