Alfonso Ponce, el artista que sigue fiel a su raíz y a un oficio que aprendió de sus abuelos

Este ceramista nos narra el camino que lo llevo a descubrir un legado, una forma de crear, y de enseñar, transformando una marca guayaquileña que, sin miedo, grita: soy ‘Del Guasmo’.

Para Alfonso Ponce todo empezó en 1986, en una pequeña habitación de la casa familiar, con un hornito y cuatro moldes. Aunque él aún no había nacido, sus abuelos maternos iniciaron entonces lo que actualmente es mucho más que una marca. Artesano de corazón, Alfonso —hoy el rostro de Del Guasmo— nos cuenta cómo ese legado y un oficio fue marcando su camino.

Fue su abuela Bella Iglesias quien dio el primer paso. Aunque el proyecto no tenía nombre en un inicio, pronto la gente lo bautizó como el ‘Taller de Bella’, al que luego se sumó su abuelo Juan Reyes. Ese espacio se convirtió en el lugar de juegos de Alfonso y de sus primas: su primer contacto con el barro, los moldes y ese horno que, a veces, parecía cobrar vida.

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Aprendizaje de un oficio y migración

La visión de Alfonso es el resultado de un cúmulo de aprendizajes. Su madre le dio sus primeras clases de cerámica a los 4 años. Tiempo después, ella migró a España, como tantos ecuatorianos tras el feriado bancario, en busca de sustento para su familia. Desde entonces, Alfonso pasó a vivir prácticamente las 24 horas con sus abuelos, quienes le dejaron, a él y a sus primos, un mensaje determinante: “Ustedes tienen que ser mejores que nosotros, no pueden quedarse haciendo cerámica”.

Por esa razón, este joven guayaquileño vio la cerámica, en un inicio, como un hobby. Se fue a estudiar Derecho y Administración de Empresas, con una beca, en la Universidad de Navarra, en España. Durante esa etapa trabajó como guía del museo universitario, atendiendo visitas VIP, en inglés y portugués. Su interés por absorber conocimiento lo llevó a cuestionar sus estudios, pues su amor por el arte era intrínseco.

Fruto de ese proceso de autoconocimiento, emprendió junto a su amiga Laura Venzal el proyecto ‘Barabaiki’, una empresa social que comercializaba arte africano de Tanzania en Europa y destinaba sus fondos a becas educativas para niñas de las aldeas de origen de los artistas.

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$!El artista Alfonso Ponce realizando un diseño de cerámica.

Alfonso Ponce volvió al hogar para redescubrir su legado

Ese camino le permitió aprender sobre arte, marketing, imagen, curaduría, estética y cuidado del lenguaje, además de acercarse al mercado del lujo. Participó en `Les Journées Particulières`, jornadas organizadas por LVMH (Louis Vuitton Moët Hennessy), el conglomerado de lujo más grande del mundo, que abre sus talleres al público de manera gratuita.

Fue en París, en una casa de zapatos a medida llamada `Berluti`, donde, al ver la disposición del taller, las hormas, los delantales, las herramientas, se sintió transportado a lo que había dejado en su hogar.

¡Yo tengo esto en casa! No hacemos zapatos, hacemos cerámica, pero tengo hornos, moldes, herramientas, tornos... tengo todo. ¿Qué estoy haciendo acá? ¿Por qué estoy en París, en España, estudiando Derecho, si tengo una empresa de lujo en mi casa?”

En ese momento decidió que debía volver. Aunque no quería regresar sin un título, entendió que valía la pena, pues además del proyecto, necesitaba reencontrarse con su padre, su hermano y su familia.

En 2017 regresó al taller de su abuelo e inició una etapa de autodescubrimiento, compartiendo los últimos años con ese hombre que lo afianzó definitivamente en el oficio. Fue allí donde escuchó por primera vez del Centro Interamericano de Artesanías y Artes Populares (CIDAP), así como de asociaciones de artesanos y ceramistas.

Para entonces ya había decidido que el nombre sería Del Guasmo. Aunque muchos le advirtieron que no era una elección ‘adecuada’ por la percepción cultural y social del sector, para Alfonso esa era su raíz, y decidió abrazarla sin miedo a los prejuicios.

Tras la muerte de su abuelo durante la pandemia y la paralización de sus planes iniciales, creó junto a su primo Jean Pierre ‘El taller de los abuelos’, un espacio de formación del oficio en el Guasmo. Sin embargo, la inseguridad y los cortes de luz los llevaron, en 2024, a cerrar la sede sur y mantenerla únicamente como espacio de horno. Desde entonces comenzaron a trabajar mediante alianzas con otros locales, hasta abrir su taller de enseñanza en la zona céntrica de la ciudad, en la calle Panamá.

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$!El taller de Del Guasmo que dirige Alfonso Ponce también ofrece experiencias de enseñanza al público.

Creación y arte en cerámica

En 2021, Alfonso se dio cuenta de que no quería solo enseñar, producir piezas en serie o realizar bizcochos cerámicos —figuras de cerámica utilizadas para manualidades—, sino crear artesanías, investigar técnicas ancestrales y mostrar la cultura local. Fue entonces cuando inició sus primeras experimentaciones.

La verdadera oportunidad llegó en la tienda del Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC). Allí, la artista visual Gisella de Chávez notó su interés por distintos trabajos, conversaron y Alfonso mostró sus creaciones. Por primera vez, tras meses de búsqueda, sintió que su arte era valorado: le abrieron las puertas para desarrollar una colección inspirada en las culturas precolombinas.

También tuvo un primer encuentro con quien era la directora del museo en ese momento, la artista plástica Mariela García Caputi, a quien le regaló unas pequeñas piezas tipo dije que llevaba en el bolsillo, con forma de peces prehispánicos. “Esto tiene que quedarse, nadie hace esto aquí”, le dijo ella. Así nació su primera colección, Hecho en el sur, que tuvo gran acogida y le dio visibilidad.

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Piezas hechas en cerámica que cuentan una historia

Hasta hoy ha realizado cinco colecciones, en las que continúa explorando técnicas y formas. Sus piezas incluso han llegado al extranjero. Alfonso asegura: “Como artista puedes quedarte solo en la venta de un producto, pero también puedes enseñar, y eso es mucho más valioso, porque le das una trascendencia mayor al objeto”.

Este artesano enfatiza que la cerámica no es efímera, pues puede perdurar miles de años, y concluye:

Las piezas de cerámica, al igual que una joya o un tejido hecho a mano, a pulso y con tiempo humano, cuentan historias”.