La ONU adopta una declaración histórica sobre el aumento del nivel del mar: estas son sus implicaciones

La declaración aborda los riesgos para cerca de 900 millones de personas que viven en zonas costeras de baja elevación y establece una posición sobre el futuro de los países que podrían perder territorio por el avance del mar.

Fotografía referencial de aumento del nivel del mar en una ciudad costera.
Nicole Landín Jurado

Durante la Asamblea General de Naciones Unidas se aprobó una declaración que aborda los efectos del aumento del nivel del mar y plantea respuestas para los países y comunidades costeras más expuestos. El documento establece una posición sobre qué ocurre con los Estados que podrían perder parte de su territorio por el avance del océano.

El nivel del mar alcanzó un máximo histórico en 2024 y su ritmo de aumento se ha acelerado. Según Naciones Unidas, pasó de unos 2,1 milímetros anuales entre 1993 y 2002 a 4,7 milímetros entre 2015 y 2024.

El problema alcanza a una población considerable: alrededor de 900 millones de personas viven en zonas costeras de baja elevación, equivalentes a casi una de cada diez personas en el mundo.

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La declaración, adoptada el 24 de septiembre de 2026, plantea acciones en varios frentes: mejorar la información científica disponible, fortalecer la adaptación de las zonas costeras, ampliar el acceso al financiamiento y atender las consecuencias sociales, culturales y jurídicas que puede generar la pérdida de territorio.

Un país no desaparecería si pierde territorio

Uno de los puntos de mayor relevancia es la continuidad de los Estados afectados por el aumento del nivel del mar. Los países que participaron en la declaración reconocieron que la pérdida física de territorio no implica que un Estado deje de existir.

El documento respalda una presunción de continuidad de su soberanía, sus derechos y responsabilidades y su pertenencia a Naciones Unidas.

La discusión es especialmente relevante para los pequeños Estados insulares, cuyos territorios están apenas unos metros sobre el nivel del océano. Para estos países, el cambio climático plantea una pregunta que va más allá de la protección de las costas: ¿qué sucede con su condición de Estado si parte de su territorio queda permanentemente inundado?

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El documento también aborda las zonas marítimas. Señala que las delimitaciones establecidas en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar pueden mantenerse aunque las condiciones físicas de la costa cambien.

Más información y financiamiento

La declaración pide fortalecer la observación del nivel del mar, la recopilación de datos, los modelos científicos y los sistemas de alerta temprana. La información permitirá evaluar con mayor precisión qué territorios están expuestos y cómo puede evolucionar el riesgo. Esto resulta relevante para la planificación de infraestructura, servicios básicos y medidas de protección costera.

La adaptación no se limita a obras como hospitales y puertos. El documento reconoce el papel de ecosistemas como manglares, humedales y arrecifes de coral para reducir determinados impactos asociados a inundaciones y tormentas.

Dentro de la declaración también se menciona a los países en desarrollo, en particular los pequeños Estados insulares, que enfrentan mayores dificultades para financiar las medidas necesarias frente al aumento del nivel del mar.

Por ello, se plantea incrementar la financiación pública y privada y mejorar el acceso a los recursos internacionales. También se pide que estos fondos sean más previsibles y lleguen con mayor rapidez a los países que los necesitan.

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Fotografía del aumento del nivel del mar afectando a un muelle.

¿Qué ocurre con las comunidades que deben desplazarse?

El avance del mar puede provocar pérdida de viviendas y tierras, erosión, inundaciones y salinización de fuentes de agua y terrenos agrícolas. También puede afectar actividades como la pesca, el turismo y el transporte. Por eso, la declaración pide que estos riesgos se incorporen a la planificación del desarrollo y a las políticas de protección social.

La declaración incorpora además una dimensión humana: cuando permanecer en un territorio deja de ser viable, los procesos de reubicación deben considerar los derechos y la dignidad de las personas afectadas. Si el desplazamiento implica cruzar una frontera internacional, deberá realizarse mediante acuerdos entre los Estados involucrados y conforme al derecho internacional.

El documento también llama la atención sobre otro impacto menos visible: la pérdida de lugares de importancia cultural. Tierras tradicionales, cementerios, sitios sagrados y patrimonio arqueológico pueden quedar expuestos a la erosión o la inundación. "Por eso, el texto pide proteger, preservar y documentar ese patrimonio", detallan.

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Sin embargo, la declaración no es jurídicamente vinculante por sí misma y no crea obligaciones equivalentes a las de un tratado. Su contenido se relaciona con normas existentes del derecho internacional, entre ellas la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

Entonces, ¿cuál es su importancia? "En que los países han fijado una posición común sobre problemas que para algunos Estados costeros e insulares son cada vez menos hipotéticos", destacan desde la ONU.

El siguiente desafío será llevar a la práctica medidas concretas de adaptación, financiamiento y protección para los territorios y poblaciones que enfrentan un mayor riesgo.