Reformas urgentes

martes, 23 noviembre 2021 - 08:53
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    El sistema de partidos políticos en Ecuador es una suerte de Frankenstein, que como aquel monstruo en lugar de consolidar organizaciones ha generado dispersión y el hartazgo ciudadano con los políticos. No obstante, una democracia es inviable sin partidos políticos, pues estos deben cumplir el rol vital de ser intermediarios entre la sociedad y los estados, a ellos les corresponde articular los intereses de sus votantes y de ser ganadores en elecciones, responder ante ellos por los errores y desvíos cometidos. Eso distingue a las democracias de gobiernos autoritarios, donde solo existe la voz de una persona. En contraposición los partidos auténticos son constituidos por muchos hombres, tienen una ideología que comparten sus afiliados y su objetivo es llegar al poder para viabilizar su idea de sociedad.

    La dispersión política que tiene el país y el hartazgo ciudadano tienen solución. En esa solución se enfoca una propuesta de reformas hechas por la Corporación Participación Ciudadana y seis expertos electorales. No requiere de grandes cambios, pero sí de reformas específicas que con sus precisiones conducirán a los grandes cambios. El primero es la definición de partidos y movimientos para que los primeros sean de carácter nacional y los segundos operen en el ámbito provincial. Así, solo los partidos nacionales podrán presentar candidatos a nivel nacional. Luego, estima esta propuesta, hay que obligar a que quienes son parte de los partidos y movimientos sean afiliados y no adherentes. Al ser afiliados deben cumplir con procesos de educación y actividad mucho más allá de las elecciones. Sugieren incluso un impedimento para participar en elecciones a quienes no lo hayan hecho. Terminaremos así, con el mercantilismo de compra de partidos o movimientos.

    Otro aspecto vital en la reforma es la renovación interna en los partidos y movimientos. Ninguna directiva puede durar más de dos períodos, así no habrá líderes poderosos que sean los propietarios de estos y la renovación de cuadros es también un precepto fundamental en democracia. Igualmente, hay que reformar la elección de los diputados provinciales, eliminando los distritos, que son válidos para dignidades locales, pero no nacionales, siendo una de sus consecuencias la absoluta falta de preparación de muchos asambleístas. Por último, hay que hacer efectiva la participación de la mitad de la población en política, promoviendo el aporte y el respeto a las mujeres políticas.

    Las reformas son urgentes. Están en manos de la Asamblea. Ojalá no le den la espalda a esta necesidad para bien de la democracia.

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