Fenómeno de El Niño: el océano se calienta y pone en riesgo la biodiversidad de Galápagos

Un nuevo informe de la Fundación Charles Darwin explica qué cambios podría dejar El Niño 2026 en los ecosistemas de Galápagos.

El fenómeno de El Niño ya deja sus primeras secuelas y el calentamiento del océano comienza a sentirse frente a las costas de Ecuador y Perú. De hecho, según el Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (CN-ERFEN), durante la última semana se registraron temperaturas de hasta 4,5 °C por encima de lo habitual en esta zona del Pacífico.

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Este cambio no pasa desapercibido en Galápagos. Un informe de la Fundación Charles Darwin advierte sobre los cambios que el Fenómeno de El Niño puede provocar en los ecosistemas del archipiélago como: reducir la disponibilidad de alimento, afectar la reproducción y dificultar la recuperación de algunas poblaciones como pingüinos, iguanas marinas, lobos marinos, tiburones y corales.

Menos alimentos y menos crías

En Galápagos existen varias corrientes marinas que provocan su alto nivel de endemismo y biodiversidad. Las aguas frías que llegan al archipiélago, por ejemplo, contienen nutrientes que alimentan al fitoplancton, pequeños organismos que están en la base de la cadena alimentaria marina. A partir de ellos se alimentan otros organismos y peces que, a su vez, sirven de alimento para especies mayores.

Durante El Niño, el calentamiento del mar reduce la llegada de esas aguas ricas en nutrientes. Como consecuencia, disminuye la cantidad de alimento disponible en el océano. “Con agua caliente la productividad primaria baja”, explica María José Barragán, directora de Ciencias de la Fundación Charles Darwin.

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El cambio puede comenzar con organismos que ni siquiera son visibles a simple vista, pero terminar afectando a animales mucho más grandes. Si hay menos alimento disponible, pingüinos, cormoranes, iguanas marinas, lobos marinos y peces depredadores tienen más dificultades para mantenerse, reproducirse y alimentar a sus crías.

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¿Por qué? Cuando un animal no consigue suficiente alimento, debe utilizar su energía para sobrevivir. Es decir, que algunas especies dejan de aparearse, abandonan los nidos o tienen menos crías. Las lluvias intensas asociadas a El Niño también pueden cambiar las condiciones de los sitios donde algunas aves marinas acostumbran a hacer sus nidos. Por eso, desde la fundación recalcan que el problema no solo es la disponibilidad de alimento.

Algunas especies pueden perder también los espacios apropiados para reproducirse cuando la vegetación cambia o cuando las lluvias y escorrentías alteran las zonas de anidación. Por eso, evaluar El Niño exclusivamente durante los meses en los que el mar está caliente puede ofrecer una imagen incompleta, pues algunas consecuencias se harán visibles después, destaca María José Barragan en el informe de la fundación.
$!Fotografía de una iguana marina de Galápagos descansando en unas rocas.

Las más vulnerables

Las iguanas marinas ofrecen una de las señales más visibles de lo que ocurre bajo la superficie. Su alimentación depende de las algas, así que cualquier cambio en la productividad del océano puede reflejarse a través de su estado físico.

¿Por qué? Si disminuye el alimento, las iguanas pueden perder peso y, durante eventos particularmente severos, morir. Pero, para determinar la magnitud de ese cambio con exactitud se necesita conocer cómo estaban las poblaciones antes del evento: cuántos individuos había, dónde se encontraban y cuál era su condición.

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Y aunque algunos animales pueden desplazarse hacia zonas con condiciones climáticas más favorables, hay una especie vegetal que preocupa más a la fundación: los corales.

Los corales van a ser seguramente los grandes perdedores. Su rango de tolerancia frente a cambios de temperatura y condiciones oceanográficas es particularmente limitado. La historia de Galápagos explica esa preocupación. Durante El Niño de 1982-1983, los arrecifes del archipiélago sufrieron una mortalidad estimada del 97%. El evento de 1997-1998 volvió a afectar su recuperación y produjo extinciones locales", destacan en el informe.
$!Fotografía de R. wellingtoni, un coral solitario que fue redescubierto en los acantilados submarinos de Galápagos.

El impacto se conocerá después

Las primeras señales de el paso de El Niño en el archipiélago aparecerán en los próximos meses, sobre todo en la productividad del océano y en la disponibilidad de alimento.

Pero la fundación destaca que la dimensión completa del impacto, podría conocerse únicamente después de que las condiciones vuelvan a cambiar. Ese periodo posterior será clave para la ciencia y la conservación, porque los investigadores podrán determinar qué poblaciones resistieron, cuáles disminuyeron su reproducción o número de individuos y qué ecosistemas consiguieron recuperarse.

Cada El Niño aparece también añade información a una memoria científica que resulta especialmente valiosa en un archipiélago donde muchas especies y ecosistemas están estrechamente conectados con el océano.