Zafrú expande sus plantaciones de fruta milagrosa a Colombia y busca tener la más grande del mundo

La compañía Exoticallec exporta a Estados Unidos, España, Portugal y Perú, está presente en Amazon, se apresta a entrar a la Unión Europea y expandir su producción en Latinoamérica.

Planta de fruta milagrosa, caracterizada por contener miraculina, una proteína que vuelve dulces los alimentos ácidos y amargos.
Diana Holguín

La marca ecuatoriana Zafrú, especializada en el cultivo y comercialización de la fruta milagrosa (Synsepalum dulcificum), anunció una alianza estratégica con productores colombianos para desarrollar un joint venture que ampliará sus plantaciones en la región.

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Con este acuerdo, la compañía —fundada por Diego Tapia y Raquel Salazar— aspira a consolidar la plantación de fruta milagrosa más grande del mundo, combinando la producción ecuatoriana con una variedad colombiana que, según los socios, tiene "excelente pulpa y el mismo efecto activo" que la nacional.

La empresa, constituida legalmente como Exoticallec, ya exporta a Estados Unidos, España, Portugal y Perú, tiene presencia en Amazon y se apresta a entrar a toda la Unión Europea de la mano de un importador de frutas exóticas de lujo. Su producto, usado para ayudar a pacientes de cáncer, VIH, anemia, esclerosis múltiple y diálisis a recuperar el sentido del gusto, es hoy una de las apuestas agroindustriales más singulares del país.

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Con plantas de hasta 35 años, Ecuador alberga una de las seis plantaciones a gran escala de fruta milagrosa que existen en el planeta: alrededor de 9.000 plantas productivas en Quinindé, Esmeraldas, de la baya roja capaz de cambiar el sabor de lo que se come.

Detrás de ese logro está Zafrú, la marca que el año pasado facturó USD 60.000 solo en su alianza con Supermaxi y registró un crecimiento superior al 50% frente al periodo anterior.

De la tesis universitaria al negocio

La historia de Zafrú comenzó en 1991, cuando Valerio Tapia, padre de Diego, compró la primera planta de fruta milagrosa que llegó a la finca familiar. La especie había sido introducida por un extranjero 66 años antes. En ese entonces era apenas una rareza, "más que nada por la novedad, por agrandar la colección".En el mundo somos seis los que producimos fruta milagrosa a gran escala, y seis en el mundo todavía es nada", explica Raquel Salazar, cofundadora de la marca.

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Cuatro años después, la familia comprobó que la leyenda era cierta: la fruta hacía que los limones se sintieran dulces. Ahí empezó todo. La fruta milagrosa llegó al conocimiento occidental en 1725, cuando una expedición francesa la documentó en el oeste africano, en zonas de Ghana y el Congo. Sin embargo, nunca fue industrializada allí.

La sociedad entre Salazar y Tapia tiene casi una década, pero sus raíces se remontan más atrás. Salazar es ingeniera en Alimentos y conocía la fruta desde los 14 años, porque su tío la cultivaba. El vínculo formal con Diego nació de un proyecto de tesis.

Ahí se definieron los roles que hasta hoy sostienen el negocio. Diego se encargó de la parte técnica: desarrolló la curva de secado y descubrió cómo liofilizar la fruta milagrosa sin perder calidad. Raquel, en cambio, reconoce su propio temperamento, solía tener ideas como hacer monocultivo, sin medir el impacto. Pero fue Diego quien le enseñó la importancia de los ambientes megadiversos, filosofía que hoy es la columna vertebral de la marca.

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El camino no fue lineal. Hace unos 20 años, Salazar y Tapia decidieron vender la fruta en fresco. El problema apareció casi de inmediato porque se dañaba a los dos días. Entonces descubrieron que en otros países ya la liofilizaban. En Estados Unidos, de hecho, la fruta ya se vendía por recomendación del Baptist Health Herbert Wertheim Cancer Institute, en Miami.

Enviaron muestras a universidades y laboratorios buscando ayuda, y la respuesta fue siempre la misma: no se puede. De ahí que decidieron comprar un liofilizador propio, apenas meses antes de que, en marzo de 2020, llegara la pandemia.

Sin embargo, la misma pandemia terminó abriéndoles una puerta inesperada. Al hablar con personas que atravesaban COVID-19 y perdían el gusto y el olfato, Salazar y Tapia notaron que describían síntomas casi idénticos a los de sus pacientes oncológicos. Empezaron a ofrecerles la fruta milagrosa.

Un cliente compra una caja de la marca de fruta milagrosa Zafrú, en la tienda Welkom en Quito.

El punto de quiebre llegó cuando una reportera estadounidense probó el producto, le funcionó y lo contó en su canal. "Se hizo un boom porque dijo que la fruta milagrosa le funcionó", recuerda Salazar. Ese episodio, sumado a la apertura de sus redes sociales, internacionalizó la marca en plena crisis sanitaria.

Supermaxi y Megamaxi se convirtieron, según Salazar, en el primer supermercado del mundo en vender fruta milagrosa.

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La empresa ha reconstruido cuatro hectáreas de bosque virgen e introducido más de 350 especies exóticas para simular un ecosistema megadiverso en el que crece la fruta milagrosa. La operación emplea hoy a seis personas de forma fija y hasta 15 en temporada alta.

De cara a lo que resta de 2026, los planes de Zafrú apuntan a consolidar el joint venture con Colombia, expandirse en la región, completar su llegada a toda la Unión Europea y trabajar con aseguradoras, en un intento por integrar el producto a los esquemas de cobertura de pacientes oncológicos.