Crisis de plástico en Ecuador: 40% de estos residuos se maneja mal y ya contamina todos los ecosistemas del país
Ecuador genera más de 627 mil toneladas de residuos plásticos al año. Es decir, más de una tonelada por minuto. La contaminación de esos desechos ya está en ríos andinos y amazónicos, en manglares, el aire e incluso en el cuerpo humano.
¿Cuándo fue la última vez que bebiste agua de una botella de plástico? ¿Sabías que ese envase que usas por pocos minutos puede permanecer en el ambiente entre 100 y 1.000 años?
Pero su impacto no espera siglos para llegar: comienza mucho antes, porque termina en tu cuerpo. Lo ingieres, lo inhalas y lo absorbes; incluso puede llegar a los fetos a través de la placenta. ¿Por qué? Cada vez que el plástico no se gestiona adecuadamente, libera partículas microscópicas y compuestos químicos que contaminan el aire, el agua y los alimentos.
Frente a esta problemática, en 2023 Ecuador creó la Plataforma Nacional de Acción por los Plásticos, una iniciativa que articula al sector público, privado y a la sociedad civil para reducir la contaminación y transformar la gestión de estos residuos en el país.
Lea también: Fenómeno de El Niño: 85 gobiernos locales no entregaron planes de prevención en Ecuador
En el marco de esta hoja de ruta con miras al 2040, el Fondo Mundial para la Naturaleza en Ecuador (responsable de la secretaría técnica) desarrolló un estudio para conocer el impacto de la contaminación plástica en la biodiversidad.
“El estudio desarrollado en Colombia, Ecuador y Perú confirma que el plástico dejó de ser un problema aislado de playas o de grandes ciudades. Está presente en todos los ecosistemas del país”, explica María Inés Rivadeneira, gerenta de Políticas y Gobernanza en WWF Ecuador.
La investigación identifica zonas críticas en las que coinciden una alta generación de residuos, sistemas de gestión insuficientes y ecosistemas frágiles que favorecen su acumulación. Aunque en el país se recolecta el 87 por ciento de los residuos plásticos, esto no garantiza su correcta disposición final.
Lea también: Chuquirahua Trail Running: la carrera que busca restaurar un espacio comunitario en el páramo de Tungurahua
De hecho, cerca del 40% de estos residuos recibe un manejo inadecuado: termina en botaderos, es quemado o llega a ríos y quebradas. Estos, a su vez, funcionan como canales de transporte.
Ecosistemas en emergencia
El impacto va más allá que dañar un simple paisaje. La investigación registra afectaciones en más de 96 especies de Ecuador: las aves concentran el 29,4% de los casos, seguidas por mamíferos y peces (17,6% cada uno) y reptiles (11,8%).
Los animales ingieren plástico o quedan atrapados en él; esto provoca lesiones, enfermedades y la muerte. A esto se suma la degradación de hábitats clave para la cadena alimentaria humana.
Pero esto no es algo exclusivo del país. Latinoamérica y el Caribe es la región con la mayor pérdida de biodiversidad del mundo: un 95% en los últimos 50 años. “La contaminación plástica acelera esta caída”, advierten en el estudio. Y el problema también compromete servicios ecosistémicos esenciales como la pesca, la calidad del agua, la fertilidad del suelo y el turismo.
Lea también: Yunguilla: el tesoro escondido del Chocó Andino que se convirtió en referente internacional de turismo
En la Sierra y la Amazonia, por ejemplo, los microplásticos estuvieron presentes en el 100% de las muestras analizadas en ríos vinculados a Quito y alcanzaron concentraciones de hasta 4.200 partículas por kilo en zonas de depósito amazónico.
¿Por qué es preocupante? Estas partículas alteran las comunidades microbianas, afectan los suelos agrícolas y pueden incorporarse a los canales de riego.
Pese a contar con un marco normativo que incluye la Ley de Plásticos de un Solo Uso y la Ley de Economía Circular Inclusiva, el estudio advierte brechas en su implementación. A nivel nacional, apenas el 8% de los residuos se recicla efectivamente, lo que evidencia fallas en la cadena de gestión.
Las soluciones apuntan a reducir el plástico desde su origen, fortalecer la regulación, intervenir en zonas críticas, implementar sistemas de monitoreo y consolidar alianzas entre sector público, privado y comunidades. El desafío, coinciden los expertos, no es solo gestionar residuos, sino transformar el sistema que los genera.