El teléfono encriptado sobre la mesa de madera rústica en una vivienda de seguridad en los alrededores de la Penitenciaría del Litoral vibró con una insistencia inusual en la mañana del 22 de febrero de 2026. Un mensaje corto recorría las exclusivas aplicaciones de mensajería blindada: "El Mencho”, el narcotraficante más buscado de México, fue abatido.
En las calles de Guayaquil, Manta y Esmeraldas, al silencio inicial por la sorpresa, le siguió esa calma densa que precede a las tormentas en el mundo del hampa. Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, el líder máximo del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), había muerto en un operativo militar en Tapalpa, México.
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Su muerte sacudía una era que había transformado a Ecuador en el centro logístico más codiciado del Pacífico sur. Para los grupos de delincuencia organizada ecuatorianos que operan bajo la sombra y el financiamiento del CJNG, la noticia no se trata solo de un golpe, sino de una advertencia sobre la vulnerabilidad de sus propias estructuras.
La desaparición física de El Mencho, quien era también conocido como "El Señor de los Gallos" por su afición a las apuestas en las peleas de gallos, ocurre en un momento donde la arquitectura del narcotráfico transnacional ya mostraba grietas de fatiga.
Su muerte deja un escenario incierto para organizaciones como Los Lobos, Los Tiguerones y los Chone Killers. Estas bandas, que durante años operaron bajo el paraguas de “Nueva Generación”, dependían del flujo constante de recursos y armas que llegaban desde México.
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En este nuevo escenario, lo que se anticipa para el territorio ecuatoriano no es una disminución de la actividad criminal, sino una reconfiguración que, según expertos, podría derivar en una fase de violencia aún más impredecible y fragmentada, con disputas internas hasta que se produzca una transición del poder.
Uno de los efectos más inmediatos que se pueden esperar tras la caída de un líder mesiánico y vertical como El Mencho es la fractura de su organización madre en México, lo cual tendría un efecto de eco inmediato en sus socios andinos.
El experto en seguridad y narcotráfico Óscar Balderas, consultado por el canal mexicano “La Octava”, advirtió sobre la peligrosidad de las disputas sucesorias: "Hay una gran posibilidad de que esto genere más violencia porque dirían que no hay peor enemigo que un amigo que te conoce bien y aquí son gente que pertenece al mismo grupo que han estado compartiendo muchas estrategias que conocen sus puntos fuertes y sus puntos débiles".
Esta advertencia se podría aplicar en el contexto ecuatoriano, donde la cohesión de grupos como Los Lobos ha dependido históricamente del arbitraje financiero y técnico proveniente de Jalisco.
Para Ecuador, esta inestabilidad significa que los canales de comunicación y las líneas de suministro podrían volverse erráticos. Los grupos locales podrían verse obligados a tomar partido en una guerra extranjera para asegurar su supervivencia.
La violencia en Los Ríos, Manabí y Guayas, que ya alcanzaron niveles históricos en 2025, corre el riesgo de recrudecerse bajo una lógica de supervivencia. Sin un árbitro internacional que imponga orden en las rutas, las bandas locales podrían entrar en una competencia caníbal por demostrar quién es más eficiente en el envío de los cargamentos.
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Ante la interrogante de si la muerte de El Mencho bajará la cantidad de droga que sale por los puertos ecuatorianos, la respuesta de los expertos, es clara: el narcotráfico es una industria de demanda, no de oferta. Mientras los mercados internacionales sigan demandando sustancias, las rutas ecuatorianas seguirán activas
La organización International Crisis Group destaca la fragilidad de estas estructuras ante cambios bruscos en el liderazgo. En uno de sus informes, la institución recoge el testimonio de un exjefe policial: "Lo peor que puede pasar es que una alianza se rompa o que se cambie de bando".
Se percibe que podría darse un escenario donde los grupos rivales como Los Choneros inicien una ofensiva para recuperar el monopolio de las rutas portuarias que perdieron en los últimos años.
César García Vélez, periodista y analista de la cadena DNews, explica que la captura o muerte de cabecillas no siempre desarticula el negocio, sino que lo multiplica. García sostiene que "cada vez que cortas una cabeza tres más aparecen y es ahí en donde hay que actuar y neutralizar el flujo de droga que está teniendo el país".
Lo que queda en el horizonte es la incertidumbre de una anarquía de bandas locales que han aprendido lo suficiente del modelo mexicano para replicar su terror, pero que ahora carecen de una cabeza que las contenga.
Para el ciudadano común de Nueva Prosperina o Puerto López, la caída de El Mencho no significaría una noche de descanso, sino la sospecha de que los grupos locales lucharán con más fuerza para reclamar una corona que está en disputa no solo en México, sino también en el Ecuador.