Werner Herzog (Múnich, 1942) recibió el viernes el Premio Donostia a toda su carrera en el Auditorio Kursaal. Al día siguiente, el cineasta alemán nos recibió en el Hotel María Cristina para celebrar un homenaje que culmina su larga relación con el País Vasco, iniciada con el éxito de "Aguirre, la cólera de Dios" en 1972.
Herzog elogia el euskera como "una lengua increíble, la más antigua de Europa" y expresa su admiración por los bertsolaris. "No sé exactamente de qué hablan, pero siento que hay una comunidad de la que formo parte", afirma. Cada año sigue por YouTube sus competiciones, fascinado por ver a miles de personas celebrando la poesía.
El director tampoco había preparado una respuesta al discurso de Orlando Bloom, encargado de entregarle el galardón. Prefirió escucharle e improvisar. Al surgir "Aguirre", recordó que Lope de Aguirre era vasco, rebelde contra la Corona, y que él mismo había atravesado el País Vasco a pie. Eso sí, reivindica otro título para su película: "Me gustaría que fuese “La ira de Dios”, porque es más bíblico".
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Uno de los momentos más emotivos llega al hablar de David Lynch, a quien dedica "Bucking Fastard", la película presentada en San Sebastián. Herzog recuerda que Mel Brooks los presentó mientras Lynch preparaba "El hombre elefante". "Nos miramos y nos dimos un abrazo enorme". Años después, Lynch le invitó a ver "Twin Peaks" en celuloide en su sala privada.
Al terminar "Bucking Fastard", Herzog pensó que Lynch debía ser el primero en verla. Solo entonces recordó que había muerto. "No le deis más vueltas, no tiene tanta profundidad", bromea.
Sobre la inteligencia artificial, considera que amar puede ser una forma de rebelión: "¿Cuánto de nuestros pensamientos, sueños y amor queremos dedicar a Internet?''. Sin embargo, rechaza que la IA pueda sustituir a las personas en el cine: "Todo nace muerto".
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Su nueva película presenta a dos hermanas unidas por una relación extrema. Herzog matiza: "Hay que tener cuidado con la palabra “obsesivo”, porque luego la gente piensa que el obsesivo soy yo". Aunque parte de una experiencia personal, insiste en que la historia es ficticia y explora "el espacio entre la realidad y la ficción".
Para él, las protagonistas representan sobre todo autonomía: "Dos cuerpos, pero una sola alma. ¿Dónde podemos encontrar el amor? ¿Cuál es nuestra identidad? Nadie necesita pedir permiso".
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A sus 83 años, Herzog no contempla detenerse: su próxima película está casi terminada, tiene un nuevo libro preparado y piensa seguir creando.
En la despedida, el cineasta alemán de internacional trayectoria habla del futuro: "Mi próximo film está casi terminado. En tres meses podrás verlo". También tiene terminado su próximo libro y quiere seguir creando.