En Ecuador, la inocuidad de los alimentos se ha consolidado como un eje fundamental para la competitividad del sector productivo y la confianza de los consumidores.
En un entorno donde las cadenas de abastecimiento son cada vez más complejas y la demanda por productos frescos y seguros aumenta, garantizar que los alimentos lleguen en óptimas condiciones a la mesa de los hogares se convierte en una responsabilidad compartida entre productores, industrias y comercios.
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La inocuidad no solo implica que un alimento esté libre de contaminantes físicos, químicos o microbiológicos, sino que también abarca la correcta aplicación de protocolos sanitarios, sistemas de trazabilidad y controles de calidad en cada etapa del proceso. Desde la producción primaria hasta la comercialización, el cumplimiento de estándares técnicos y normativos es determinante para prevenir riesgos y proteger la salud de la población.
En este contexto, surge una pregunta clave: ¿qué ocurre antes de que un alimento llegue a la mesa? Este cuestionamiento forma parte del eje de “Detrás de”, una campaña impulsada por Mi Comisariato que busca visibilizar los procesos, controles y personas que intervienen en la cadena alimentaria, con el objetivo de promover mayor conocimiento y confianza en los consumidores.
La iniciativa pone énfasis en etapas fundamentales como la selección de proveedores, los controles sanitarios, la tecnología aplicada en plantas de procesamiento y los sistemas de conservación que permiten preservar frescura y calidad.
En el caso de productos cárnicos, por ejemplo, se destaca la operación de la planta de la empresa, dedicada al procesamiento de res, cerdo, chivo y cordero mediante procesos automatizados de recepción, limpieza, desposte y empaque en atmósfera controlada.
En frutas y verduras, la seguridad se sustenta en la selección directa de productores y distribuidores nacionales, controles de calidad en la recepción y procesos automatizados en una planta especializada de alta tecnología. La sanitización se realiza con desinfectantes de grado alimentario en sistemas de lavado controlado que no afectan la calidad del producto.
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La conservación, por su parte, se asegura mediante cámaras de refrigeración con rangos de temperatura de 2 a 4 °C y de 6 a 8 °C, según el tipo de alimento, junto con una cadena de frío continua cercana a 12 °C en toda la operación logística. Estos procesos permiten preservar la frescura, el valor nutricional y las condiciones higiénicas adecuadas desde la cosecha hasta el punto de venta.
Uno de los principales aportes de “Detrás de” es acercar al público al trabajo técnico, humano y logístico que respalda la disponibilidad de alimentos seguros y accesibles. Comprender estos procesos permite dimensionar el valor de la trazabilidad y la eficiencia operativa en la calidad final del producto.