María Teresa Guerrero hoy camina y corre distinto. No más rápido, no más fuerte. Distinto. Su paso ya no responde a cronómetros ni a metas extremas, sino a una conciencia nueva, más amable, más atenta. En esta etapa de su vida, la mujer conocida durante décadas como ‘La Flaca’ eligió algo que antes parecía secundario, el ahora.
El presente dejó de ser una antesala del futuro para convertirse en un lugar suficiente para ser feliz y agradecer. Caminar a la orilla del mar, preparar el desayuno junto a su pareja, detenerse a mirar un atardecer. Acciones simples que hoy tienen un peso distinto. 'Antes el atardecer era solo parte de la vida. Hoy lo disfruto. Agradezco poder tocarme, bañarme sola, caminar... todo eso antes lo daba por sentado'.
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No habla desde la nostalgia ni desde la queja. Habla desde la certeza de quien entendió que el cuerpo no es una máquina que se debe exigir sin límites, sino un territorio para escucharse y acompañarse. 'Hoy hago deporte por salud y no por ego. Estoy entrenando con pesas y corro tres veces por semana... pero no a las velocidades de antes. Ahora cuido mi cuerpo porque lo amo, no porque tenga que demostrar nada'.
Multifacética y muy exigente
Durante muchos años, María Teresa Guerrero fue sinónimo de disciplina extrema, de superación física y de exigencia con su propio cuerpo. '...Vivía en una constante competencia en la que mi cuerpo nunca descansaba y yo creo que se me pasó la mano. Tenía el cortisol extremadamente elevado. Entonces, tras el divorcio, vivir en Boulder, Colorado, competir todo el tiempo. Sentía como que nunca descansaba'.
Los ecuatorianos la conocimos como actriz, presentadora, modelo y atleta de alto rendimiento, su nombre estuvo ligado a la televisión ecuatoriana desde los años noventa, cuando ingresó al mundo del entretenimiento tras participar en certámenes de belleza y dar sus primeros pasos en la serie ‘Sin límites’. Luego vendrían espacios como ‘Sótano Deportivo’, ‘Televistazo’ y ‘En Contacto’, además de una faceta que la convirtió en referente de resistencia física, los Ironman, triatlones y retos deportivos que pocos se atreven a enfrentar. Su cuerpo era su herramienta, su orgullo y su lenguaje. Hasta que un diagnóstico inesperado lo cambió todo.
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Nuevas rutinas con propósito
'Sigo en tratamiento de mantenimiento... cada tres semanas me conectan inmunoterapia, y las pastillas también tienen efectos secundarios', me cuenta María Teresa, sin dramatismo, sólo con la serenidad de quien aprendió a convivir con el proceso.
La quimioterapia, el tratamiento de mantenimiento y la posibilidad de recurrencia no son capítulos cerrados, son parte de su presente. Pero hoy la lucha es distinta. Ya no pelea contra su cuerpo ni contra la vida. Camina a favor de ella.
Sus días ya no comienzan con la urgencia del rendimiento. En su nueva vida en Starbase, al sur de Texas, donde se mudó por el trabajo de su novio, hay gimnasio, sí. Hay trabajo con marcas, sí. Pero también hay pausas obligadas por el cansancio que le provoca el medicamento que toma a diario a modo de mantenimiento tras haber finalizado sus ciclos de quimioterapia. 'En las mañanas me levanto, hago el desayuno con mi pareja, con Graham, y de ahí me voy al gimnasio. Regreso a trabajar en reuniones con marcas. Estoy con mi perro. Tengo una vida muy normal, muy tranquila. Pero ahora descanso, descanso mucho'.
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Antes entrenaba para romper límites. Hoy entrena para sostenerse. La diferencia no es menor. 'Soy disciplinada, claro... pero ahora con conciencia. La misma disciplina del deporte la usé para cuidar mi salud. Me dije: ‘Esto no me va a vencer’. No soy quien decide si vivo o muero, pero voy a hacer todo lo posible para vivir'.
Sus hábitos de deportista no desaparecieron, se transformaron. Ya no es sobre resistencia en la pista, es sobre la constancia con sentido. Un compromiso diario con el cuerpo que hoy pide cuidado y no exigencias. 'Sigo siendo una mujer disciplinada, eso no ha cambiado. Siento que el deporte ha sido parte de mi sanación...Me volví disciplinada con lo que comía, con mis horas de dormir. Así como lo hacía en el deporte, ahora lo voy a hacer con mi salud, fue lo que me dije'.
