El reino del revés

viernes, 29 marzo 2019 - 02:01
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    Desconocer cómo funciona una economía de  mercado es el origen de la multiplicación de  abundantes mitos. En la última década, la  repetición incesante de estos mitos nos ha llevado a  confundir entre las causas y los efectos de las políticas  económicas. Analicemos algunos de estos cuentos.
     
    MITO: Se piensa que para mejorar el nivel de  vida de la población solo se requiere de políticos valientes que eleven los salarios mínimos. Bajo esta lógica, para crear una “sociedad de bienestar” bastaría  con decretar un salario mínimo de mil dólares/mes.
     
    REALIDAD: salarios más elevados no son la causa  del progreso económico, sino su consecuencia. Solo  mejorando la capacidad de generar riqueza en la  economía, aumenta la productividad del trabajo (lo  que produce cada trabajador) y, consecuentemente,  se elevan los salarios.
     
    MITO: debido a que los países con elevados impuestos tienden a ser más desarrollados, debemos  elevar la carga impositiva para transformarnos en  Suecia.
     
    REALIDAD: los impuestos retiran recursos  de la sociedad que podrían ser usados para la inversión, y los destinan a gasto público improductivo.  Solo elevando el desarrollo productivo, se pueden  elevar los impuestos sin destruir significativamente  el potencial de crecimiento económico.
     
    MITO: para desarrollar la economía lo único que  nos falta es tener ciudadanos con mayor preparación  académica. Esta visión justificó el programa oficial de  becas para estudios superiores aplicado en la última  década.
     
    REALIDAD: contar con gente con elevado  nivel educativo, es importante, pero no suficiente  para garantizar la prosperidad económica (ejemplo:  Cuba). Mientras la capacidad de generación de riqueza del país siga siendo reducida, el aumento del número de ciudadanos con educación superior solo produce descontento: PhDs con pocas oportunidades de  empleo, con bajos salarios o migrando al extranjero.
     
    Aterricemos con un ejemplo en nuestra sociedad. Pensemos que la provincia de Sucumbíos (la  más pobre del Ecuador) decide independizarse. De  la mano de un líder “fuerte y valiente” empieza un  amplio programa de reformas: eleva el salario básico  a mil dólares/mes, sube el impuesto a la renta al 75  por ciento y destina gran parte de los recursos fiscales a un ambicioso programa de becas. ¿Alcanzará  Sucumbíos el nivel de vida de los países nórdicos?  Claramente no. Los resultados de este programa  económico serán: más pobreza y desempleo. Los  salarios serán demasiado elevados en relación a la  productividad del trabajo. Habrá menos recursos  para la inversión productiva, porque estos serán  extraídos por el gobierno vía impuestos excesivos.  Existirá una abundancia de PhDs decepcionados,  porque no conseguirán oportunidades de empleo  acordes a su nivel de estudios.
     
    ¿Cuál es la alternativa? Para elevar el nivel de  vida, debemos acelerar el ritmo de acumulación de  capital (máquinas y equipos), que son la base para  aumentar la producción, el empleo y los salarios.
     
    Para lograrlo se requieren políticas amigables a  la inversión, que impulsen competitividad y que  garanticen los derechos de propiedad. Debemos  entender que las “conquistas laborales y sociales”  solo se producen como resultado de las “conquistas  económicas”. ¡Nunca a la inversa!

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