Sin rastros de la ballena azul en Galápagos: El Niño altera la ruta del gigante marino

Una expedición científica no logró registrar ejemplares en sus zonas habituales en medio del calentamiento del mar.

Imagen referencial de una ballena azul.
Ligia Proaño Fabara

El gigante más grande de la Tierra no apareció donde los científicos siempre lo esperaban. Durante casi un año de monitoreo en las islas Galápagos, una expedición investigadora no logró avistar ninguna ballena azul en las zonas donde históricamente acuden a alimentarse.

El estudio fue realizado por la Dirección del Parque Nacional Galápagos, la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), el Galápagos Science Center y WWF Ecuador. El equipo recorrió puntos clave como el Canal Bolívar para colocar rastreadores satelitales en las ballenas, pero la masa de agua fría donde nadan estos animales quedó desplazada por debajo de la capa donde se concentraba su alimento.

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Las mediciones coincidieron con la declaración de Alerta Roja por el fenómeno de El Niño en Ecuador y la presencia de aguas inusualmente cálidas. Esta alteración térmica provocó que la franja de temperatura ideal para los cetáceos se desalineara de la capa superior donde se encontraba el plancton, dificultando su nutrición en los sitios habituales.

Respuestas del ecosistema y conservación regional

Pese a que no se registraron avistamientos durante los patrullajes, los expertos aclaran que esto no significa que las ballenas hayan abandonado el archipiélago. De hecho, a inicios de septiembre de 2026, una guía naturalista y un capitán reportaron la presencia de una madre con su cría en la isla San Cristóbal, confirmando que la especie continúa transitando la zona.

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Para los investigadores, este hallazgo demuestra que los cambios en la temperatura del océano obligan a los animales a adaptar sus tiempos de llegada y alterar sus rutas tradicionales. Por ello, las organizaciones enfatizan que la protección no debe limitarse a las islas, sino abarcar todo el corredor marino desde Chile y Perú hasta Ecuador.

Comprender estos nuevos patrones de navegación resulta clave para implementar medidas de conservación a escala regional. La iniciativa busca reducir riesgos como las colisiones con barcos mercantes, los enmallamientos en redes de pesca y la contaminación acústica en las rutas migratorias del Pacífico.

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