Indolencia y vergüenza

jueves, 6 mayo 2021 - 05:58
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    La tasa de desnutrición crónica de los menores ecuatorianos de cinco años es la tercera más alta, después de la de Haití y Venezuela: la medalla de bronce en un campeonato de indolencia y vergüenza. ¿Cómo es posible que un país rico en producción de alimentos, con industrias de exportaciones agrícolas y de acuacultura que se han ubicado en los primeros lugares del mundo por la calidad de sus productos, tenga una población infantil en alto riesgo? ¿Por qué un gobierno que aseguró ser el abanderado de los derechos de las poblaciones más desprotegidas, como fue el de la Revolución Ciudadana, que además tuvo en sus bolsillos los mayores recursos por una bonanza petrolera sin precedentes, no bajó estos índices? Simplemente, porque el país no ha tomado consciencia de lo importante que es para el futuro eliminar la desnutrición infantil.

    Según datos de UNICEF, uno de cada cuatro menores de cinco años sufre desnutrición crónica en nuestro país. En el caso de las poblaciones indígenas es uno de cada dos menores y además cuatro de cada diez presenta anemia. La desnutrición condiciona el desarrollo físico e intelectual de un menor y deja huellas para toda la vida. Hay una ventana de oportunidad para el desarrollo humano: ocurre en los mil primeros días de vida. Esto es desde la gestación en el vientre hasta que se cumplan los dos años. Si hay desnutrición, por más que en los años venideros se busque compensar el daño, este es irreversible. Para que Ecuador se desarrolle, antes que la educación pública, la salud preventiva y demás prestaciones sociales, el país necesita enfocarse en la desnutrición infantil.

    Desde 2010, con el auspicio de la Organización Mundial de la Salud se creó el movimiento SUN (Scale Up Nutrition) que es una plataforma que combina los esfuerzos de los gobiernos, de la sociedad civil, los donantes, las empresas y los investigadores para luchar contra la desnutrición. Once años mástar de, Ecuador acaba de firmar un acuer do con Naciones Unidas para incorporarse a SUN. Es un esfuerzo de la vicepresidenta María Alejandra Muñoz, que en su corto paso por la administración pública, ha apuntado al corazón del futuro y que debería convertirse también en prioridad para el gobierno del presidente electo Guillermo Lasso.

    Paradójicamente, SUN tuvo entre sus promotores a Andrés Mejía, un ecuatoriano, experto en desarrollo económico, que dicta clases en el King College de Londres y que asesoró la década pasada al Perú, que logró avances considerables en el combate a la desnutrición. “No se necesitan grandes montos económicos para este esfuerzo, sino coordinación y decisión”, manifestó en una conversación a Vistazo.

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