Economía

Sector empresarial afirma que propuesta de flexibilidad laboral en Ecuador apunta a dinámicas distintas

Industriales y empresarios dicen que la mayoría de empresas con esquemas tradicionales no se verá afectada: seguirán trabajando de lunes a viernes, ocho horas diarias. ¿En qué sectores sería adecuada la flexibilización?

La propuesta de reorganización de jornadas laborales en Ecuador, con el acuerdo del Ministerio de Trabajo 046, no apunta a transformar el esquema tradicional de trabajo, sino a introducir márgenes de flexibilidad para sectores y realidades específicas. Esa es una coincidencia central del sector industrial y empresarial ecuatoriano.

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Juan Carlos Navarro, presidente de la Federación Nacional de Cámaras de Industrias del Ecuador y del Comité Empresarial Ecuatoriano (CEE), sostiene que la reforma sobre turnos y horarios especiales no está diseñada para el empleo tradicional de oficina, sino para actividades productivas con dinámicas distintas, donde la rigidez actual limita la contratación y la competitividad. Aunque existirán excepciones.

Desde la óptica industrial, Navarro expresa que el esquema laboral vigente responde a otra época. “Estamos bajo un Código Laboral del siglo pasado (1938), totalmente caduco. Los tiempos han cambiado, las economías mundiales han cambiado y nosotros trabajamos bajo un esquema desigual respecto a la base que tiene el mundo”, afirma.

El dirigente menciona que la acumulación de horas o turnos especiales podría ser útil en actividades donde el trabajo no se organiza por jornadas rígidas. “En minería, donde se recorren muchos kilómetros hasta la operación, se necesita trabajo continuo. Si puedo trabajar 7, 8 o 10 días continuos y luego tener días libres, mientras se cumplan las 40 horas semanales, es válido”.

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La lógica se repite en otros sectores. “En construcción ocurre lo mismo. También en turismo, hoteles y restaurantes se mueven sobre todo los fines de semana. Si contrato personal para trabajar cuatro días de 10 horas y tener tres días libres, hay flexibilidad”.

Para Navarro, esto no implica una obligación generalizada, sino un mecanismo para optimizar la operación donde sea necesario.

José Hidalgo, gerente general de Innovum, empresa dedicada al desarrollo de proyectos residenciales, turísticos y comerciales, coincide en que la discusión no debería centrarse en si la flexibilización es buena o mala, sino en a quién le sirve.

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Según explica, los mercados actuales son cada vez más dinámicos, impulsados por tecnología e inteligencia artificial, lo que exige estructuras laborales más adaptables. “Si la flexibilidad, dentro de un entorno de seguridad laboral, permite que las empresas se aproximen mejor a entornos competitivos, es una gran oportunidad”.

Sin embargo, subraya que esto no implica cambios generalizados. “La mayoría de empresas con esquemas tradicionales no se verá afectada: seguirán trabajando de lunes a viernes, ocho horas diarias. Para ellas nada cambiará”. Más bien, dice, la reforma debe entenderse como una herramienta para operaciones particulares o regímenes especiales.

Empleo juvenil, mujeres y nuevas realidades laborales

Uno de los puntos de coincidencia entre ambos empresarios es el potencial impacto en grupos con mayores barreras de acceso al empleo.

Navarro vincula el debate con la baja formalidad laboral. “Al cierre de 2025 solo el 37% de ecuatorianos tiene empleo formal. Cuatro de cada 10. Los otros seis están en informalidad o sin empleo, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). Habría que preguntarles a esos seis si perderían la oportunidad de trabajar con este sistema”, cuestiona.

Hidalgo, por su parte, enfatiza el caso del empleo joven. “Es muy común encontrar personas que están estudiando en la universidad y deben pedir permisos especiales porque la contratación es rígida. Como consecuencia, muchos jóvenes prefieren terminar la universidad antes que trabajar”.

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A su juicio, esquemas flexibles permitirían combinar estudio y empleo, lo que facilitaría la inserción laboral temprana. También menciona a madres de familia que requieren horarios distintos. “Hay muchas realidades y, para atenderlas sin que nadie quede fuera, la única fórmula es la flexibilización”.

Aún sobre papel

Para el sector productivo, la reorganización de jornadas podría traducirse en mayor actividad económica, pero el debate no está exento de riesgos.

Navarro advierte que el alcance de la norma deberá ser revisado por la Corte Constitucional del Ecuador, especialmente por la tensión entre el límite de 40 horas semanales y la jornada diaria.

Hidalgo, en cambio, pone el foco en la percepción pública. Considera que el principal problema ha sido la forma en que se comunicó la reforma. “Los temas laborales son muy sensibles y exigen que el Estado maneje adecuadamente los tiempos y la comunicación. Por cómo empezó a difundirse, no necesariamente fue el camino técnicamente correcto”.

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El ministro de Trabajo, Harold Burbano, expresó que se trató de un borrador que aún no está en vigencia. De hecho en reuniones mantenidas con el sector industrial, se ha socializado que para los horarios especiales o banco de horas ya no se contemplarán hasta 12 horas de trabajo diario, sin el pago de tiempo extra, sino hasta 10 horas, como ocurre en el artículo que detalla los turnos.

Doce horas son muy pesadas, 10 resultan más razonables. En planta, cuando se han trabajado horas extra, normalmente son dos adicionales. Está dentro de un rango que la gente puede soportar mejor”, cree Navarro.

El directivo añade que si se implementa el acuerdo, habrá que darle tiempo. Estima uno o dos años para evaluar el impacto y, si no funciona, buscar otra alternativa. “Pero al menos suma y merece la oportunidad de evaluarse”.

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