Tras casi tres décadas de funcionamiento en Guayllabamba, la institución transforma su modelo de gestión bajo un eje conceptual de interdependencia cultural y conservación.
El espacio, que nació como refugio para animales tras el terremoto de 2016, hoy resguarda más de 129 hectáreas de bosque seco tropical y cientos de animales rescatados.
Voluntarios trabajan sin descanso para rescatar y encontrar hogares temporales a cientos de animales afectados por las inundaciones en Valencia, España.