Así es Giorgia Meloni, la ultraderechista que ahora es la primera mujer en llegar al poder en Italia

Giorgia Meloni, la líder ultraderechista de Hermanos de Italia, que fue el partido más votado en las elecciones de ayer domingo.
EFE y AFP

Giorgia Meloni, la líder ultraderechista de Hermanos de Italia, que fue el partido más votado en las elecciones de ayer domingo, ocupará la presidencia del Gobierno de derechas, coaligada con Matteo Salvini y Silvio Berlusconi, tras lograr una mayoría abrumadora. Es la primera vez en la historia de Italia que una mujer ocupa este cargo.

Admiradora durante su juventud de Benito Mussolini, Meloni, de 45 años, conocida por su lenguaje directo y eficaz desde sus años de líder estudiantil en Roma.

Militante en la derecha posfascista desde los 15 años, es miembro de la Cámara de Diputados desde el 2006 y no ha tenido pelos en la lengua para criticar al gobierno saliente de unidad nacional liderado por Mario Draghi.

"Gobernaremos esta nación por todos los italianos" para "exaltar lo que une y no lo que divide, porque nuestro objetivo es que los italianos puedan estar orgullosos de serlo", dijo en sus primeras declaraciones.

"YO SOY GIORGIA"

Si hay un punto de inflexión en la larga carrera política de Meloni (Roma, 1977) ese fue en octubre de 2019, cuando ante miles de personas en la plaza de San Juan de Roma, feudo sindical, proclamó: "Soy Giorgia, soy mujer, madre, italiana y cristiana y no me lo quitarán", en ataque directo a la legislación homosexual.

Dos muchachos tomaron su discurso, la mezclaron con música electrónica y, sin quererlo, la elevaron a icono pop. Toda Italia bailaba y difundía aquel tema pegadizo.

Sus rivales, sostiene, son los "burócratas" de Bruselas, el colectivo LGBT o la "izquierda de salón", mientras admira a la Rusia de Vladimir Putin por compartir el "sistema de valores europeos, defender el cristianismo y combatir el fundamentalismo islámico", aunque promete "lealtad" a Occidente.

Su ideario lo aclaró para siempre en un acto electoral de Vox en Marbella (sur de España), cuando se presentó al mundo: "No hay mediaciones posibles, se dice sí o no. Sí a la familia natural, no al lobby LGBT; sí a la identidad sexual, no a la ideología de género; sí a la cultura de la vida, no al abismo de la muerte; sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islámica; sí a fronteras seguras, no a la inmigración masiva".

UNA INFANCIA ENTRE MUJERES

Pero la vida de la "reina" de la ultraderecha comenzó marcada por el sello del abandono. Su madre, Anna, tuvo que criarla sola, junto a su adorada hermana mayor, Arianna, después de que su padre las desamparara marchándose a las Islas Canarias.

La suya era "una familia herida", una madre y dos niñas bajo el techo de un apartamento de la Roma "bien" que un día salió ardiendo por una vela que las hermanas dejaron encendida en su habitación.

"Nos vimos en la calle", recuerda. Su madre logró vender lo que quedaba de la vivienda y mudarse al barrio obrero de Garbatella, donde entró en contacto con la política, a la que dedicaría su existencia.

Con 15 años llamó a la puerta del Frente de la Juventud, la organización juvenil del antiguo Movimiento Social Italiano (MSI), fundado por los últimos fascistas.

La muchacha, siempre contraria a celebrar el Día de la Liberación del nazifascismo por verlo "divisivo", inauguraba su militancia en el verano de 1992 mientras la Primera República colapsaba bajo el peso de la corrupción y las bombas de la mafia.

En 1996, cuatro años después, la joven, ya conocida por su dureza dialéctica, se alzaba como líder nacional de "Azione Studentesca", el movimiento juvenil de Alianza Nacional, nuevo rostro del MSI, con la que fue elegida consejera provincial en Roma.

Su ascenso fue meteórico, pasando por encima de todos los hombres, hasta que con 29 años llegó a la Cámara de Diputados, de la que fue vicepresidenta hasta 2008, cuando fue nombrada ministra de Juventud por Berlusconi.

A LA CIMA

El auge de esta mujer coincide con su presidencia, desde 2014, de Hermanos de Italia, nuevos herederos del MSI, con los que ha logrado conquistar el país.

En 2016 intentó ser alcaldesa de Roma, sin éxito, pero obtuvo gran popularidad haciendo campaña embarazada de su única hija.

Desde entonces su protagonismo no ha hecho más que aumentar. Su éxito deriva de la explotación del descontento de la pandemia y su papel como única oposición a la difunta coalición de unidad nacional de Mario Draghi.