El amor como lugar de sanación
Cuando nadie la mide por medallas ni campañas, María Teresa se define con palabras nuevas: 'Soy una mujer más valiente, consciente y agradecida'. Reflexiona sobre lo poco que conocía de su capacidad para enfrentar situaciones hasta el año pasado. 'Yo creo que nadie se da cuenta lo valiente que es hasta que está frente a algo como una enfermedad, como el cáncer. Y me admiro. Me aplaudo todos los días por haber cruzado la ola. Esa ola gigante que nadie la puede cruzar por ti, más que tú mismo'.
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Esa valentía, insiste, no se construye en soledad. Me habla mucho de familiares que se organizaron para cuidarla durante semanas de hospitalización, amigos que manejaron hasta ocho horas para acompañarla mientras recibía sus tratamientos, de una pareja que la acompañó desde la empatía y mientras seguía trabajando, pues 'alguien tenía que pagar las cuentas', y de un psicólogo que la sostuvo emocionalmente a través de la pantalla. Una red. Una manada.
'La ayuda es importantísima. Yo no hubiera podido sola. La soledad te enferma. La soledad te mata'. Hoy su fortaleza no está en la autosuficiencia, sino en reconocer la necesidad del otro. 'Me gusta más la flaca de ahora que la flaca de hace dos años... Trato de estar más presente y consciente para la gente y para mis amigas... Al final del día, cuando seamos viejas, lo que vamos a tener solo son las relaciones que hayamos sembrado y mantenido para después'.
Sueños sin promesas lejanas
María Teresa no hace planes a cinco años. No por miedo, sino por priorizar el presente. 'Disfruto el día a día. Cuido mi seguro médico, mi familia, mi paz. Si algo he aprendido es que no sabemos lo que va a pasar mañana'. Tiene sueños, claro. 'Me gustaría vivir más. Me gustaría conocer el mundo entero. Hay muchos lugares a los que quisiera ir. También me gustaría seguir usando mis plataformas para motivar a muchas personas de una forma real'. Sueños, pero todos colocados en el ahora, no en un futuro idealizado.
Desde la exposición pública, rechaza la narrativa de perfección. 'Quiero mostrarme real... porque esa chica perfecta que no le pasa nada no existe. Yo sigo trabajando, sigo entrenando, sigo motivando... pero lo hago desde la realidad, desde lo honesto'. Y la honestidad muchas veces implica aceptar el cansancio, la pérdida del cabello, los días en los que hay que parar. Elegir la paz sobre la exigencia. Dormir temprano. Decir no.
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Su rol de comunicadora dio un giro inesperado también, pues desde que fue diagnosticada con cáncer de ovario en etapa avanzada, ‘La Flaca’ Guerrero convirtió sus redes sociales en un punto de encuentro con miles de personas que hoy son inspiradas y desafiadas por ella. Entre esos seguidores se encuentra su oncólogo en Ecuador, el Dr. Roberto Escala. 'Cuando me dijo lo que yo tenía, en ese momento lo primero que se me vino a la mente fue ‘yo me voy a morir’'.
'Me acuerdo que él me sentó, solo le faltó cachetearme y me dijo, ‘...Quiero que uses esas plataformas para motivar a otras personas, para decirles que sí hay esperanza, que sí se puede...Tú vas a llenar estadios, María Teresa’. Y hace poco dije, ‘Dios mío, estoy en el Centro de Convenciones de Guayaquil con 4.000 personas abriéndole la conferencia a Daniel Habif’. Y lo primero que recordé fue a mi doctor mientras yo lloraba en el piso diciéndome, ‘Tú y yo en un año nos vamos a estar riendo de esto, pero tienes que creerle a la ciencia, a tus doctores y a Dios, de que te vas a sanar’'.
“Amen más”
A las mujeres que sienten la presión de mostrarse siempre fuertes, María Teresa les dice, con convicción: 'No tienen que ser fuertes todo el tiempo. Está bien llorar, está bien pedir ayuda y necesitar un abrazo. No vamos a vivir para siempre, pero mientras estemos vivas debemos vivir con amor y compasión'.
Y cuando le pregunto por el nombre que le pondría a este capítulo de su vida, piensa durante algunos segundos y luego entre sonrisas suelta palabras como valentía, resiliencia, agradecimiento profundo. 'Yo trato de seguir... esto no termina aquí. Uno tiene que reinventarse, aprender a amarse, a verse con compasión, porque ya no somos las mismas personas de antes'.
Para esta portada que estás leyendo, su deseo es claro. No quiere que la vean como un personaje inalcanzable, sino como alguien que sigue aquí, viva, con imperfecta perfección. Quiere que su historia sea un recordatorio poderoso de que hay esperanza, hay camino, hay amaneceres que valen la pena aún después de largos atardeceres de lucha.