Brad Pitt alborota San Sebastián con ‘Heart of the Beast’

Brad Pitt aterrizó en el Zinemaldia como la estrella indiscutible del día y, posiblemente, de toda la 74ª edición.

Brad Pitt en el festival Santa Sebastián.
Daniela Creamer

Había una película que presentar, un director dispuesto a hablar de ella y hasta un perro con mucho protagonismo. Pero no nos engañemos: todas las miradas estaban puestas en Brad Pitt. Su regreso a San Sebastián, diecisiete años después de su última visita, convirtió la jornada en una de las grandes fechas del SSIFF 2026.

El actor aterrizó en el Zinemaldia como la estrella indiscutible del día y, posiblemente, de toda la 74ª edición. La sala de prensa, abarrotada, confirmó que el magnetismo de Hollywood sigue funcionando. La industria puede cambiar y las plataformas multiplicarse, pero cuando Brad Pitt entra en una sala, las cabezas continúan girándose al mismo tiempo.

Su anterior visita a Donostia fue en 2009, cuando presentó Malditos bastardos junto a Quentin Tarantino. Ahora regresó con un Oscar, numerosas películas a sus espaldas y Heart of the Beast, el nuevo trabajo de David Ayer, proyectado fuera de concurso en la Sección Oficial.

LEA TAMBIÉN: San Sebastián redescubre la vigencia de Los miserables

Pitt interpreta a James Belmont, un oficial de las Fuerzas Especiales que sobrevive a un accidente aéreo y queda atrapado en la naturaleza salvaje de Alaska junto a Odin, su antiguo perro de combate. Rodeados por un territorio tan espectacular como poco hospitalario, ambos deberán enfrentarse al frío, al peligro y a sus propios fantasmas.

La película, de 101 minutos y con J.K. Simmons y Anna Lambe en el reparto, parte de una historia de supervivencia para adentrarse en las heridas que no aparecen en las radiografías. Más que preguntarse cómo logra sobrevivir un soldado en plena naturaleza, intenta descubrir qué queda de él cuando la guerra ha terminado, pero continúa instalada en su interior.

Brad Pitt en el festival Santa Sebastián.

“La guerra puede ser una adicción cuando te has criado con ella, pero la paz llega cuando estás conectado con algo”, explicó David Ayer. Para el director, la historia habla de la lealtad y del difícil regreso a uno mismo después de haber vivido demasiado tiempo en combate.

Pitt recordó que las heridas de los veteranos no siempre son visibles.

Porque el perro no aparece únicamente para correr entre la nieve, mirar con intensidad a cámara y provocar algún suspiro. Es el otro gran protagonista de Heart of the Beast y el vínculo que permite a Belmont recuperar una parte de la humanidad que creía perdida.

Trabajar con él obligó a Pitt a ampliar sus habilidades interpretativas. Además de aprenderse el guion, tuvo que ejercer ocasionalmente como entrenador y llevar comida en los bolsillos para mantener la atención de su compañero.

LEA TAMBIÉN: Werner Herzog tras recibir el Premio Donostia: "La gente piensa que el obsesivo soy yo"

“Pasar un día con un perro hace que la vida sea mejor”, aseguró entre risas. “Estábamos en medio de una escena y yo era entrenador y actor a la vez. Tenía pollo en los bolsillos y ahora ya no aguanto ese olor”.

No parece el recuerdo más glamuroso de su carrera, pero incluso una estrella como Brad Pitt puede terminar convertida en un dispensador de pollo si la escena lo exige.

El personaje de Odin fue interpretado por varios perros entrenados para responder a las distintas necesidades del rodaje. Algunos contaban incluso con dobles y camión propio, porque en Hollywood hasta los perros disfrutan de ciertas comodidades.

La conexión con Pitt fue tan estrecha que acabó provocando cierta competencia delante de la cámara. Preguntado sobre si su compañero canino le había robado alguna escena, el actor reconoció la derrota con humor: “A veces sí me superaba”. Y es que resulta difícil competir contra un perro fotogénico que, además, no necesita maquillaje.

Más allá de la aventura y los paisajes extremos, Heart of the Beast habla de los vínculos que nos empujan a continuar cuando todo parece perdido. Belmont y Odin son dos seres heridos que han aprendido a sobrevivir, pero que ahora deben descubrir cómo volver a vivir.

LEA TAMBIÉN: Naomi Watts recibe el cariño de San Sebastián: una trayectoria construida desde el riesgo

“Lo más importante es el vínculo entre los dos. Luchas por otros y no solamente por ti mismo”, explicó Pitt. El actor también relacionó esa idea con sus propias experiencias: “He sido muy abierto acerca de mi lucha personal y eso me ayuda a ser libre”.

Durante el encuentro hubo tiempo para hablar sobre la transformación de la industria. Pitt defendió las oportunidades que las plataformas han abierto para los intérpretes y los proyectos pequeños, aunque reconoció el descenso de público en las salas.

“Las películas pequeñas han podido darse a conocer porque a los grandes estudios no les interesan, y estas películas pueden tener una larga vida”, señaló el actor, quien también ejerce como productor del filme y reivindicó su interés por el cine independiente y arriesgado.

LEA TAMBIÉN: "5 minutos más" convierte el tiempo en una trampa emocional en San Sebastián

Sin embargo, por mucho que la conversación saltara de la guerra al streaming y del trauma a los perros actores, el acontecimiento estaba sentado ante la prensa. Brad Pitt regresaba al Festival de San Sebastián confirmando algo que el cine sabe desde hace décadas: existen buenos actores y existen estrellas capaces de alterar la temperatura de un festival con su sola aparición. Él pertenece, sin discusión, al segundo grupo.

Antes de marcharse, dejó una reflexión que resume el espíritu de la película:

Quizá ahí se encuentre el verdadero corazón de la bestia: no en la fuerza necesaria para sobrevivir a la naturaleza, sino en la capacidad de encontrar un vínculo que nos devuelva a nosotros mismos.

Y en San Sebastián, durante esta jornada, el corazón del festival tuvo un nombre indiscutible: Brad Pitt.