El precio del diésel sube en el mundo y baja en Ecuador: ¿quién asume el costo fiscal?

Mientras la cotización internacional rompe récords por tensiones geopolíticas y la factura de importación crece, el Gobierno aplica rebajas consecutivas en el surtidor. El impacto fiscal tendrá que calcularse.

El diésel es el combustible que mueve la economía.
Cecilio Moreno

El galón de diésel promedió los USD 6,32 en Estados Unidos en los primeros 10 días de octubre de 2026, un incremento del 70% frente al año anterior que encendió las alarmas entre transportistas y agricultores norteamericanos. En contraste, en Ecuador los usuarios han experimentado un escenario opuesto: tres reducciones consecutivas decretadas por el Gobierno (dos centavos en agosto, tres en septiembre y cuatro en octubre).

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La paradoja es evidente. Ecuador no solo depende de compras externas para cubrir cerca del 75% del diésel que consume, sino que arrastra limitaciones para extraer crudo y refinarlo localmente. Pese a que el combustible se encarece en el mercado global, la tarifa que cancela el usuario final en las estaciones de servicio disminuye.

El fondo del debate no radica únicamente en el precio que marca el surtidor, sino en cuánto le cuesta al país importar ese volumen y de dónde saldrán los recursos para sostenerlo.

¿Por qué baja el precio del diésel en Ecuador mientras sube en el mundo?

El 13 de septiembre de 2025, el régimen eliminó el subsidio histórico que mantenía el galón en 1,80 dólares y lo fijó en 2,80, desatando una fuerte conflictividad social. Como salida, se diseñó un esquema de bandas con ajustes mensuales que empezó a regir formalmente en diciembre.

Así, el precio del galón fue creciendo lentamente hasta alcanzar los 3,25 dólares en junio pasado. Pero desde el 11 de agosto se empezó a aplicar un mecanismo calificado como excepcional sobre la fórmula de cálculo. Esto permitió abaratar el galón en dos centavos. En aquel momento, el ministro de Ambiente y Energía, Juan Carlos Blum, admitió que, de no haberse intervenido en la fórmula, el precio debió subir 38 centavos.

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En septiembre y octubre se anunciaron nuevas rebajas que impactan directamente sobre el Presupuesto General del Estado.

Dependencia externa: Importaciones récord y caída de la producción petrolera

Casi ocho de cada 10 galones de diésel consumidos en territorio nacional son importados, principalmente desde refinerías de la costa estadounidense del Golfo de América o Golfo de México. Las cifras oficiales del Banco Central del Ecuador (BCE) evidencian la magnitud del problema:

A este escenario se suma el declive de la producción petrolera. Petroecuador bombea unos 25.000 barriles diarios menos que hace dos años. La razón: agotamiento natural de los campos, roturas de los oleoductos o incendios en estaciones de bombeo y pozos cerrados. Menor crudo extraído significa menos ingresos fiscales para cubrir las compras del exterior.

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El impacto inflacionario y el dilema fiscal: ¿quién paga la diferencia?

El diésel es el combustible básico en una economía moderna. Mueve el transporte pesado que abastece fábricas y mercados, que lleva la carga de exportación hacia los puertos, que sustenta el transporte interprovincial de pasajeros y que da vida a la maquinaria agrícola e industrial. Con diésel también funciona buena parte de los generadores, vitales en estos tiempos de crisis eléctrica.

Cualquier incremento golpea a la producción y se traslada de inmediato al índice inflacionario. De allí el empeño gubernamental por suavizar su precio en las gasolineras.

Sin embargo, detrás del alivio temporal queda abierta la gran interrogante: ¿cuánto margen fiscal tiene el Estado para absorber la diferencia antes de que la factura comprometa las finanzas públicas?