Temperaturas récord, incendios más intensos, tormentas extremas y glaciares que desaparecen. Con esos eventos extremos de contexto, el Día Mundial del Medio Ambiente 2026 vuelve a poner el foco en la urgencia de actuar frente a la crisis climática y en la necesidad de acelerar la acción colectiva a escala global.
Esta fecha fue establecida en 1972 por la Asamblea General de las Naciones Unidas y es liderada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Cada año, un país distinto asume la organización. En 2026, el anfitrión es Azerbaiyán.
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El mensaje central de este año es claro: el cambio climático no es un problema del futuro. Está ocurriendo ahora. Y está transformando la vida en todo el planeta. Durante años, la comunidad científica advirtió que limitar el calentamiento global a 1,5 °C era clave para evitar los peores impactos. Hoy, ese límite está cada vez más cerca.
Los datos respaldan esa alerta. La temperatura media del planeta ya es 1,1 °C más alta que a finales del siglo XIX. La última década fue la más cálida registrada. Y cada una de las últimas cuatro décadas ha sido más caliente que cualquier otra desde 1850. Detrás de este aumento están las actividades humanas, que han acelerado la emisión de gases de efecto invernadero a niveles sin precedentes en al menos dos mil años.
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Las consecuencias ya son visibles: sequías más intensas, escasez de agua, incendios forestales más severos, aumento del nivel del mar, inundaciones, deshielo de los polos, tormentas más destructivas y pérdida de biodiversidad.
“Las principales presiones que tiene la biodiversidad están relacionadas con el tráfico ilegal de vida silvestre, que se concentra en provincias como Orellana, Pichincha y Guayas. Las especies más traficadas son las aves, los mamíferos y los réptiles. Otra amenaza son las especies invasoras como la mosca en Galápagos que afecta la reproducción de los pinzones en todo el archipiélago”, destacó Hólger Zambrano, director de Educación del Ministerio del Ambiente y Energía.
En 2008, Ecuador se convirtió en el primer país en otorgar “Derechos a la Naturaleza”. Esto significa que tiene la obligación de conservar, restaurar y precautelar el ambiente.
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Y aunque el país se convirtió en referente mundial de conservación por esta decisión, durante los últimos años la naturaleza se ha enfrentado a desafíos constantes como la disputa de territorio por minería ilegal, la contaminación de los cuerpos hídricos, sequías sin precedentes y deforestación.