El sector inmobiliario ecuatoriano ha mostrado una resiliencia destacable en los últimos años, sostenido en gran parte por el crecimiento de la demanda habitacional y la capacidad de las constructoras para adaptarse a las nuevas condiciones económicas y sociales.
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A pesar de los desafíos económicos que se presentan a nivel nacional, se observa una oferta constante de proyectos, buena parte de ellos enfocados en vivienda de interés social y público (VIS y VIP).
De acuerdo al Censo de Población y Vivienda 2022 del INEC, el déficit habitacional cualitativo del Ecuador asciende al 31,8 por ciento y el déficit cuantitativo al 14,4 por ciento, lo que significa que más del 46 por ciento de los hogares en el país enfrentan algún tipo de necesidad habitacional, ya sea por carencia total de vivienda o por condiciones inadecuadas de habitabilidad.
Actualmente, las ciudades que mayor oferta habitacional tienen son Guayaquil, Quito, Daule, Samborondón y Manta, urbes que han agrupado propuestas de vivienda horizontal y vertical.
Un proyecto inmobiliario que ha tenido un gran desempeño en el sector de La Aurora, en Daule, es Casalaguna. Este empezó a desarrollarse en el 2018, en un momento en que el mercado demandaba proyectos más integrales y planificados, especialmente en el área de influencia del Gran Guayaquil.
Giovanni Burgos, gerente comercial inmobiliario de Multiraices, comercializadora de la urbanización, cuenta que desde el inicio se apostó por urbanizaciones que no solo ofrezcan viviendas, sino también calidad de vida. Por esta razón, sus casas son más amplias, modernas y eficientes, y sus amenidades incluyen parques, áreas verdes y sociales, piscinas, gimnasios y otros entornos pensados para la familia.
Hasta la fecha, Casalaguna ha entregado seis etapas y está en proceso de entregar una más. Para los próximos meses está prevista la entrega de las casas en las etapas Boscana y Floreana, que actualmente se encuentran en pleno proceso constructivo.
El éxito de este producto –explica– obedece a la variedad de modelos pensados en distintos segmentos de niveles socioeconómicos, desde familias que acceden por primera vez a una vivienda, hasta quienes buscan mejorar su calidad de vida dentro de una urbanización debidamente planificada. Asimismo, las entregas oportunas y los precios competitivos, en relación con la oferta del sector, han hecho que el proyecto despegue.
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Para los próximos cinco años, Casalaguna tiene previsto desarrollar cinco etapas más, con proyección de llegar a las 3.000 unidades habitacionales entregadas. En la actualidad, participa dentro del segmento VIP bajo el esquema del Programa Miti-Miti, impulsado por el Gobierno Nacional a una tasa preferencial del 4.89%. Hoy por hoy, cerca del 60% de su inventario aplica a este modelo.
La participación de Casalaguna en este programa, señala Burgos, les permite contribuir de forma directa al acceso de vivienda y la dinamización del mercado inmobiliario hacia el año 2026.
“Considero que el sector inmobiliario tiene la responsabilidad de aportar a la reactivación económica, generación de empleo y sobre todo el crecimiento ordenado en nuestras ciudades, y Casalaguna es un ejemplo de que con planificación y alianzas sólidas se puede construir confianza y desarrollo sostenible”, manifiesta.