La misión Artemis II marca un nuevo avance en la exploración espacial, pero más allá del desafío tecnológico, hay un aspecto clave que definirá su éxito: la alimentación de la tripulación durante los diez días que pasarán orbitando la Luna.
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Sin posibilidad de reabastecimiento ni acceso a alimentos frescos, la NASA diseñó un sistema alimentario completamente autónomo para la nave Orión. Todo lo que consumirán los astronautas es no perecedero y ha sido preparado bajo estrictos criterios de seguridad, nutrición y funcionalidad en microgravedad, de acuerdo a un comunicado oficial publicado por la agencia.
En el espacio, incluso comer implica riesgos. Por ello, los alimentos están pensados para evitar residuos flotantes que puedan afectar los equipos. El pan tradicional, por ejemplo, fue reemplazado por tortillas, mientras que las comidas llegan en formatos listos para consumir, rehidratables o termoestabilizados.
El menú incluye una amplia variedad de opciones: desde huevos revueltos, salchichas y macarrones con queso, hasta platos como couscous con nueces, brisket de res o coliflor con calabaza. También hay alternativas dulces como galletas, budines y chocolates, pensadas para mantener el ánimo de la tripulación.
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Las bebidas son igualmente limitadas, pero variadas: café, té, cacao, limonada y smoothies forman parte de la oferta. Cada astronauta puede elegir hasta dos bebidas saborizadas al día. Además, el menú incorpora salsas, miel, mantequilla de maní y especias para dar sabor a las comidas, un detalle clave en un entorno donde el gusto puede verse afectado.
La experiencia de Artemis II no solo pondrá a prueba la nave y a su tripulación, sino también los sistemas que harán posibles futuras misiones más ambiciosas.